Archive for the ‘México’ Category

h1

La última frontera

10 septiembre 2012

Zaragoza, Aragón, España

La constancia nunca fue una de mis virtudes, pero sí la tozudez. Recién llegado de una nueva escapada europea que me permite aterrizar en España de una manera más suave, voy a intentar publicar las últimas entregas de un Viaje que bien merece un respeto y un cariño.

De P’al sur

El último clic del ratón sobre la casilla “aceptar” había cambiado toda mi percepción y mi filosofía de viaje. Hasta ese momento no me había querido percatar de que acababa de hacerme enemigo del calendario, desde entonces una fecha resonaba en mi cabeza como un mantra: 18 de julio, y aunque hacía logrados esfuerzos por ignorarlo, siempre hallaba la manera de atacarme en los momentos más vulnerables… No, no es cierto, tú fiel seguidor del blog ya sabes que a veces me gustan los melodramatismos… si de algo estaba seguro en el momento de comprarme el vuelo es que nada era seguro, ese billete de vuelta acababa de convertirse en una posibilidad real, una opción de salida, que llegado el momento podría elegir entre tomarla o rechazarla, y confiaba en que conforme la fecha se acercara sabría identificar qué era lo que realmente quería.

De P’al sur

En ese tiempo me sentía abundante en muchas cosas, pero no en dinero precisamente, y aunque el precio de ese vuelo Cancún-Madrid sólo era de 110 euros tampoco quería malgastarlos, creo que de una manera inconsciente estaba seguro de lo que hacía, y el hecho de haberlo comprado ya indicaba unas ganas de cambio. Las razones eran muchas y variadas, y las resumiré como algo en mí que me decía que ya estaba satisfecho con los difusos objetivos que pobremente me había marcado al inicio del viaje, también que a lo largo de éste había aprendido mucho y había adquirido varias y buenas rutinas, algunas iniciativas interesantes también, y que necesitaba un lugar estable donde poder llevarlas a la práctica.

De P’al sur

El truco para consumar el regreso consistía en mantenerme alejado de un mapa del continente americano, porque sabía perfectamente que ese contorno de curvas y rectas y valles y ríos y montes y pueblos y aventura e incertidumbre me excitaría como el primer día, y mientras quedara tierra por delante seguiría caminando sin plantearme el regreso, salvo quizás, que siguiendo las caprichosas formas de los continentes un día me volvieran a traer a la tierra en que nací.

De P’al sur

El caso es que quería intentarlo, y cuando por fin quise tomar el asunto en serio, me di cuenta de que me separaban de mi aeropuerto 9 días, más de 2.000 km por carreteras mexicanas que quería recorrer íntegramente en autostop y varios proyectos por hacer… ¿de verdad quería tomar ese vuelo? Dicen que en estos casos, una vez se da el primer paso ya se ha conseguido media empresa, y una mañana de lunes conseguí sacar el pie de Tepoztlan, un pueblo maravilloso que tan bien me había tratado, dirección sureste, atravesando pequeñas y milenarias rutas por los estados de Morelos, Puebla y Oaxaca.

De P’al sur

Este último no quería perdérmelo, ahí no daría concesiones, su capital, Oaxaca de Juárez, es una ciudad con fondo de tradición y forma colonial, decorada con artesanías de todo tipo y aliñada con una de las gastronomías más exóticas y deliciosas que hasta entonces había probado, donde curiosos turistas de todo el mundo se camuflan entre estudiantes nacionales, la cultura rezuma por entre los adoquines del pavimento, la rebelión se esconde tras las esquinas, huele a mole y a frutas, a chocolate y a tlayudas… huele a antigüedad.

De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur

Aunque cada familia tiene su propia vida económica, todas en conjunto participan en el “tequio”, trabajos colectivos destinados al beneficio de la comunidad. Este trabajo comunal, gratuito y obligatorio asegura los lazos de cooperación comunitaria […]

De P’al sur

Perdón por el flashazo, estaba oscuro…

LLegar al salón de clases era un verdadero martirio. Los golpes del profesor caían inclementes sobre aquel chamaco que se atrevía a pronunciar palabras en mixteco…

De P’al sur
De P’al sur

Me habría quedado en el estado durante más tiempo, me habría quedado a vivir, puede que lo haga un día, me pareció que la ciudad me invitó a ello. Pero no ese día, para ese entonces ya tenía otros planes y al tercer día huí, discretamente de noche, compinchado con un intempestivo atole con tamales que me dio fuerzas para empezar camino; se supone que lo iba a hacer todo en autostop, pero como se me había metido en mi cabeza aragonesa que quería cruzar la Sierra Madre hasta el estado atlántico de Veracruz, decidí tomar un bus que me sacara de la ciudad y me avanzara parte del camino; el destino tiene un humor fino, porque con las primeras cuestas el autobús se descompuso y el autostop fue comunitario atravesando en grupo los valles donde nació y vivió el admirado Benito Juárez.

De P’al sur

Fue una jornada larga, pesada e inolvidable, decenas de coches me llevaron de pueblo en pueblo atravesando la montaña; y en escasas horas pasé de un reconfortante café a tres mil metros de altura a un pozol fresquito para combatir el calor pegajoso de los trópicos veracruzanos. A mí paso por Tuxtepec me topé frente a frente con “La Bestia”, ahí estaba vieja y sucia, estacionada en una olvidada estación, inofensiva y mansa… me estremecí y la imaginé en plena actividad (para saber más sobre los abusos y extorsiones a indocumentados a bordo de este famoso tren de carga, recomiendo leer esta reciente entrevista a Alejandro Solalinde o el reportaje de Jon Sistiaga).

De P’al sur

LLegué a Villahermosa, estado de Tabasco, pasada la medianoche, habiendo pasado un huracán que derribó palmeras sobre la carretera y pasando las últimas horas a ritmo del traqueteo de la vieja camioneta de Toño e Itzel, vendedores ambulantes que querían llegar a tiempo para montar su puestito de ropa usada antes del amanecer, curiosas y encantadoras personas con los que compartimos historias, tacos, risas y mucho más de lo que daría de sí un viaje ordinario por la costa tabasqueña.

De P’al sur

La siguiente etapa era hasta Mérida, en Yucatán, allí me esperaban Tábata, Gibrán y Germán, pero de nuevo no llegaría hasta la medianoche. Fue otra jornada larga, marcada por el fuerte calor y las largas esperas a pleno sol a los costados de la ruta, atravesé toda la zona extractora de petróleo, área de violación oceánica y principal fuente de riqueza nacional en uno de los estados más deprimidos del país. El sol apretaba sin piedad, el área industrial de Ciudad del Carmen era interminable, y como suele pasar habitualmente en las situaciones despesperantes, un milagroso autobús de pasajeros que pese a sus pintas y su edad, milagrosamente seguía siendo capaz de rodar, me invitó a subir a bordo, “aventón de autobús, esta todavía no me había pasado” me dormí pensando mientras mis huesos seguían dando botes y más botes… -¿Es suya una mochila grande roja? me despertó ya de noche un adolescente disfrazado de militar, -¿eh? uhhhhh, sí, le contesté, todavía dormido. A partir de ahí comenzó el festival: pasaporte, de dónde viene, a dónde va, quién es, a qué dedica el tiempo libre… me pidió que le acompañara, y al bajar del autobús descubrí que cuatro armas me estaban encañonando, que mi mochila había sido vacíada completamente, y que otros dos lelos estaban inspeccionando minuciosamente mi bolsita donde cargaba el mate… no me lo podía creer, y lo más gracioso es que no estaban de joda, que la cosa iba en serio. Para hacer corta la historia, os contaré que primero tuve que reconocerme públicamente y bajo amenaza como consumidor de yerba mate, después sacar toda la parafernalia y dar unas lecciones magistrales sobre en qué consistía este infortunado habito, luego jurar y perjurar que existían lejanas tierras donde eso era legal y popular, y que hasta en el mero México podía conseguirse de importación (sólo Taragüy, desgraciadamente, para quitarme el mono), y que si tenían pensado retenerme ahí por mucho más tiempo, ya puestos, calentamos agua, hacemos corro y nos cebamos unos matesitos… “otro dia será, señor, hoy estamos de servicio, puede continuar su camino”, probablemente el sugerente aroma no les terminó de convencer…

De P’al sur
De P’al sur

“Y por fin llegué a Mérida tras dos días completos de viaje, desde que ayer salí de Oaxaca. Los diferentes estados de la República se escurren bajo mis pies: Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán… y cada vez que cruzo uno de ellos siento que me voy acercando más y más a mi objetivo, y también que en cada uno de ellos voy perdiendo algo… algo a lo que todavía no puedo ponerle nombre: ¿libertad?, ¿juventud?, ¿nomadismo? Es la 1 de la madrugada del día 14 de julio, me quedan cuatro días de lo que todo esto fue, miro hacia atrás en lugar de hacia adelante cada vez más a menudo, y las imágenes se superponen vertiginosamente.
Ahora espero a Tábata en una de las pocas taquerías que aún quedan abiertas, varios jóvenes de mi edad charlan animadamente en una de las lenguas mayas, de la calle llega la música de banda y las prostitutas ya ocuparon sus puestos por toda la avenida. Mérida está muy viva a estas alturas de la noche. Algún tipo de energía ha emanado siempre esta ciudad hacia mí que, sin saber nada de ella me lleva atrayendo muchos años; apenas tendré tiempo para conocerla esta vez, como ya ocurrió con el resto de lugares recorridos a la carrera, pero espero disfrutar de los dos días que aquí pasaré como si fueran los últimos” -escribí en mi cuaderno al llegar por fin a la capital yucateca.

De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur

¿Qué decir de la hospitalidad de mis amigos anfitriones? espectacular, eran conocidos de un amigo y me trataron como a su hermano: buenas charlas, visitas a la familia, excursiones a ruinas mayas, degustación gastronómica… pero yo había llegado a Yucatán dispuesto a concederme un viejo capricho desde que años atrás leyera el post del gran bloguero Ignacio Izquierdo…

Vámonos de excursión al inframundo… ¿quién se apunta?
Podría ponerme a explicar qué es eso de los cenotes, pero comparando las descripciones con el bueno de Ignacio, no le llegaría ni a la altura de las aletas, así que con su permiso -tácito- copiaré aquí unas palabras que él publicó, aunque lo que os recomiendo es que toméis 5 minutos para leer su entrada aquí):


” […]No busquen ríos en la península de Yucatán. No existen. Ya se lo podrían haber explicado al bueno de Mel Gibson cuando se marcó uno con su cascada y todo en su Apocalypto (que la película mola y todo, pero luego vamos nosotros y nos quejamos cuando el amigo Tom Cruise nos mezcla las Fallas con Semana Santa o pone los San Fermines en Sevilla). Nada. No hay. Bueno, miento un poquito. No hay en su superficie. Todo se debe al tipo de roca de la que está hecha toda la península, que no es otra que caliza. Esto que seguro que se lo puede explicar mucho mejor un geólogo hace que el agua se filtre. Ya puedes echar cubos y cubos de agua, regarlo y darle con la manguera. El agua desaparecerá bajo tus pies. Sin embargo, Yucatán está llena de vegetación. ¿De que se alimenta? ¿Donde está el agua? Salvando algún que otro cenagal y lago con el agua estanca la respuesta es obvia. Si no está arriba estará abajo. Elemental, querido Watson. Toda la península de Yucatán es un enorme queso Gruyer, en cuyos subsuelos circulan todo un complejísimo sistema de ríos subterráneos. Tanto que el más largo del mundo, el Sac Actún, con más de 150 kilómetros de longitud se encuentra allí. O lo mismo hay alguno más largo, que a día de hoy se sigue investigando esta red de agua a muchos niveles. La roca caliza, no es de los materiales más resistentes del mundo. Poco a poco se va erosionando creando cavernas y cavidades bajo tierra. Y algunas de esas cavidades llegan a ser tan débiles que se acaban derrumbando sobre si mismas creando un acceso al mundo subterráneo. He aquí un cenote. Y sí, como muchos estaréis pensando, he pasado cuatro párrafos para llegar a la conclusión de que es un agujero en el suelo. Cómo siempre y con lo que me gusta a mi enrollarme, vamos a retroceder muchos muchos años. Así a voz de pronto milenio más, milenio menos, unos 65 millones de años. Por aquel entonces la tierra estaba dominada por dinosaurios, os podéis imaginar la fiesta que tenían montada. Entonces llegó, sin ser invitado, un asteroide de 10 kilómetros de diámetro que impactó en algún punto del Caribe. Justamente en el mar al Norte de la península de Yucatán. La que se montó allí fue buena. Megatsunamis acompañados de una nube de polvo, cenizas y vapor. Trozos de tierra que salían disparados por los cielos para reentrar en la atmósfera como cuerpos incandescentes quemando gran parte de la superficie en forma de incendios globales. A esto le añadimos terremotos y erupciones volcánicas, que acabó con la tierra cubierta de polvo y partículas durante unos diez años. Toda la vida en la tierra tendría que redifinirse. Bye bye amigos dinosaurios. Fue bonito mientras duró. Este pepinazo que hizo temblar el suelo, acabo por romper en muchas muchísimas partes el suelo calizo. Haciendo que la península del Yucatán quedara como un colador. Había aparecido una de las zonas del mundo más ricas en cenotes. Y aunque aparecen y desaparecen, ahora mismo se calcula que debe haber entre siete y ocho mil cenotes por esta zona. Una zona llena de selva y llena de agujeros, os podréis imaginar la de cenotes que se han descubierto por accidente o buscando a algún desaparecido, pero sea como fuera, ese complejo sistema subterraneo de agua filtrada tiene una característica especial. Claridad. Dispuesta a ser nadada… y buceada. La pecera más pura que puedas imaginarte. Para que os hagáis una idea, en una zona de muy buena claridad en mar se tiene una visibilidad de unos 40 metros (yo nunca lo he visto, mi máxico está por 30-35 metros). Los cenotes tienen 200. [.. ]”

Y vi cenotes, de todo tipo, vaya que si los vi: cenotes azules, verdes, negros, cenotes pegados a ruinas mayas, en plena naturaleza, en plena ciudad, cenotes con saltos vertiginosos para entrar, con escaleras aún más vertiginosas para salir, fríos, calientes, templados, solitarios, superpoblados, con iguanas, peces, cocodrilos; y ahí vino mi regalo de despedida, no sólo los vi, sino que también los buceé, me metí en sus entrañas, penetré sus capas de agua dulce y salada, sus cambios de temperatura, de visibilidad, el psicotrópico mundo de Tim Burton se abría ante mí: tétricas formas, sombras y colores explorados con la ayuda de una botella de oxígeno, vistos a través de una máscara y alumbrado con una linterna… al cabo de varios días pude reconocer que satisfice mi curiosidad cenotil, y más me valía, porque ya no había tiempo para más.

(Fotos dedicadas para Pip, que me pidió hace cosa de dos meses… )

De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
Cualquier parecido con una cara de miedo, es pura coincidencia

 

De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur
De P’al sur

Un día antes de mi partida, llegué al Caribe, punto y aparte de un Viaje fascinante, que a partir de este día reviviré una y otra vez en el recuerdo, imágenes, sonidos, sentimientos aleatorios, parásitos, que invadirán mi realidad una y otra vez, mientras voy preparando nuevas aventuras que narrar en este blog.

De P’al sur
De P’al sur

Última puesta de sol en tierras mexicanas, el sol se pone sobre el mar Caribe junto a las ruinas mayas de Tulum, me despido de él practicando yoga sobre la playa, el cielo se tiñe de un rosa intenso, después violeta, después azul, y poco a poco todo se va apagando… mi mente no, es un hervidero de palabras, imágenes y sentimientos; siempre había tenido curiosidad de saber como sería el último día de este Viaje, pues bien, ese día era allí, era así.

De P’al sur

A la mañana siguiente fuimos hacia el aeropuerto, alegres, seguros, una nueva etapa se abría por delante, algo nuevo, desconocido, lleno de aventuras… y en el último momento, una despedida inesperada. Pío, infatigable compañero de aventuras alrededor del globo acababa de decidir que no tenía nada que hacer en Madrid, que se quedaba en México, junto a buena parte de mis sentimientos.

De P’al sur
De P’al sur

Y entonces caminé hacia el avión.

De P’al sur

“Un viaje se hace siempre tres veces: una primera en sueños, en la imaginación, sobre los mapas. Una segunda a lo largo de las carreteras, en viejos autobuses, en estaciones esperando hipotéticos trenes, en albergues polvorientos y en radiantes bosques. Y finalmente una tercera e interminable vez en el recuerdo, en la presencia de instantes que continuarán indefinidamente y que nada ni nadie podrán nunca borrar”

Elisabeth Foch, L’échappée indienne

De P’al sur
h1

Cambio de rumbo

7 agosto 2012

Dedicado a todas aquellas y aquellos, valientes idealistas,

que un día soñaron con cambiar el rumbo de sus vidas y de la Historia”

Zaragoza, Aragón, España

– día 1.013 + 4 –

Era casi mediodía, la chica del megáfono citaba los nombres, apellidos y número de expediente de los activistas universitarios recientemente asesinados en los estados de Guerrero y Guanajuato, el grupo de teatro escenificaba la brutalidad y el horror, la muchedumbre empatizaba; aquí se terminaba de pintar una pancarta rezagada, allá se repartía información no accesible en los medios masivos, junto a la Escuela de Bellas Artes se tocaba música, se bailaba, se discutía, se reía, se abrazaba… El ambiente era optimista y festivo, lo habían vuelto a lograr. Eran las nuevas generaciones mexicanas, las de la era de la información, las que dejando atrás la apatía y el miedo tomaban de nuevo las calles para luchar por un México diferente, por el México con el que soñaban, por el México que merecían desde hace ya demasiado tiempo…

De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan

El contingente de la Facultad de Ciencias se unió al resto de manifestantes en el Zócalo de la Ciudad y juntos marcharon durante horas por las calles del centro, se coreaban conocidos o improvisados eslóganes: “esos son, esos son, los que chingan la nación”, “México, ¡sin PRI!, México, ¡sin PRI!”, “detrás del copetón está el pinche pelón”, “Televisa te hipnotiza, TV Azteca te apendeja”, “si hay imposición, habrá revolución”… todos dirigidos a un objetivo muy concreto: la oposición frontal ciudadana a soportar un nuevo sexenio gobernado por el PRI, un partido político que se mantuvo durante 70 años en el poder durante todo el siglo XX y que no escatimó esfuerzos, dinero y fraudes para regresar al gobierno tras pasar los últimos 12 años en la oposición. Acusado de escándalos de corrupción, violación de derechos humanos (Atenco,2006), manipulación mediática, compra de votos, tráfico de influencias y una ignorancia alarmante, Enrique Peña Nieto se presentaba lanzado por el PRI como candidato favorito para ganar las elecciones convocadas el próximo domingo; y en respuesta a la barbarie y la pasividad, las masas volvieron a salir a las calles una vez más, unidas a pesar de las diferencias, movilizadas a través de redes sociales y sin ser claramente convocadas por ningún sector ni partido político, para luchar juntos y reconocerse en la tercera marcha anti Peña Nieto.

De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan

Una vez más, en otro escenario del mundo, la gente tomó conciencia de su futuro, no se CONFORMÓ sino que se INFORMÓ, se indignó, se implicó, creyó en una alternativa diferente a las tradicionalmente impuestas, la creyó realmente, la integró en su corazón, y salió a luchar por ella. ¿Es esto un fenómeno global?

¿Quieres saber más? Pincha estos enlaces:

Introducción al Movimiento YoSoy132

La historia me resulta familiar a lo largo de este último año y medio: Túnez, Cairo, Atenas, Madrid, Nueva York, Vancouver, México DF… ¿será que vamos poco a poco asumiendo nuestra propia responsabilidad política o será que este obsoleto sistema está asfixiando cada vez más a la población hasta el punto de despertarla?

De Mexico DF-Tepoztlan

Lo siento por los amantes de finales felices, este cuento también terminó mal. Pese a todas las movilizaciones, iniciativas personales y comunitarias, pese a todo el trabajo, el sacrificio, el coraje y la inteligencia entregados a la causa; al domingo siguiente, primero de julio, y tras unas elecciones plagadas de altercados e irregularidades, Peña Nieto fue proclamado Presidente de la República Mexicana, dilapidando las esperanzas de la mitad de la población nacional; irónicamente ese mismo día la selección española de fútbol ganaba un campeonato internacional que desvió la atención de millones de personas, y yo tomaba una de las decisiones más difíciles de mi vida: regresaría a España, feliz, satisfecho y lleno de energía, dando por concluido un viaje de casi 3 años de duración lleno de experiencias y aprendizaje. El 19 de julio, aterrizaría en Madrid.

De Mexico DF-Tepoztlan

Pero me estoy adelantando a los hechos. Tan sólo una semana antes y de manera totalmente improvisada, decidí cancelar mi ruta por el centro del país e ir directamente a la ciudad de México en cuanto se me ofreció la oportunidad. El contraste entre la tranquilidad de La Semilla y una de las ciudades más caóticas del planeta no podría ser más escandaloso, y sentía una fuerte curiosidad de saber cómo podría reaccionar una vez allí, ya que cualquier intento de predicción me resultaba ridículamente inimaginable. Es probable que una de las mayores habilidades ganadas durante el Viaje sea la capacidad de adaptación a cualquier medio, y al final el DF se me presentó simplemente como una gran ciudad, de atascos y empujones, pero a su vez atractiva y con una gran oferta por descubrir; un espacio compartido por veinte millones de personas debería ser fascinante por definición, y mi estancia en México me habría resultado un tanto incompleta si no hubiera podido conocer brevemente ese pequeño universo surrealista de su capital. Por otra parte, ni tan siquiera tan sugerente experiencia era mi prioridad en la ciudad.

De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan

Al final la semana transcurriría rápida e intensa: reencuentro con Yolo -quien generosamente me hospedó y mostró su ciudad (de nuevo, gracias)-, mayor conocimiento e involucración en la política contemporánea mexicana, exploración de los diferentes barrios-ciudades que conforman la ciudad, intuyendo la fuerte identidad de cada uno de ellos, visita al Museo de Antropología y a la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera, mi primer pulque, arte y activismo, paseos, luchas cuerpo a cuerpo para entrar en el metro en hora punta, lectura, tacos de canasta, reflexiones, horas muertas en los transportes públicos, y una decisión meditada que por sí sóla iba tomando forma…

De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan

Me habría quedado más, mucho más, pero de alguna manera sentí la urgencia de seguir ruta y tomé el camino del sur; me desvié hasta Cuernavaca para hacer una importante entrega a domicilio de la que me había responsabilizado personalmente, era un libro de cuentos que viajaba conmigo desde Vancouver, y la desconocida destinataria era Assela. Ahora sí, sólo tras esta peculiar entrega, tan bien recibida, podía dar por concluido el último de mis proyectos y emprender el viaje hacia España con la conciencia tranquila.

De Mexico DF-Tepoztlan

De todas formas aún quedaban un par de semanas de ruta, y aunque esa fecha en el calendario lo cambiaba todo (y cuando digo “todo” me refiero absolutamente a todo), el Viaje seguía construyéndose e improvisándose día a día; yo acababa de saber que Hersalía -una amiga de Baja California- acababa de instalarse en Tepoztlan, y me pareció una excelente oportunidad para hacerle una visita. No había estado más de una semana en la ciudad-monstruo, pero el contraste de nuevo con la tranquilidad del campo fue altamente agradecido, recibí con una sonrisa a los cerros amurallados, al sonido del río antes de dormir, al olor a humedad, a las sabrosas tortillas de nixtamal, e incluso al tacto rutinario de sacar alacranes de la casa cada noche… y esa afinidad por la tranquilidad del medio rural debería sugerirme algo sobre mis gustos encontrados y la vida que quiero construir…

De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan

Y hablando de tranquilidad, más que calmada fue la semana que transcurrió en ese agradable lugar. Pues tras rendir visita y nuestros respetos al templo del Tepozteco, dedicado a Ometochtli-Tepoxtécatl, dios del pulque, la felicidad y la cosecha, dedicamos el resto de la semana a la cocina tradicional mexicana, la salud, la artesanía y la pintura, disfrutando de una paz y sedentarismo que quizás llevaba más tiempo buscando de lo que había creído…

De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan
De Mexico DF-Tepoztlan

Pero lo dicho, ahora tenía un billete de vuelta, justo lo que había pretendido evitar desde que planeé todo este viaje, y tenía exactamente una semana más para cruzarme el otro medio país que me quedaba hasta Cancún, en autostop, una loca carrera a contrarreloj con buenas historias y bonitos encuentros.

De Mexico DF-Tepoztlan

“Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye, y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es sólo saberla vivir. Que cada uno lo resuelva como pueda”

(extracto del diario de Frida Kahlo, Coyoacán, Junio 2012)

De Mexico DF-Tepoztlan
h1

Piratas del Mar de Cortés

22 julio 2012

Desde algún lugar del Planeta Tierra…

-día 1002-   ¡¡¡¡1002!!!!

Supe que me iría de La Semilla al siguiente día de haber sentido una felicidad plena e insuperable; y lo supe sin palabras, sin pensamientos, como un fuerte sentimiento que me invadió completamente y me hizo sentir satisfecho, realizado con mi trabajo y feliz con lo que allí había creado; pero al mismo tiempo, como una paradoja indescriptible me sentí triste y nostálgico, pues también supe interpretar eso como el final de una época bonita, de una época de cambio, que traería consecuencias tan grandes que yo mismo ignoraba su magnitud.

De La Semilla
De La Semilla

No perdí tiempo, todo estaba demasiado claro y al día siguiente comencé a visitar las marinas de la región; acababa de pasar un año desde mi anterior experiencia marinera a través del Océano Pacífico, y como otra nueva sorpresa sentí la necesidad de regresar al mar. Sentía también cierta urgencia por alcanzar cuanto antes la otra orilla del Mar de Cortés y resolver ciertos proyectos inconclusos, pero no quería volar, ni tampoco tomar el ferry, quería aprovechar la oportunidad que me volvía a brindar este obstáculo de 300 millas de agua salada. Entrando ya en plena temporada de ciclones y tormentas tropicales no era fácil encontrar un velero que fuera al sur, la mayoría de ellos migraban en dirección contraria, rumbo a la alta California o Canadá… pasé días recorriendo y dándome a conocer en todas las marinas de San José, Cabo San Lucas y La Paz, y el proyecto parecía cada vez más complicado…

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

Pero mi prisa era relativa, y mi “plan”, si es que alguna vez tuve alguno, era terminar en La Semilla todo lo empezado y tomarme después una o dos semanas de balance y reflexión, de tomar el desierto como base para integrar todo lo aprendido poco a poco. Ni modo. El mero día que terminaba mi trabajo allí recibí una llamada de Reguis, un capitán de barco francés, a bordo de un Junco Chino de más de 100 años de antigüedad, navegando en dirección a Panamá, fui a conocerlo, me dijo que saldría al día siguiente, mi cabeza hizo un gesto de afirmación, bienvenido a bordo.

Posteriormente un cúmulo de casualidades (¿de verdad existen o vamos haciendo esfuerzos por crearlas y hacerlas posibles?) hizo que a última hora se apuntaran a la travesía mi buena amiga Sibyl y su hijo Emiliano, completando así la improvisada tripulación. La despedida no resultó menos improvisada, el tiempo transcurrió rápido ese día, reunimos en una cenita rápida y emotiva a todos aquellos que habían formado nuestra familia, rehice mi mochila, levanté la tienda de campaña que durante meses fue mi hogar, coseché verduras para tener algo fresco que comer en alta mar y partimos hacia San Lucas ya bien pasada la medianoche, cuando montamos en el Flying Dragon, la luna creciente iluminaba el fotogénico cabo que separa al Pacífico del Mar de Cortés, nuestra despedida de la Baja California. Cuando el sol volvió a aparecer, repetí una maniobra conocida y casi olvidada: levantamos ancla, alzamos las velas y orientamos la proa en dirección sureste.

De Postsemilla
De Postsemilla
De La Semilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla

A partir de ahí los recuerdos se sucedieron con los matices de la novedad: noches de vigilia, amaneceres y atardeceres, delfines y ballenas, tranquilidad y caos, nervios y relax; todo era nuevo, todo era conocido… y si tuviera que diferenciar con un adjetivo este viaje con respecto a aquel lejano Twin Image, éste sería “informal”, en todas sus acepciones; sí, definitivamente este viaje resultó mucho más informal que el anterior, lo que produjo muchas risas, diversión y buenos momentos, algo de nervios y algún que otro susto. Y así, con tanta variedad sensitiva, en tan sólo tres días alcanzamos la bahía de Puerto Vallarta, Estado de Jalisco.

Fueron en total seis meses viviendo en el desierto, acostumbrándome a él, disfrutando de él, sufriendo con él, queriéndolo y odiándolo; así se entenderá que lo primero que me fascinó de aquella costa tropical fue un cielo lleno de nubes de todos los grises, y unas montañas mostrando orgullosas todos sus verdes… regresaba a un mundo de colores cuando mis ojos ya se habían acostumbrado a los tonos ocres y brillantes del desierto.

De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla

La llegada dio comienzo a una etapa de cambios: el Flying Dragon nunca siguió su curso hacia el Caribe, requería de urgentes reparaciones y llegaban noticias de fuertes tormentas que venían desde el Sur, así que Reguis, Sibyl y Emiliaron decidieron instalarse en la hospitalaria bahía, disfrutando de la singular y adorable familia que acababan de formar. Yo me fui poco a poco desvinculando de la vida en el barco y me dediqué a explorar esa exuberante y novedosa costa tropical, cargada de calor, mosquitos, frutas, lluvias y aventura. Y a un ritmo propio de los trópicos, y con ayuda de la gente tan bonita que iba encontrando por el camino – siempre responsables últimos de la difícil y eterna decisión entre quedarme un día más o seguir caminando- creé una breve y dulce rutina de cocos, yoga, piñas, playa, mangos, masaje, papayas y atardeceres; concediéndome al fin ese periodo de reflexión arrebatado en Cabos por la prisa.

De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla

Hasta que de nuevo un día, picado siempre por ese bicho que me obliga a moverme de un lado para otro, agarré mis cosas y me metí montaña adentro, disfrutando nuevamente de la sensación de libertad que sólo el autoestop puede proporcionarme; aunque el día estaba raro: nadie se paraba, la gente hacía señas incomprensibles, el ambiente estaba enrarecido… esperé y esperé al borde de la carretera hasta que horas después Tomás y Luz se detuvieron, una simpática pareja recientemente deportados de Estados Unidos, amantes de los viajes y las aventuras, detractores de la lógica, me invitaron a subir a su carro, me dieron un tour por esa recóndita región (fábrica artesanal de tequila incluida) y me explicaron riendo que sencillamente nadie se paraba ni se pararía en esa hermosa carreterita de montaña porque era una de las rutas más utilizadas por el narco para bajar su carga hacia la costa y no eran infrecuentes los asaltos, las balaceras y las redadas. Ya todo tenía sentido.

Cayó la noche de por medio, la lluvia arreciaba fuerte, y aún faltaba mucha montaña hasta alcanzar los llanos de Guadalajara, era momento de aplicar en la vida los conocimientos adquiridos en la granja experimental de La Semilla, la tienda de campaña fue mi abrigo, la cena los frutos que el bosque y la tierra me ofrecieron, y el agua toda la que me mandaba el cielo, no necesitaba nada más.

De Postsemilla
De Postsemilla
De Postsemilla

Al día siguiente llegaba a la gran ciudad, sintiendo el contraste fuerte con esta vida rural y nómada a la que me había acostumbrado alegremente, pero me dejé contagiar por el caos y entusiasmo que emanaba todo ese nido de gente y volví a romper todos los planes: pretendía visitar con calma una de las capitales culturales más influyentes del país, recorrer los montes y ciudades coloniales de los estados del centro, ascender a los desiertos del norte, bajar a los valles del golfo… en lugar de todo aquello, la misma noche que llegué a Guadalajara me subí a un coche que me transportaba a una realidad bien diferente.

h1

La Semilla

10 julio 2012

Tepoztlan, Estado de Morelos, México

-día 989-

Esta vez sí he dejado pasar el tiempo sin publicar nada, y sin razón aparente. Creo que llegado un punto uno fluye con el Viaje, a veces se sienten ganas de expresar y compartirlo todo, otras veces se viven momentos más introspectivos. Estos tres meses de “sedentarismo” en La Semilla han supuesto una intensa etapa de aprendizaje y reflexión, un vertiginoso viaje interior sobre un punto fijo del mapa, donde a diferencia de antes, nunca sentí la necesidad de sentarme a escribir sobre ello… hasta ahora.

Todas las flores de todos los días de mañana están en las semillas de hoy”

De La Semilla

Frecuente era el tema a lo largo de todos estos años, mencionado en interminables conversaciones con otros nómadas, y no menos frecuente lo era en conversaciones conmigo mismo… y es que tampoco hace falta salir a dar la vuelta al mundo para darse cuenta de que sufre de problemas serios, basta con leer la prensa de la mañana o dar una vuelta por el barrio; quizá el viaje sólo ayude a cerciorarse de lo que uno ya suponía previamente, a conocer conflictos locales, a ponerlos todos en perspectiva, a relativizarlos.

Y el principal problema de muchos que hemos querido salir a intentar conocer y aprender más de este mundo-nuestra casa, de los que hoy podemos vivir plenamente aquí pero mañana ya veremos dónde, es que el viaje en sí es un antónimo del compromiso con un proyecto concreto. Que del clásico “piensa global, actúa local” nos quedamos a la mitad… si hay suerte.

De La Semilla

Oí hablar por primera vez de La Semilla a 4.000 kilómetros de donde se ubica, cuando un cúmulo de conexiones me llevó a alojar en mi casa al que después sería mi amigo Rai, en una de tantas noches de frío y lluvia en Vancouver. Ya por el segundo té me hablaba de su vasta experiencia trabajando en granjas comunitarias alrededor del mundo, de su diferente organización política, de sus sistemas económicos alternativos, de su potencial social. “No olvides este nombre si algún día llegas a ir por México” -me dijo. Y no lo olvidé.

Ubicado en el extremo sur de la península de Baja California, sonaba a algo como una meta sin competición, sabíamos que estaba ahí, pero no había ninguna prisa por llegar. Poco a poco, disfrutando del camino, Yolotzin y yo recorrimos la Baja, pueblo a pueblo, playa a playa, persona a persona; y sólo cuando intuimos que ya habíamos visto suficiente, sólo entonces llamamos a la puerta.

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

La Semilla es el resultado de los sueños, las visiones y el trabajo de gente venida de todo el mundo, que de entre el desierto y el mar lograron crear un espacio para ellos y sobre todo, para todos aquellos que aún no conocían y que todavía estaban por llegar. En los últimos dos años, de un extenso terreno invadido por carrizo, decenas de voluntarios crearon una huerta orgánica, un corral de cabras y gallinas, un bosque de frutas comestibles, una cocina-sala de estar, una planta de compostaje, una ducha y baño ecológicos, y un temazcal, entre otros proyectos. Como en una utópica sociedad, cada elemento está relacionado con todo lo que le rodea y permite funcionar al resto, al tiempo que también se nutre de ello (“la cooperación entre las partes y no la competición, eso es la clave” cita Bill Morrison en su manual Introducción a la Permacultura). Nada se desperdicia: los residuos crean la composta que nutre la huerta, los animales se alimentan de las hierbas y cereales que le sacamos, y éstos vuelven a fertilizar la huerta cerrando el ciclo.

No hay gas ni electricidad, ni se necesitan: las verduras se cocinan en la estufa solar o con leña, o mejor: se comen crudas, la ducha se calienta con el sol y con el agua que sobra se riegan jardines accesorios, etc. Por supuesto, también está el trabajo: hay que tener ganas de que el proyecto salga adelante, hay que verlo, hay que creer en él, y se cree con la mente y con el sudor del desierto sudcaliforniano. Y nada de ello existiría si no fuera por la gente que lo hace posible, una sola persona que crea y se esfuerce podría no hacer mucho, o cansarse rápido, pero cuando del mismo modo tu trabajo repercute sobre los demás y el suyo sobre ti, termina creándose un vínculo comunitario, una responsabilidad tácita colectiva, una verdadera motivación tristemente desconocida para muchos. El resultado acaba por formar un modelo político real, autogestionado, entre personas con iguales derechos y responsabilidades complementarias, con la libertad para tomar decisiones y cambiar o adaptar aquello que no funciona o ha dejado de funcionar; y un clima amigable de apoyo mutuo, crecimiento personal, camaradería y amor. En definitiva, una sociedad con todas las necesidades cubiertas.

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

El mismo sistema que se aplica en la granja se reproduce a gran escala con el resto de productores orgánicos locales y artesanos de la región: se construye comunidad, una comunidad donde cada uno ofrece lo que produce o lo que sabe hacer para intercambiarlo en el grupo. Así, nuestras verduras u otras habilidades nos permitieron acceder a un mercado alternativo de pan, lácteos, pescado… todo de la mejor calidad, todo diferente de los productos a los que estábamos acostumbrados. Y mucho más: talleres de capacitación, conferencias, sesiones de yoga, masaje, idiomas, música, arte… donde en muchas ocasiones nunca mediaba el dinero y ambas partes salían beneficiadas del intercambio.

De La Semilla
De La Semilla

Parece que el sistema funciona, y me da la sensación de que me engañaron de pequeño: me dijeron que para comprar tomates tenía que trabajar duro en cualquier tipo de trabajo (que me gustase o no era irrelevante) para tener una cuenta bancaria de la que poder extraer frecuentemente dinero para ir al centro comercial y tener acceso a unos tomates venidos de lugares remotos, cultivados con unas técnicas poco amables con el medio ambiente y trabajados por una gente con unas condiciones laborales mucho menos amables. El hecho de poder plantarme mi propio tomate, de elegir cómo quiero mi tomate o de poder intercambiarlo por otro producto sin dinero de por medio sonaba directamente arcaico y ridículo.

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

Con esto no quiero insinuar que abandonemos todos nuestros caminos y nos vayamos al campo a sembrar, o que nos vayamos a vivir a una comuna al margen del sistema establecido; sino simplemente compartir una experiencia de un modelo de vida diferente que me ha resultado realmente enriquecedora. Es muy probable que no me dedique a ello durante el resto de mi vida, o al menos, que no sea mi actividad principal; pero al mismo tiempo agradezco profundamente la posibilidad de haber vivido esta vida por un tiempo; de conocer, experimentar e integrar en mí las bases de nuestra existencia humana, nuestro origen. Al final, me parece importante el saber hacer de todo un poco, saber hacerlo por mí mismo, y sobre todo, ser consciente de que este mundo tan mal repartido en el que nos ha tocado vivir, este sistema político y económico que beneficia a tan poquitos y pisotea a una gran mayoría, depende totalmente de nosotros-consumidores, y no al revés, como siempre nos han hecho creer.

Tómenlo como broma o como amenaza: “Relaje un poco, señor Carrefour, le advierto que sé plantarme mi tomate”.

De La Semilla

Quizás otra reflexión de todo este tiempo, y es un tema sobre el que ya he incidido alguna otra vez en este blog, es lo poquito que realmente necesitamos para ser felices. En una sociedad tan llena de cosas materiales y estímulos sensoriales, una vida sin electricidad, aparatos electrónicos o compras compulsivas nos da lástima y la asociamos a la extrema pobreza; en lugar de considerar sólo por un instante que a veces nos concedemos un festín de placeres superficiales para paliar unas necesidades personales mucho más profundas y reales, imposibles de conseguir en los supermercados, pero accesibles en lugares donde nunca buscamos.

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

Por último, en una era donde se impone el pragmatismo, la explotación de los recursos y el beneficio de nuestro trabajo por encima de todo, me ha parecido un gran ejercicio y experimento el practicar exactamente lo contrario. Trabajar a un ritmo mucho más agradable, más inteligente y más respetuoso aún sabiendo que nunca llegaré a ver los frutos de mi esfuerzo, que serán las futuras generaciones de voluntarios las que se beneficiarán de ello, al mismo tiempo que yo me beneficié de todo el trabajo que hicieron los que por ahí pasaron antes que yo. Y de esa semilla de cambio, cambio de concepción de una sociedad, cambio de las relaciones personales y laborales, cambio de las relaciones con la naturaleza y cambio de la relación con nosotros mismos, sí me parece que podamos cosechar los frutos que, con esfuerzo, el mañana podría generar.

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

“También será posible

que esa hermosa mañana,

ni tú, ni yo, ni el otro,

la lleguemos a ver,

pero habrá que empujarla

para que pueda ser”.

(José Antonio Labordeta)

De La Semilla
h1

Bajando la Baja

3 abril 2012

Whitt’s End Rancho, Baja California Sur, México

-día 891-

Tal y como está continuando el viaje en estos últimos meses, bien podría decir que en lugar de conectarme a internet, me “desconecto a internet”. Me desconecto del mundo que me rodea en esta hermosa, solitaria y única península mexicana para regresar a un mundo que resulta prácticamente igual en cada país que he visitado; me desconecto de manera brusca y temporal de desiertos, de montañas y de playas y vuelvo a un lugar que conserva sus leyes y formas independientemente del tiempo y del lugar. Me desconecto de esta agradable y atemporal realidad local para regresar a una realidad global que se me hace lejana y abstracta.

Esta vez no siento el no haber narrado nada en las últimas semanas, porque han sido semanas de aprendizaje, semanas de reflexión e introspección, semanas de disfrutar un atípico -atípico para mí- tipo de viaje que ya empieza a dar sus frutos. Serán frutos de vida larga que necesitarán atención y cuidado constante para no pudrirse ni perderse, sabrosas y nutritivas piezas que espero me alimenten el resto de mi vida si soy lo suficientemente inteligente para seguir cultivándolas…

Me alargo, estaba hablando de la baja, esta península de Baja California, recorrida completamente en autostop, parando en cada pueblo, durmiendo en cada playa, charlando y disfrutando cada persona que se ponía por delante, aprendiendo en lo posible de todo ello.

Y como vale más una imagen que mil palabras, esta entrada será una valiosa entrada gráfica. Espero que la disfrutéis al menos tanto como yo lo hice.

“Un camino físico en la distancia se convierte en un camino interior hacia el centro de uno mismo”

Desierto. San Ignacio
Oasis. Mulegé
Playa I. Todos Santos
Casa México I. Mulegé
Charrada I. San José del Cabo
Taquería-Biblioteca. Playa El Coyote. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Ying-Yang. Playa El Coyote. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Charrada II. San José del Cabo
Niña vendiendo fresas. San José del Cabo. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Playas de Chileno I. Los Cabos
Radios Comunitarias. Santa Rosalía
Debate Minería I. La Paz
Debate Minería II. La Paz
Debate Minería III. La Paz
Autostop I. La Paz
Autostop II. Loreto
Autostop III. San José del Cabo
Contacto OVNI. San José del Cabo
Playas de Chileno II. Los Cabos
Casa México II. Mulegé
Casa México III. Mulegé
Bahía Concepción. Autopista Nº I
Aburrimiento. Playa El Coyote
Cena española. Loreto
Casa México IV. Playa El Coyote
Autopista I. Rancho El Coyote
Bulevar. Loreto
Charrada II. San José del Cabo
Pelícanos. Playa El Coyote. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Baile I. San José del Cabo
Baile II. San José del Cabo
Jugadores. San José del Cabo
Playa II. Todos Santos
Orquestas de pueblo-Bisbal. San José del Cabo
Amanecer. Playa El Coyote
Baile III. San José del Cabo
Casa México V. San José del Cabo
Primera misión de las Californias. Loreto
Luna Itzel. San José del Cabo. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Playa III. Todos Santos
Baile IV. San José del Cabo
Fuego en la playa. Todos Santos
Charrada III. San José del Cabo
Playa. Bahía Concepción
Charrada IV. San José del Cabo
h1

Pa’donde apunte el guarache

19 febrero 2012

 Santa Rosalía, Baja California Sur

-día 851-

 “Si es por buscar, mejor busca lo que nunca perdiste” -recordaba Martín Caparrós antes de iniciar su viaje-, él partía sin saber adónde iba, cuánto tiempo le tomaría, qué encontraría… vagaría por un gran país buscando elementos comunes que definieran qué es la Argentina. Caparrós, a diferencia de mí, tenía un objetivo en su búsqueda. Yo salí buscando aventura y encontré amigos, fui tras la pista de monumentos, montañas y templos famosos y allí encontré personas que los habitaban. Sigo vagando, sin todavía esclarecer esos objetivos: a veces es el simple placer de deslizarme por un mapa, otras plantearme nuevos y mayores retos, en general creo que busco aprender del mundo y de mí mismo, en otras ocasiones ni yo mismo lo sé. Pero sí sé qué he encontrado: gente. Gente de todos los países, etnias, credos, nivel social, educativo y económico que me han ofrecido su ayuda desinteresadamente, gente que guíada por sus instintos han sabido ignorar las poderososas frases manchadas de miedo creadas por los gobiernos y escupidas por los medios; decenas, cientos de personas que en ese preciso instante que dura una decisión han querido escuchar a su corazón y no a su cabeza, y quisieron abrirme la puerta de sus coches, de sus casas, de sus vidas… sólo por conocernos, sólo por ayudarme, sin saber que a veces ellos también serían ayudados. Y probablemente a fecha de hoy, el aprendizaje más sabio es la certeza de que el mundo, México, y la Baja California en particular, todavía están llenos de ellas.

De Baja California
De Baja California
Darío, en San Ignacio. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo

Eran las tantas de la madrugada cuando por fin entraba en Tijuana, a mediados de enero, el frío arreciaba y la niebla impedía toda visibilidad, nada quedaba allí de esa antigua impresión de calor y alegría que me había formado en mi última visita, esa noche Tijuana estaba desierta. Desierta la calle, desierto el ambiente, desierto de luces y de sonido preparaban la atmósfera que contrastaría con aquella noche de reencuentros: Julia volvía a abrirme las puertas por tiempo indefinido, y allí también me encontraba con Yolotzin, compañera de viaje para esta nueva etapa de descubrimiento.

La Tijuana que me recibió queda lejos de la Tijuana de los estereotipos, como siempre. “Haberlos hailos”, si sabes dónde buscarlos, pero no deja de ser una ciudad de un millón de habitantes que sobreviven y hacen su vida cotidiana como en cualquier otra capital del mundo. Sin embargo, tampoco es cualquier otra ciudad, es una ciudad rajada en dos por un muro de miedo y vergüenza, donde van a chocar frontalmente los sueños e ilusiones de millones de migrantes; es también una ciudad que antaño fue patio de recreo de un turismo que también traía sus sueños -más o menos perversos- que sí eran realizables según los dólares que trajeran en la cartera, después poco a poco la violencia y el miedo a la violencia fueron acabando con ellos, de los que queda poco más que locales cerrados y nostalgia. Farmacias sí hay, un chingo, más que bares en España, con más clientes también. Tijuana es el paraíso de todo hipocondríaco, fármacos insultantemente caros y difíciles de conseguir en el vecino del norte: antibióticos de uso hospitalario, analgésicos de caballo, y la estrella del mercado: Viagra, compiten escandalosamente por venderse más baratos que en la farmacia de al lado. Son las consecuencias de la privatización del sistema sanitario, de la medicina para ricos modelo de exportación americano, para que nos vayamos acostumbrando si no ponemos solución mientras la tiene… ¿viajes del INSERSO a Tánger? Tiempo al tiempo.

De Baja California
De Baja California
De Baja California

Esto y mucho más fueron las anécdotas de la temida ciudad. ¿Peligrosa? No, señor. Peculiar, como pocas.

Fotografía de Julien Landais

La idea -abstracta, flexible, improvisable- era recorrer toda la península de Baja California. Unos 2.000 km de ruta, dos personas, escaso presupuesto, amplios recursos, utilizando únicamente el autostop como transporte.

Con tanto kilómetro que se extendía hacia el sur, decidimos empezar hacia el este, mera intuición. Recorrer la frontera occidental inevitablemente nos llevó a conocer más de cerca el fenómeno de la migración irregular, seguimos el muro durante cientos de kilómetros, los controles militares eran numerosos a lo largo del camino. Conocimos personas que iban por primera vez, personas que ya habían sido expulsadas, personas que lo volverían a intentar, gente que vive intermitentemente a este lado del muro probando su suerte en este arriesgado juego de azar; hombres jóvenes y de mediana edad en su mayoría que han dejado todo atrás y vendido sus propiedades a las mafias por seguir un sueño o una obligación. Los que van para allá se muestran excitados, nos cuentan que el precio para que les crucen está ya entre 5.000 y 7.000 dólares americanos, y tienen derecho a 3 intentos, los pasan con documentación falsa o escondidos en los coches, si consiguen cruzar, intentarán reunirse con amigos o conocidos, y el sueño o pesadilla americanos comenzarán.

De Baja California
De Baja California

Era casi de noche cuando llegamos al pequeño pueblo de La Rumorosa, localidad de alta montaña que se alza a 1.300 metros de altura sobre el desierto, tras un abismo de rocas apiladas. Turística y congestionada en verano, su aspecto en invierno es desolador: frío, polvo y soledad. El único hotel que allí había tenía precios imposibles, pero preguntando, uno sabe: “Íjole, con este frío no vayan a acampar fuera, nooo, yo no sé bien, pero oi que alguien a quien llaman el hermano Pablo acoge de vez en cuando a los inmigrantes que se van para el otro lado, creo que también hay ancianos viviendo allá, es un tipo algo raro, pero tal vez puede darles un lugar, vayan y pregunten”.

La posibilidad de conocer un lugar así nos emocionó más que el mejor de los hoteles, y para allá fuimos.

La casa estaba varios kilómetros fuera del pueblo, en la montaña y cerca del basurero. El hermano Pablo, junto con la ayuda de familiares y amigos, construyó con paciencia y tesón un hogar para que ancianos abandonados sin recursos pudieran tener una vida digna, además ofrece descanso, ducha y alimento a los migrantes que caminan por el desierto buscando un lugar por donde saltar el muro. Lupe -la cocinera- nos contaba cómo veinte años atrás crearon el asilo de la nada, sin recibir ninguna ayuda pública, “nomás con ilusión, compromiso y trabajo. Ahora la casa atiende a cuarenta ancianos que sus familias han abandonado a su suerte, nosotros les cubrimos todas las necesidades básicas y mutuamente nos ofrecemos amor”.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California

Entrañables momentos como este se fueron repitiendo con un marco diferente a lo largo de nuestro viaje hacia el sur: En Ensenada, Paola y Napenda nos ofrecieron su hospitalidad y mostraron su hermoso pueblo y sus ilusiones y trabajo por colaborar haciendo de él un lugar más justo y solidario; vimos el espectáculo natural de La Bufadora, casi único en el mundo, donde el agua del mar sale catapultada a varias decenas de metros de altura; en Cataviña disfrutamos de la soledad y belleza del desierto, de las noches estrelladas y del calor del fuego; por casualidad terminamos en unas playas completamente alejadas de ciudades y carreteras asfaltadas, por casualidad también allí se habían retirado a vivir Lamar y Ray, dos americanos cansados de vivir en una rutina de trabajo y consumismo, allí se estaban poco a poco construyendo un hogar más cercano a su concepto de felicidad de lo que habían conocido hasta entonces, “nuestra sociedad no quiere entender que necesitamos vivir el momento tanto como nos necesitamos los unos a los otros, por eso nos fuimos, aquí todo es diferente” – nos dicen estos dos amigos que han cruzado el muro contracorriente.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
Noche en la Cataviña. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Coco’s Corner. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
De Baja California
De Baja California
Laguna San Ignacio. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo

Nos quedamos con ellos una semana, no teníamos nada, pero lo poco que teníamos era de todos: “comparty” -decían- la fiesta de compartir. Filosofamos, improvisamos música, intentamos pescar, o disfrutábamos de un silencio colectivo… Más hacia el sur, Catalina nos rescató de una tormenta (la segunda en 11 años en ese desierto de polvo y sal) y nos metió en su casa; en San Ignacio acampamos en los jardines de la misión jesuítica de 300 años de antigüedad… Nada de esto habría sido posible sin la ayuda de todos los conductores que nos invitaron a compartir con ellos parte de su ruta, que quisieron unirse a la fiesta del compartir.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California

Pero en la Laguna de San Ignacio logramos más de lo que jamás habríamos creído: nos acercamos tanto que podíamos tocarlas, su respiración nos cubría de agua y emoción, su mirada fija era surrealista, su tacto era el tacto de lo prohibido… Las ballenas grises migran cada año desde Alaska y el mar de Bering hasta estas costas mexicanas para parir a sus crías, que alegremente se acercan a los humanos con la misma curiosidad con la que los humanos nos acercamos a ellas, nadan, resoplan, juegan a nuestro alrededor. Es la atracción de la región en esta época del año, y sus precios son imposibles para nosotros, nos conformaríamos con verlas desde lejos. Llegamos hasta la orilla, acampamos, hicimos amigos, trabajamos para ellos y un día nos invitaron a las barcas para verlas de cerca. Todos contentos con el intercambio, todos contentos de ayudarnos.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
Fotografía tomada por Julien Landais
Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
De Baja California
De Baja California
De Baja California
Fotografía tomada por Julien Landais
Fotografía tomada por Julien Landais

Guarache es una palabra originaria del purépecha (kwarachi: sandalia) incorporada al español y es el calzado tradicional usado por los campesinos mexicanos.

  • ¿Dónde vas? -preguntan.

  • Pa’ donde apunte el guarache, es a veces la respuesta…

Tampoco yo aún no sé donde voy, pero voy perfilando una idea de lo que estoy buscando y encontrando.

De Baja California
h1

Caravanserái

7 febrero 2012

Post que llega tres semanas tarde después de largo tiempo vagando por el desierto. Por fin, sucio, cansado y polvoriento encontró un cibercafé en la pequeña localidad de Guerrero Negro, Baja California (México).

-día 840-

Es allí exactamente, en ese enclave imaginario, casi surrealista donde se erige; allí donde a duras penas se elevan los saguaros y sobreviven los coyotes, y todo el resto de la flora y la fauna perecería sin opciones: Phoenix, la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos, un monstruo de más de 5 millones de habitantes instalado ahí, en pleno desierto de Arizona, como un náufrago perdido en una isla en mitad del océano.

De Arizona
De Arizona
De Arizona

Siendo sincero, creo que nada me habría llevado ahora hasta esa parte del mundo salvo la visita que debía a mi amigo Dani desde hacía meses, el concepto y las ganas de visitarle siempre habían estado allí, habitando ese espacio difuso que ocupan los planes en mi mente, pero hasta entonces nunca había encontrado la manera de materializarlo. Un día al azar, mientras disfrutaba de la hospitalidad de Julia y sus amistades en Tijuana, decidí que en un par de horas saldría para Phoenix, sin previo aviso, dirección en mano; y al día siguiente ya estaba esperando a mi amigo sentado en la única sombra que daba el porche de su casa.

De Arizona
De Arizona

Los caravanseráis resultaban para la mayoría de los viajeros un inmenso bienestar y un descanso durante sus largas travesías a través del desierto. Nunca fui caravanero, pero así compararía la sensación de encontrar un viejo amigo tras un largo tiempo en el camino; un encuentro donde sobran presentaciones y formalidades, donde los silencios dicen mucho, y donde las risas, las anécdotas, los planes y las cervezas saben aún mejor que de costumbre.

De Arizona
De Arizona

Sin embargo, nunca tuve la sensación que hubiera gran cosa que hacer en esa ciudad, la mayoría de las ciudades en los Estados Unidos tienen la particularidad de que el transporte público es anecdótico y sin vehículo privado no vas a ningún sitio, y aún así, me pareció que el número de lugares interesantes que visitar en Phoenix era limitado, en Phoenix en sí mismo, porque la naturaleza que rodea a esas mismas ciudades es sin duda fascinante, cuando puedes acceder a ella.

De Arizona

Y a eso me dediqué principalmente, es posible disfrutar del desierto a un corto paseo en bicicleta a las afueras de la ciudad, y apreciar las inmejorables puestas de sol; Tempe también tiene una animada vida universitaria que da una cara más juvenil y activa a la ciudad; lxs amigxs de Dani, ocupados de día, siempre encontraban algún interesante plan para hacer por las noches, y coincidió una de ellas con el ‘First Friday’, una exhibición de arte abierta, gratuita y nocturna por las calles del centro; Charo y Juan, los tíos de Fátima, también vivían allí y nos reencontramos un par de veces entre medio de pura comida mexicana; y hasta Allison, una amiga que conocí en la otra orilla del Pacífico, de la que me enteré a última hora de que volvíamos a estar apenas a 2 km de distancia y con quien visité el Heard Museum, una exposición permanente de cultura, arte y patrimonio histórico de los nativos americanos, su conquista y el camino de su destrucción.

De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona

Las casí dos semanas que allí pasé transcurrieron rápido, me sentía a gusto, cómodo, a veces casi demasiado, y precisamente por eso las ganas de volver a coger la mochila y partir hacia lo desconocido me empujaban cada día con más fuerza. Cada mañana al despertar visualizaba las playas desiertas de la Baja California, las sorpresas que me depararían esos más de 1.500 km en autostop desde Tijuana hasta los Cabos, la compañía del camino y las gentes a quienes aún tenía que encontrar. Y tal y como vine, me fui. Un día inesperado, volví a armar la mochila, dejé una nota de despedida y gratitud y cerré la puerta por fuera, de nuevo camino de México, esta vez para largo.

Pero dos días antes de que eso ocurriera, pudimos organizar una bonita excursión de fin de semana al norte de Arizona, algo para no perderse: las montañas de Sedona y el Grand Canyon. Creo que las imágenes hablan por sí solas…

De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona