Archive for the ‘China’ Category

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Por si alguien lo llega a leer…

16 agosto 2010

Luang Prabang (Laos)

-dia 303-

Toc – toc, ¿hola?, ¿queda alguien ahí? Nada. Silencio. Bueno, ecribiré de todas formas por si alguien termina cayendo aquí por accidente y en un futuro lejano estas líneas llegan a ser leídas…
Y es que, claro, estamos en verano, y ya se sabe… ¿o qué creíais, que sólo vosotros ibais a tener derecho a vacaciones? (Qué maravilla la impunidad q conceden estas pantallas, esto no me atrevo yo a decíroslo en la cara, ¡viva internet! ¡viva!

Como anticipaban mis ¨retazos¨, estas semanas venían marcadas por dos esperados reencuentros que infundían un cambio de rumbo al Viaje. El primero, tras tomar los primeros aviones de todo mi recorrido me llevó, dando tumbos por el sur de Asia, a China de nuevo, y a mi familia. De nuevo, sí, regresaba en calidad de guía turístico a los lugares que ya había conocido seis meses atrás; same same… but different! Una sensación extraña la de ver la vida del norte chino con 50 o 60 grados más que cuando la viví: los gruesos abrigos daban paso a los tradicionales abanicos, el hielo de la calle als ofocante sol, la noche vacía había sido tomada por hordas de chinos que, camiseta arremangada hasta los sobacos y armados con mesas y sillas, invadían las aceras en un desfile infinito de brochetas, tsingtaos y juegos de cartas. Y así, con la velocidad que los escasos días de vacaciones imponían, fuimos disfrutando la cara más veraniega de Beijing, Pingyao y Xi’an.

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Hallar las 7 diferencias

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Nuestro “colega” de Pingyao

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Otro avión nos llevó al sur, a la encantadora y tranquia Guangxi y al sofocante verano del trópico, abandonándonos durante los últimos días a la paz de las pequeñas aldeas en las orillas del río Li…

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Venga, a correr de nuevo. Preparados… listos… ¡ya!: en los próximos dos días has de pisar cuatro países diferentes, son normas del guión. Bus de noche a Hong-Kong, tirado en un colchón comunitario al fondo del vehículo (me recordaba a mí a antiguas peñas en fiestas del pueblo…) y en el diminuto país, esa misma madrugada las calles fueron tomadas por cientos de chinos, indios y árabes principalmente que, uniformados con camisas rojas, detuvieron el tráfico y gritaron enloquecidurante horas… ¿un golpe de estado?, ¿una macromanifestación? No. Acababa de ganar la selección española en Sudáfrica… Ana pisó Hong-Kong esa noche, y sin tiempo para más, horas después nos embarcábamos hasta Macau para tomar nuestro vuelo a Bangkok…

Lectoras y lectores, desabróchense los cinturones y vayan cargando su paciencia, tengan la molestia de enchufar a tope la calefacción y de cerrar pueas y ventanas, unas buenas pozaladas de agua a la tarde refrescarán la sofocante noche siamesa, y tomen, tomen este juguito de fruta: mango, papaya, piña, guava… ¿o mejor un coco bien fresquito? El que esto escribe tiene el placer de darles la bienvenida al sureste asiático.

El área que ocupa la actual Thailandia la habitaban diversas tribus nómadas de la región hasta que el imperio Khmer la conquistó durante su expansión por toda Indochina entre los siglos V y X III d.C., dejandonos un maravilloso legado arquitectónico, Angkor, su antigua capital (actual Camboya) es su mejor ejemplo; el budismo theravada había sustituído a un primitivo hinduísmo como religión mayoritaria y varias oleadas migratorias de la etnia thai, provenientes del sur de China, dieron paso a los imperios Sukhotai y Ayutthaya, que nacieron, se desarrollaron y agonizaron en la margen izquierda del Mekong; tras varios siglos de palos a lomo de elefante con el vecino birmano, el Reino de Siam decidió trasladar su capital desde una arrasada Ayutthaya a la reciente ciudad de Krung-dēvamahānagara amararatanakosindra mahindrayudhyā mahātilakabhava navaratanarājadhānī purīramya uttamarājanivēsana mahāsthāna amaravimāna avatārasthitya shakrasdattiya vishnukarmaprasiddhi , uséase: Bangkok.
En plena carrera colonialista entre británicos y franceses, Siam fue el único pais no invadido directamente a cambio de “ceder” a los primeros el sur de la península malaca (actual Malaysia) y a los segundos las tierras al otro lado del río (Laos y Camboya) además de otros cuantos favores. Una pacífica revolución acabo con el absolutismo monárquico a mediados del siglo XX y decenas de golpes de estado no tan pacíficos protagonizados por los militares marcaron la otra segunda mitad de siglo (durante uno de ellos, en una ola de fervor patriótico, se cambió el tradicional nombre de Siam, por el de Prathet Thai (país de los thais libres, Tailandia).

Ya en el cercano 1992, centenares de manifestantes muertos llevaron a Thailandia la democracia, ¿y fueron felices y comieron perdices? Ya sabéis bien que no. Después de idas y venidas, otro golpe de estado en el 2006, tras unas repetidas elecciones dudosas, encabezado por el general Sonthi Boonarotilin sacó del poder al Primer Ministro electoThaksin Shinamatra y se volvió a liar, estando marcados los últimos años por una fuerte polarización de la sociedad y, de vez en cuando, por duros enfrentamientos entre ambos bandos; los peligrosos terroristas armados con camisas rojas que nos mostraban nuestros telediarios son mayoritariamente las familias que menos tienen acampadas en las grandes avenidas de Bangkok exigiendo que se respete la democracia, ¿pero qué tiene que decir la democracia si las armas de la Policía y del Ejército y las cámaras de televisión son las que acaban teniendo siempre la razón? ¿Y el Rey? Ah,  pues bien, gracias, gracias, todos lo queremos mucho (y, ¡ay del pobre que no!) y como rezan los cientos de pancartas y carteles: “Long life to the king” (que ya es el reinado vigente más largo del mundo actual).

Todo esto aprendimos en el fabuloso Museo de Historia de Bangkok (bueno, los últimos párrafos no, claro) mientras afuera diluviaba; pero la cosmopolita capital todavía tenía mucho que ofrecer: bajo los impresionantes rascacielos y sobre los canales que forma el río Chao Phraya, afloran los barrios de Banglamphu, Chinatown, Little India y Little Arabia; los mercadillos e infinitos puestos de pinchos y de fruta fresca convierten automáticamente en bulímico a todo amante de la comida callejera, el tráfico colapsa la ciudad y, cuando no, una multitudinaria manifestación por la “reconciliación nacional” que nos obligó a cuadrarnos -coco en mano- ante el himno. Miles de monjes con túnica naranja y hombro descubierto llenan las calles y los innumerables wats -con Budas sentados, de pie, tumbados, vestidos y desnudos- que confieren un aire místico a esta dura capital; pero al caer la noche, los monjes se retiran para dar paso a las ofertas de sexo barato, de pussy ping-pong y otras muchas proposiciones de todo tipo y gusto. Farangs con dinero que se niegan a disfrutar de una vejez estándar en sus lejanos países se abrazan a maquilladas adolescentes en minifalda, que se abrazan a su vez a los puñados de bahts que sus poderosos bolsillos van soltando. Y Bangkok nunca duerme, cuando las últimas disparejas todavía no se han ido al hotel, las mujeres de los puestitos se ponen a la tarea, los monjes salen al alba a recibir las ofrendas y cientos de adolescentes adictos llenan todavía los cibercafés tras una noche de insomnio; mientras el sol, ajeno a todo, aparece ardiendo sobre el río.

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Demasiada capital, ¡nos vamos a la selva! Khao Yai es una reserva forestal con una gran población de monos, gacelas, ciervos, serpientes, dragones de komodo y tigres, entre otros muchos. Nos adentramos en ella, a pelo, se oyen ruidos raros, muchos, venga, p’alante! Trombas de agua, impresionantes cascadas, ¡y más ruidos raros! Horas después, al salir del espesor, habíamos visto de todo tipo de flora y fauna del parque! (menos al tigre, afortunadamente) ¿y para dormir? – Anda, este señor me dice que vayamos a sus casa, qué majo, aunque creo que huele un poco a alcohol… Era noche cerrada cuando nos plantamos en una casa en medio de la selva donde aún no sé por qué motivo se celebraraba una gran fiesta familiar, la comida y bebida desfilaba sin parar, y lo que sobraba iba para los ciervos, que también habían acudido al evento; cuando nuestro anfitrión empezó a sacar mogollón de pasta y una baraja, lo vimos claro:
– Pues muchas gracias, eh? khop khum krab! queeee sueño, nos vamos a dormir, si, si, sleep! sleep!… Ocho horas despues la timba continuaba exactamente igual que la habíamos dejado: – bueno, pues nos vamos marchando… – OK, OK (sospechamos que ni sabían quiénes éramos ni de dónde habíamos salido). Y bajo otra tromba de agua nos fuimos marchando, con el aura del surrealismo a nuestro alrededor.

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Despertar en la selva

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Ayutthaya, la antigua capital mencionada anteriormente fue el siguiente destino tras un vagón tercera clase. Una moderna ciudad había florecido en esa isla llena de ruinas; equipados con una bici – si se pedalea rápido rápido el calor se disimula- las fuimos visitando una tras otra, de la mañana a la noche sin parar, y aún nos quedamos sin ver la gran mayoría…

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Elefantes asesinos

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Un tren de noche nos llevó a Chiang Mai, antigua capital del reino Lanna y actual capital cultural al norte del país, junto a las montañas. Desde allí, tras la obligada visita a los innumerables wats, las montañas y sus tribus nos llamaban. Acudimos raudos: Pai, Soppong, Mae Hong Son… cada día una etapa a lo largo de la frontera birmana entre el lluvioso bosque tropical: pueblos perdidos, cuevas, wats, aguaceros, montañas y valles, y un decadente zoo humano de mujeres de cuello largo -refugiadas birmanas sin derecho a más trabajo que ser atracción de feria – a donde no entramos por dignidad.

Entonces… ¿pa´ dónde?

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No obstante, Thailandia no es precisamente famoso por sus montañas y ya llevábamos más de dos semanas de turismo interior… un tren de vuelta a Bangkok que llegó con retraso y una mala conexión facilitaron mucho las cosas para que pasáramos la noche tirados a las afueras de la estación junto a un buen montón de tailandeses, al más puro estilo indio. Pero el mar de Andamán y su monzón estaban ansiosos por recibirnos y en esa misma noche, con el agua hasta la cintura, pudimmos embarcar en un bote rumbo al paraíso de Ton Sai; meta de escaladores y mochileros de todo el mundo, las playas de Krabi no dejan a nadie sin impresionar: las solitarias calas de arena blanca, los escarpados acantilados y las selvas del interior hacen a cualquier urbanita sentirse un Robinson Crusoe (siempre y cuando a Robinson no le dé por acercarse al otro lado de la penísnula, llena de lujosos resorts).

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Dicdic y yo

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Panee me regala cocos

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Inconformistas somos: “que en la costa este ahora es temporada seca…” Dicho y hecho, en tres horas de bus cambiamos el mar de Andamán por el Golfo de Thailandia, y desde Suratthani embarcamos hacia Koh Phangan, isla famosa por sus masificadas Full Moon Parties… afortunadamente la luna nos apreciaba y en esos días aún estaba media, los guiris ávidos por demacrarse se estaban preparando para la siguiente mientras sus castigados hígados aún se recuperaban de la anterior, y Koh Phangan era prácticamente una isla desierta con muchas ganas de tratarnos bien.

Cuatro días después, la diminuta isla de Koh Tao (isla de las tortugas) era la última de nuestro circuito playero, famosa en todo el sureste asiático por sus inmejorables fondos marinos. Y frustrado (provisionalmente) nuestro proyecto de sacarnos el título de submarinismo, nos dispusimos a conocerla en superficie, a pie o en bote, de cala en cala, nos conformamos con su más que satisfactorio snorkel. Con sus vastos arrecifes de coral alrededor, Koh Tao es como hacer el gamberro y sumergirse en el acuario de nuestra Expo: uno se ve continuamente rodeado de peces de todo tipo que picotean alrededor y de abundante flora y fauna marina; si hay suerte hasta se puede nadar entre tortugas y tiburones (vegetarianos). Por lo demás, la isla me decepcionó un poco: ya no era la remota isla donde iban a perderse los gipis que había sido hace años y cuya idea aún me rondaba por la cabeza; era un caro destino de reciente construcción que iba rápida e irremediablemente arrasando con los espacios naturales y su vida tradicional; y fue principalmente gracias a la ayuda y el cariño de Eva y Sebas -dos infatigables viajeros e instructores de buceo-, además de por esos incomparables fondos, que me llevo un gran recuerdo de la isla.

Fauna autóctona

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Era la hora: tocaba emprender la vuelta. Una tremenda tromba de agua y una masiva estampida de ratas nos daban la bienvenida, una vez más, a Bangkok. Fin de etapa.

Nos vamos como venimos

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De nuevo en solitario, en un tren que me sacaba del país, estaba a punto de cumplir una promesa: era febrero cuando prometí a un diminuto Mekong en el sur de China que le volvería a ver más adelante. Ahora, un impresionante río que arrastraba las aguas del monzón me separaba de Laos, al otro lado del Friendship Bridge.

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Zaijian! Tashi delek!

14 marzo 2010

El Tíbet, una meseta infinita elevada a 4.000 metros sobre el nivel del mar, poblada desde hace más de 30.000 años, se expandió a lo largo de las montañas a golpe de cuchillo hasta el S.VIII, época en la que aparecieron los primeros misioneros budistas llegados desde Nepal e India, que poco a poco se integraron y transformaron en el país más místico del mundo la chamánica sociedad Bön que existía en el momento y que aún perdura. País históricamente cerrado a los extranjeros, que mantenía pequeñas relaciones comerciales con sus vecinos, y que su pequeño ejército de monjes nunca pudo evitar reiteradas invasiones de mongoles, manchús, británicos y chinos; donde hasta mediados del S.XX las únicas ruedas que se usaban eran las que envíaban mantras de oración a los cielos. Donde el poder político y religioso recaía sobre el Panchen Lama y Dalai Lama, reencarnaciones infinitas del Buda Amitabha y del Bodhisattva Chenresig respectivamente, hasta que la humanidad alcance el nirvana…

Cada día iba leyendo más e intentando recopilar más y más información sobre un territorio y una historia que me eran totalmente desconocidos. Pero aún tenía 10 días de larga espera y había que aprovecharlos.
El Emei Shan fue el elegido para empezar esta ruta por Sichuan que injustamente me resultaba más una excusa para hacer tiempo que un interés real en la región.

Emei Shan es una de las cuatro montañas sagradas que hay en China, y entre sus faldas pobladas por selvas tropicales se esconden decenas de templos y monasterios (cientos, antes de que la mayoría fueran arrasados durante los años de la Revolución Cultural), monos que amenazan a los montañeros si no se les paga “una cuota” y un magnífico y místico ambiente de paz y tranquilidad. Y todo esto sería aún mejor si no hubiese que pagar la clásica y abusiva entrada de los Parques Naturales chinos, cuya inversión va mayormente dedicada a someter a la naturaleza en beneficio de la infinita vagancia humana: los caminos que comunicaban los pueblos fueron sustituídos por cientos, miles, millones!! de escaleras que destrozan el paisaje y las rodillas a partes iguales; para evitaresto, paralelamente a las escaleras asciende una carretera hasta el aparcamiento superior – curioso agujero espaciotemporal en el que la paz de los solitarios templos en plena montaña y el silencio de la naturaleza dan paso al Paseo Independencia en plenas Fiestas del Pilar-. De ahí aún quedan 600 metros de ascenso hasta la cima, problema que se atajó con un teleférico y un monorraíl; pero si alguien, mas comprometido con el ecosistema prefiere disfrutar de las vistas a pie de escalera, siempre puede alquilar amables costaleros que le lleven a hombros en una cómoda tumbona ¡No se quede sin su montaña solo por tener unos huevos como el caballo de Espartero, tenemos opciones para todos los gustos y bolsillos! debe comentar el cartel en chino de la entrada…
Desde la cima se pueden contemplar las cuatro maravillas del Monte Emei, estaba totalmente nublado y no vi ninguna, salvo el mar de nubes que tímidamente se apareció durante algunos minutos.

Al bajar del monte, ¡todavía faltaban siete días! Qué largo se estaba haciendo esto… Regresamos a Kangding en un largo bus de montaña, allí nos sorprendió una gra nevada que amenazaba con impedirnos continuar el viaje preparado, e incluso regresar a Chengdu el día esperado.

Con dos palmos de nieve en el suelo, el conductor del autobús con el que habíamos concertado una cita el día anterior para salir a las 8 hacia las altas praderas de Tagong, se lo debió pensar dos veces y nunca apareció por ahí, con lo calentito que se estaba en la cama! los otros conductores a los que preguntábamos señalaban el suelo y decían que de Tagong, ni hablar! Tuvimos la suerte de encontrar al más valiente (la valentía se cotizaba cara ese día) y al llenar la furgoneta engañando a unos cuantos pasajeros más, salimos para allí.

Tagong es una aldea en el área del Kham (como se conocía al Tíbet oriental antes de ser seccionado) en las heladas alturas del altiplano. Es una calle habitada principalmente por monjes y yaks, bajo las altas cumbres que la rodean.

Y aunque se agradecía enormemente la hospitalidad y la tranquilidad que se respiraba en ese lugar, los días empezaban a correr y la carretera consumía la mayor parte del tiempo de este improvisado “road trip”. Así que con escala en el pueblo de Danba, volvimos a Chengdu a tiempo, y esta vez sin correr, para poder estar todos bien puntuales esta tarde en la estación (bien soy consciente de que el destino me debe una venganza y de las gordas tras años y años de llegar corriendo y en el último minuto a estaciones y aeropuertos, pero no será hoy cuando le dé ese gusto).

Y con Chengdu digo adiós a un país del que mucho esperaba y me ofreció más, donde he invertido más de la mitad del tiempo de este viaje y todavía habría podido permanecer mucho más. La inocencia, curiosidad, amabilidad y el cariño de la gente ha sido, con mucho, la experiencia más gratificante; la impotencia de no poder llevar a cabo una comunicación más fluida (qué soberbia! dejémoslo en una comunicación), la más desesperante; la firme esperanza de regresar un día hablando mandarín, la más utópica; la inconsciencia de mandarme todo lo que caía a mi plato, la más osada; la costumbre de ver aparecer tímidamente el sol tras una gran capa de mierda, chimeneas soltando de todo, montones de basura decorando la montaña y el monótono sonido de rasgados de garganta y su consecuente ñardo en todo momento y lugar, la más asquerosa; la diversidad de paisajes y su espectacular belleza, la más impresionante; la sensación de compartir un “cuarto de baño” con otros veinte compañeros que conversan animadamente mientras cada cual evacua lo suyo, la más surrealista… y así podría seguir y seguir. De política no hablo, como veis, porque no estoy en condiciones, porque me ha resultado incomprensible, porque creo que para empezar a entender algo hace falta primero comprender una sociedad tan diferente a la nuestra, por muchas razones sólo añadiré una frase de Sabina: “y en vez de las respuestas que buscaba, un ciclón de preguntas me esperaba”…

¡Os espero en Nepal!

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Soñando con el Tíbet

2 marzo 2010

Chengdu -dia 136-

Lhasa, la ciudad sagrada, fue a lo largo de la historia una ciudad prohibida para los extranjeros que despertó en Occidente todo tipo de fantasías, curiosidades e incluso unas cuantas locuras consecuencia de esa fascinación natural que generaba comprender aquello que se les negaba conocer.
Ahora, 60 años despues de la “liberacion pacifica del Tibet” que tantos libros se jactan de publicar, 60 años después de llevar a la región el desarrollo y la democracia, y de abolir el tradicional sistema feudal; ahora la situación no ha cambiado para mejor… Tras más de medio siglo de dominación china, por fin la rueda ha entrado en el Tíbet, e incluso un tren une Lhasa con el resto del país atravesando valles y montañas a más de 5.000 metros de altura, pero algo ha permanecido constante a lo largo del tiempo: nosotros seguimos sin poder entrar.
Y ya no son monjes o guardias a caballo quienes se encargan de preservar las tradiciones y mantener alejado al extranjero, sino una impenetrable y feroz burocracia china capaz de hacer desistir de sus firmes planes de ascenso al más tenaz.
El procedimiento es largo y tedioso:
desde el Gobierno se defiende que Tíbet es una región más del país pero los extranjeros necesitamos un “permiso especial” para poder acceder. Cuando la región permanece “abierta”, es decir, cuando se expiden estos permisos -situación que varía aleatoriamente en función del estado de la almorrana del señor que decide cuando abrir y cuando cerrar- este papel virtual sólo se puede adquirir por medio de un touroperador y acarrea obligatoriamente y sin excepción el pack de vehículo, conductor y un guía que se convertirá en tu sombra mientras permanezcas en el terreno… todo el mundo puede imaginar los gastos que esto supone y los beneficios que esto está generando a unos cuantos, además de todos los que Tíbet esconde bajo el suelo. Pero aún hay más: todos los accesos por carretera (que no formen parte de un tour organizado) están totalmente prohibidos a los extranjeros y ¡ay del pobre guiri al que se le ocurra colarse! porque el Gran Hermano todo lo ve y todo lo sabe. El viajero atrevido y curioso, al menos antes contaba con la hospitalidad y el cariño con el que los vecinos tibetanos le acogían, protegiéndole y escondiéndole a su llegada, pues era su única vía de contacto con el mundo exterior. Antes… ahora el Gobierno penaliza duramente con multas y castigos al desgraciado pueblo por el que se acerca un extranjero ilegal, ahora el nuevo recibimiento tibetano suele consistir en emprender a pedradas a todo aquél que quiere acercarse por allí sin su guía y su coche. Así que para el que ni quiere ni puede permitirse volar a Lhasa, la única vía de acceso que tiene es este reciente tren que sube a las nubes, pero aquí todo el mundo quiere sacar tajada, amigos, así que en cuanto estos billetes salen a la venta, no tardan ni cinco minutos (literal) en desaparecer a manos de unas cuantas empresas que monopolizan el mercado y los revenden a precios abusivos. Y el cuento suma y sigue…

Y aquí estoy yo, perdido. Mucho he sacrificado en las últimas semanas para poder estar a tiempo a las puertas del Tíbet y superar todos estos problemas para los que ya venía advertido; muchos sueños y esperanzas puestas a este y al otro lado de las montañas, y un proyecto de viaje que a estas alturas ya no puede pasar por otro lugar que no sea por el Tíbet… Pero de nuevo, hoy, tras todas las filas y papeleos pertinentes, a la hora en punto que deberían salir a la venta, de nuevo “Lhasa meio” (no hay billetes para Lhasa).
Y las autoridades van contando los días que faltan para que me expire el visado, y yo, sin saber qué hacer ni qué camino tomar, con un sueño que cumplir…

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Entalto!

24 febrero 2010

Las fotos no terminan de hacer justicia al lugar, pero menos es nada…

Mis disculpas, hoy no hay tiempo para texto. Me sigo metiendo monte adentro y tengo que aprovechar ahora para seguir adelante, que se me despejó la carretera de nieve.
Os dejo estas primeras imágenes tibetanas de los últimos días de ascenso por la provincia de Yunnan.
Otro día, más!
Besicos y sonrisas















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…y de los Alpes al Himalaya

15 febrero 2010

Dali -día 122-

Porque los sueños están para cumplirlos.
Y aunque este rincón del mundo, tan idealizado por montañeros y viajeros no estaba contemplado en este viaje (aún sigo sin comprender los motivos), el tiempo -como se suele decir- puso a cada cual en su lugar, y a mí me trajo para acá en cuanto se le presentó la oportunidad.
Hoy los he visto, por fin, tras una noche entera subiendo desde las selvas tropicales: las primeras grandes sierras se elevan hacia todas direcciones desde Dali, y yo pienso ir detrás de ellas… Pese a toda la emoción, hoy solo fue jornada de introducción: visité varios monasterios y templos budistas en la Sierra del Jade Verde, que se extiende hasta el Tibet e India en direcciones norte y oeste, respectivamente.
No obstante, fue un gran anticipo de lo que nos espera arriba en las próximas semanas…

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Rumbo al oeste

10 febrero 2010

Jinghong, Xishuanbanna -dia 116-

De nuevo, espero comprensión por el vacío de información de los últimos tiempos, vuelvo a la carga con las últimas novedades:

Macau, para ser uno de los países más pequeños del mundo, resulta además ser dos países completamente diferentes: por un lado, preciosas calles, plazas, iglesias y monumentos, vestigios de un pasado colonial portugués no muy lejano que dio a la península un sorprendente aire mediterráneo, decorado ahora con todos los adornos que anuncian el inminente Año Nuevo Chino. Por otro lado: la vida nocturna y el juego; siendo que los casinos están prohibidos en Hong Kong y China en una sociedad con tendencia a la ludopatía, no sorprende que desde que me monté en el ferry que me trajo siguiendo la costa desde Hong Kong me inundaran de publicidad prometiéndome fortunas. Y cuando las luces de los palacios y los retablos portugueses se apagan, una nueva ciudad no apta para epilépticos despierta, disparando sus neones por todo el país.

Y al margen del aspecto exterior de Macau -donde destaca con mal gusto desde cualquier punto el Casino Lisboa-, del casco antiguo patrimonio de la humanidad, de cierta gastronomía y de la mayoría de rótulos escritos en cantonés y portugués; nadie siente la más mínima afinidad por el lejano Portugal ni por su lengua -cooficial en el país- totalmente incomprensible para el 99% de los macaenses.

Debí tener a todos los astros en mi contra mientras pasaba por Macau y todo me salía mal, sobra decir que solo entré en los casinos para observar la fauna, además de que con todo lo que llevaba encima no me llegaría ni para el parking, sí me extrañó en cambio que el monstruo de la entrada no me tirara para atrás al solo ver mis pantalones de batalla, pero sorprendiéndome y sorprendiéndoos, entré, miré y me fui. Y me fui del todo, preparando mi hatillo a la noche siguiente y regresando al agradable caos chino, emprendiendo nueva ruta, tomaría el camino del oeste recorriendo todo el sur de China esperando escalar algún día al esperado y prohibido Tibet.

Pasé de nuevo rápido por Guangdong, al refugio de caras conocidas, y la región de Guangxi fue la siguiente parada. Rural, pobre y aislada, la Región Autónoma de Guangxi es rica en minorías étnicas e impresionantes paisajes.
Incluso en la caótica ciudad de Guilin es facil encontrar una piedra y descansar a la orilla del río Li, donde los flautistas aprovechan para practicar, los pescadores faenan en sus canoas de bambú, muchos pasean o practican tai-chi, y yo escribo. Y así, en un ambiente que echaré de menos en cuanto cruce la siguiente frontera, el tiempo pasaba sin darme cuenta.

Si así es la ciudad, podéis imaginar cómo es el campo: una barcaza me descendió el río hasta el pueblo de Yangshuo, no puedo describir los paisajes ni colgar muchas fotos, pero espero que estas imagenes me ayuden un poco…

Uno de los momentos más especiales de todo el viaje fue cuando me perdí en bici por los alrededores, entre ríos y escarpadas montañas tropicales, llegando a pueblos anquilosados siglos atrás, recibiéndome la gente con sonrisas a falta de poder llevar a cabo cualquier otra comunicación… no soy tan bueno escribiendo para poder describir lo que me supuso Yangshuo, pero entre otras cosas, una mezcla de felicidad y satisfacción junto a más ganas de querer seguir conociendo y comprendiendo. Quería más, y me adentré en la montaña; a más de mil metros de altura la vida no es fácil, y la gente tuvo que adaptarse para poder cultivar en estas condiciones excavando terrazas por todo el valle, tan altas como las propias montañas, las mujeres allí conservan sus trajes tradicionales, y su pelo, enrollado bajo el pañuelo, llega hasta más allá del suelo. Yo regresaba a la montaña tras más de tres meses de tierra plana, y lo aproveché bien, pateando montes y pueblos tan a gusto, que perdí el último autobús para volver al mío, me tocaba andar… y mucho; afortunadamemente un coche pasó y me llevó valle arriba, pero ¡oh!media montaña se acababa de desplomar sobre la carretera, me tocó andar al final.

En Guangxi pasé más de una semana, y habría seguido muchas más, pero de nuevo mi visado y el viaje me lo impedían. Otro tren de pollos me llevó, tras muchas horas de viaje, a la región de Yunnan. Kunming, la capital, no tenía más particularidad que un reencuentro fugaz con Fátima y Kimmo, que hacían ruta parecida a la mía, pero de oeste a este, camino de Vietnam. Tango y yo marchamos para el sur de la región, a Xishuanbanna, último pedacito chino enclavado entre las fronteras de Laos y Birmania, conocido como “la pequeña Thailandia china”; una gran zona de selva tropical, donde el calor aprieta y a mí me gusta, y una esencia de sureste asiático predomina en el ambiente. Contrastando con la mayoría “han” del resto del país, los “dai” son la etnia principal en la región, y el thai se antepone al mandarín en todos los carteles, el pollo con coco es la especialidad culinaria y los elefantes pueblan las selvas que rodean a Jinghong, ciudad atravesada por el Mekong, donde tuve mi primer contacto con este “compañero de viaje” que desde su nacimiento en las mesetas del Tibet hasta su desembocadura en el sur de Vietnam, espero coincidir a menudo con él en los próximos meses. Estos alrededores pude recorrerlos ayer en bicicleta hasta encontrar una cascada perdida en medio de la selva, atravesando pueblos que me recibían con las mismas sonrisas y hospitalidad que viene caracterizando a los chinos.

Y ya, aprovecharé estos últimos días escondiéndome selvas adentro para disfrutar de un último y prolongado contacto con pueblos y naturaleza más inaccesibles, y de mis últimos días de manga corta y sandalias antes de dirigirme, a principios de la próxima semana (ya que el Año Nuevo y la paralización del país entero que supone, me ha dejado tirado aquí sin poder moverme) a las montañas que llevo tiempo esperando, al reencuentro con la nieve y el hielo que prometen viajar conmigo en las siguientes semanas de viaje.

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Continuacion…

23 enero 2010

Hong Kong -dia 98-

Me desperte dolorido y algo confuso (demostrandome que despues de esto ya me puedo dormir en cualquier parte) y al mirar por la ventana… no podia creerlo: agua, mucha agua! en rios, en lagos, y sobre todo, en estado liquido!!A su alrededor un verdor exuberante que me transportaba a otros viajes anteriores, pero no a este! Desde aquel momento se me puso una tonta sonrisa en la cara que aun no me he podido quitar de encima.

De China

LLegue a Guangzhou, meti corriendo y a presion todos los abrigos en la mochila, haciendo casi saltar las cremalleras por los aires y tome el transporte publico para ir a la casa donde me esperaban: la moto. Yo iba de paquete, recibiendo la brisa en la cara bajo las palmeras, y si la conductora suicida me hubiera permitido liberar una mano, me habria pellizcado  para descartar una pesadilla de mal gusto causada por la falta de oxigeno del tren de los pollos (me permitireis que me recree en esta descripcion de calor, pero tras tres meses a bajo cero disfruto hasta los picotazos de los mosquitos).

Mis anfitriones resultaron ser una pareja de franceses que me cuidaron como mi mama. Viajando por el mundo desde hace varios meses, sin incluir China en sus planes de viaje originales, entraron en el pais hace un mes, les encontro una oferta de trabajo y acaban de firmar un contrato por tres agnos… asi de poco seria es esta vida, chicos. Y la estancia con ellos fue sin lugar a dudas lo mejorcito de la ciudad, que por otra parte resulto de lo mas interesante: Guangzhou o Canton es un historico puerto comercial situado en la bahia del rio de las Perlas, que lleva comerciando con occidente desde que se asomaron por estas tierras los romanos, luego fue la principal base de la ruta maritima de la Seda, a los portugueses les gusto el sitio y se apagnaron un terrenito en Macau, 60 km rio abajo… todo iba muy bien (sobre todo para los chinos, que exportaban mucho mas de lo que importaban) hasta que, como suele pasar en la Historia, llegaron los ingleses; a finales del siglo XVIII y descargaron un porron de cajas de opio proveniente de Bengala, y dejaron adictos a la mitad de los chinos (ahi China aumento considerablemente las importaciones) y el emperador les dijo que de eso nada, que se llevaran su “sucio barro extranjero”, y entonces les invadieron. Y la corona britanica, que se sentia ultrajada porque los chinos les habian confiscado 20.000 cofres de opio, les hundio los barquitos, se anexiono Hong Kong, les cobro una pasta por dagnos materiales y morales e hizo firmar al emperador el restablecimiento total del comercio de amapolas. Era el tratado de Nanjing, al final de la Primera Guerra del Opio.  15 agnos mas tarde, los franceses se dieron cuenta de que, oye, esto esta mu bien, y se volvieron con los ingleses a pegar unos cagnonazos a Guangzhou, Shangai y Beijing, abriendo nuevos puertos comerciales y edificando pequegnas ciudades coloniales en Guangzhou y Shangai. Tratado de Tianjin, Segunda Guerra del Opio.

Opios aparte, la ciudad de Guangzhou tiene varios jardines tropicales que le sacan a uno de una de las ciudades mas grandes de China, eso junto a los innumerables mercadillos donde uno encuentra, todo!!y una mistica ruta por la ciudad que me llevo a un monasterio budista, un centro taoista, la mezquita donde supuestamente esta enterrado el tio de Mahoma y una catedral gotica, hicieron de la ciudad un recuerdo mas que agradable.

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Un autobus de tres horas y otra frontera, me llevaron a Hong Kong, y esto es otro mundo…

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Volviendo a la historia, en 1898 China le “presto” a Gran Bretagna los Nuevos Territorios (las tierras peninsulares que rodean la isla de HK) y los ingleses les devolvian todo a los 99 agnos. Asi que en 1997, con muchos fuegos artificiales y mucha parafernalia, esto cambiaba de duegno. El problema, que aqui habia 7 millones de personas que les hacia bastante poca gracia pasar a formar parte de China y su “socialismo con caracteristicas chinas”… ya esta liada otra vez! Al final se les dejo por 50 agnitos mas como Region Administrativa Especial de Hong Kong y luego ya hablaremos, total, como el 2047 nunca llegara, ya podemos seguir tranquilos…

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Entre sus rascacielos y sus famosos neones, abundan a pie de calle templos budistas, mercados de hierbas medicinales, pescadores de toda la vida, mercados de bichos de todo tipo -muertos y vivos, de compagnia o de merienda- y todo un exotico batiburrillo consecuencia de la herencia china, britanica y de todas las migraciones desde cualquier rincon del mundo que han terminado por aqui. Cruzarte por la calle a un extranjero es lamentablemente casi tan frecuente como observar entre cartones a otra victima del capitalismo salvaje que se impuso en la isla. El calor y la humedad lo abarcan todo, y en esos raros momentos en que las nubes levantan, aparecen los verdes picos sobre el mar y las playas tropicales, que, rascacielos fuera, me recuerdan esas lejanas Islas Canarias. Y de paso, dedicado especialmente para esas sufridoras de La Orotava, que habeis deseado cientos de veces al volver cuesta arriba hasta casa despues de un duro dia o una larga noche?… venga, que seguro que lo habeis pensado todas… a que si? Pues si, existe de verdad! Una escalera mecanica gigante!! concretamente la mas larga del mundo que conecta el mar con los barrios mas elevados… Ale, a ver quien se acerca con las fotos (que espero subir pronto) a dar ideas a casa del alcalde.

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Bueno, y ya vale por hoy, que es dia de playa y el Pacifico me espera…

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Hasta la proxima entrada!

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