Archive for 18 mayo 2011

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Nuevos vientos

18 mayo 2011

Coron Island, Busuanga, Filipinas

-día 587-

Una bola rojo fuego asomó por el este iluminando los cráteres que agujerean Java Central, que despuntaban por encima de las nubes; al atravesarlas apareció ante nuestros pies la ciudad de Jogjakarta, entre los verdes arrozales y las faldas de los volcanes. No era así como se suponía que debía llegar a Java, un vuelo para una distancia fácilmente realizable en dos días de viaje me parecía un insulto a mi manera de viajar, pero el agujero que volvió a resultarme Bali no me había dejado otra alternativa.

De 19 Indonesia II

Jogja -como se la conoce familiarmente- es una ciudad joven, dinámica, llena de estudiantes y actividades diversas, es un centro cultural de referencia en Java y en Indonesia, y su pasado, arquitectura y vivas tradiciones siguen reclamando dia a día la capital que en otro tiempo fue, hasta que los holandeses crearon la metrópolis de Jakarta.

De 19 Indonesia II
De 19 Indonesia II

Tuve la suerte de reencontrar allí a Daniela, la amiga ecuatoriana que conocí meses atrás en Flores, que me introdujo en su círculo de amistades, y fue parcialmente responsable de que los días transcurrieran entre la improvisación y el relax de quien vuelve a un hogar conocido; creándome un riesgo potencial de cavar otro agujero que me retuviera por largo tiempo. La ciudad entera vive la resaca de la última erupción del Merati del pasado noviembre: aún puede verse humear al volcán en una soleada mañana, miles de desplazados continúan sin hogar, los pescadores siguen excavando cenizas de un río gris sin vida, y centenares de trabajadores rascan delicadamente con tallos de arroz todo el hollín depositado sobre budas, barcos y otros relieves en la gran stupa de Borobudur, la stupa budista más grande del mundo, un gran mandala tridimensional levantado hace más de mil años.

Son las seis de la tarde en Indonesia occidental, una mezquita hace su llamada a la oración mientras el sol se pone ensombreciendo Borobudur, el aire de nuevo huele a incienso y rosas, y algunos hogares y comercios hacen ofrendas a dioses y espíritus… ¿en qué otro lugar de la tierra puede uno encontrar este fascinante ambiente?

De 19 Indonesia II
De 19 Indonesia II
De 19 Indonesia II
De 19 Indonesia II

Pero esta vez no hay tiempo para más, me habría quedado más días, más semanas, podría fácilmente incluso establecerme por un tiempo en esta agradable capital javanesa, pero no ahora, ahora era uno de los pocos momentos donde no podía. Un avión que no puedo perder me espera en Jakarta, 500 km hacia el este, en dos días exactamente. Recorrí esa distancia en tren, para apreciar superficialmente el paisaje javanés, que me sorprendió muy gratamente. En lugar de las macrociudades, fábricas y polución que cabría esperarse de la isla más poblada del mundo, me encontre montañas, terrazas de arroz, ríos y selvas… aunque una sorpresa aún mayor me esperaba dentro del tren; después de haber pasado largas temporadas en el transiberiano ruso, los masificados trenes chinos, los incómodos trenes thais y los caóticos ferrocarriles indios, pensaba que ya poco me quedaba por aprender en asuntos ferroviarios… sin embargo Indonesia tenía, de nuevo, la última palabra: el desfile constante de vendedores y pedigüeños durante las nueve horas de trayecto fue todo un homenaje tanto a la originalidad e inteligencia de los vendedores, como al horror de los más desgraciados, desfile llevado con la dignidad y el respeto propios de una reunión diplomática.

De 19 Indonesia II
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Jakarta, la temida, desde mucho antes de llegar a Indonesia me había cansado de leer referencias negativas sobre ella; desde que pisé el mayor archipiélago del mundo me acostumbré a que la gente hablara pestes de su capital… pestes que al principio yo también me creí. Detrás de la moderna estación de tren me vi en la complicada tarea de encontrar el bus correcto a mi destino, una vez dentro, deduje que si no saltaba del bus en marcha con todo mi equipaje iba a terminar en la última parada, puesto que pocos conductores osan detenerse tal y como está el tráfico aquí. Pero en mi parada me esperaba Neyni -otra amiga que había conocido meses atrás en Bangkok, junto a otros viajeros venidos de todo el mundo-, que me alojó en su casa con su adorable familia y me permitió el lujo de mirar el lado más amable de Jakarta. Junto a otros amigos visitamos warungs, museos, transportes, cafés… de día y de noche, de todo tipo. La otra gran ventaja de estar en una cosmopolita capital es que es un inmejorable lugar de paso y residencia para viajeros, lo que me permitió volver a ver a otras viejas caras que había conocido tiempo atrás durante mi recorrido asiático, y conocer a unas cuantas nuevas Así pues, a esa última noche-despedida que organicé acudieron a la reunión Ani, de Jogjakarta; Ully, de Sulawesi; Neyni, de Bangkok; y Bruno, de Kuala Lumpur, acompañado de una preciosa sorpresa de cuatro meses. Ellos me brindaron la mejor despedida de una tierra a al que estoy empezando a concebir como propia. Me quedaba una última despedida: una carrera contra el tiempo por las calles de Jakarta, donde el concepto “atasco” cobra una nueva e inimaginable dimensión; una llegada al aeropuerto 10 minutos antes de que despegase mi vuelo, con la facturación ya cerradísima y ninguna esperanza de embarcar; y una comprensión con sonrisa incluida por parte del equipo de Air Asia, que me permitió tomar el primero de esa conexión de vuelos sin ponerme problemas. Tras esta despedida tan emotiva como la anterior abandoné, de nuevo y por largo tiempo, Indonesia.

De 19 Indonesia II

¿Pero adónde voy? Creo que es momento ya, tras dos meses de secretismos, de revelar la próxima etapa del viaje: el vuelo desde Jakarta era hasta Kota Kinabalu, donde me reencontraría con Borneo fugazmente, puesto que al día siguiente tomaba otro avión hasta Manila. Filipinas había sido siempre un destino muy esperado, pero desgraciadamenet no sería esta vez cuando le dedique el tiempo que merece, puesto que el último de los vuelos lo tomaría diez días más tarde desde la misma Manila despidiéndome, esta vez sí, de Asia, una Asia que decidí visitar a última hora antes de la partida, donde esperaba haber pasado 3 ó 4 meses, y de donde no me habría ido.

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Destino:  Saipan, Islas Marianas del Norte, en Micronesia. Tras meses de intensa búsqueda y de enviar varias solicitudes, por fin encontré lo que tanto había querido: un pasaje en barco-stop hasta las Américas, a través del Pacífico y el Ártico, hasta Vancouver, en la costa oeste canadiense. Desde Saipan.

Indonesia estaba en la ruta hacia el archipiélago de las Marianas como el trayecto más económico que encontré, fue una decisión de última hora, y un gran acierto. Ni el “tener que volver” al lugar que había dejado recientemente, ni lo precipitado de la elección impidieron que disfrutara cada uno de los momentos en una tierra que se ha convertido en uno de mis lugares preferidos sobre el planeta, por su gente, principalmente, que consigue superar con creces a sus magníficos volcanes y fondos marinos, a sus playas y templos.

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Benny, Eve, Purnomo, Leni, Sita, Erik, Rama, Asen, Hasan, Fitri, Lina, Angie, Tianri, Senddi, Papagero, Mama, Yudi, Ratna, Kumi, Kaye, Dean, Sara, Babitha, Kasia, Hazel, Jose, Chris, Daniela, Ale, Karli, Ani, Ina, Neyni, Sari, Bruno, Ully… y tantas y tantas sonrisas anónimas:

TERIMA KASI UNTUK SEMUA DAN SAMPAI JUMPA!

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El canto del gekko

6 mayo 2011

Ubud, Bali, Indonesia

-día 569-

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Minutos antes de aterrizar, unos versos de Sabina se repetían en mi mente una y otra vez: “en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, decían. Eran unas sabias palabras, y sabía lo que arriesgaba regresando, pero ante todo era consciente de adonde venía, Indonesia es un país de extremos, aquí los momentos más duros y desquiciantes están separados por una fina línea del amor incondicional y la felicidad más pura, bien lo había aprendido la vez anterior de la manera más dura.

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Purnomo me esperaba en el aeropuerto para entregarme la moto que me daría libertad para moverme por la isla durante los próximos días; pero ya conocía Bali, el plan inicial era únicamente visitar a mis amigos y cruzar lo antes posible a la cercana isla de Java, objetivo principal de este regreso a Indonesia; el día 12 de mayo otro vuelo me esperaría en Jakarta para ejecutar el siguiente paso de esta nueva etapa del viaje, tan matemáticamente preparado.

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Volvía a lo que tanto había añorado, de repente, todo volvía: el calor, el ruido, los olores, los sabores, los templos, las sonrisas… todos aquellos detalles que meses atrás formaban parte de mi imperceptible rutina, de repente volvían a la vida, y con cariño e ilusión iba recuperando uno a uno todos mis recuerdos. Me volví a encontrar con muchas caras conocidas, y conocí muchas nuevas, los días volvían a ser infinitos y emocionantes, pero transcurrían en un suspiro, las situaciones surrealistas y el sentimiento “pero-cómo-he-llegado-yo-aquí” formaban parte de la rutina cotidiana, constantemente me veía envuelto por una energía y una felicidad como hacía tiempo que no sentía… y los gekkos volvían a cantar en las cálidas noches.

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Buscando alejamiento de los lugares que ha corrompido el sucio negocio del turismo de masa, regresé a los templos, pasé varios días viviendo con una entrañable familia balinesa en la montaña, toqué el gambelan en una celebración, presencié el tratamiento de unas migrañas por un chamán en una remota aldea del interior, encontré una catarata en medio de la selva, aportamos la frescura y las ganas de jugar a un orfanato en la ciudad de Denpasar y nos llevamos mucho más en un evento organizado por el grupo local de Couchsurfing, en el que además de los juegos, canciones y obras de teatro, dos dentistas locales, una enfermera filipina y yo aprovechamos para hacer un chequeo médico a 29 niños y niñas; el trigésimo paciente del día fue un adulto que se ahogó horas después en una piscina y que tuvimos que reanimar y envíar al hospital ante la pasividad del contemplativo público…

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Me había preparado tres o cuatro días para Bali, ya llevaba una semana… ¡y aún quería más! A base de robarle días a Java, en el último momento decidí regresar al pueblo de Ubud que tan bien me había tratado la vez anterior… y ya no pude salir. El buen ambiente de una casa de viajeros que amablemente me alojaron ha impedido toda posibilidad seria de volver a hacer la mochila, las actividades en grupo, las charlas nocturnas, el ambiente multicultural, los diversos talleres, el aprendizaje colectivo, las cenas internacionales y mucho más son los responsables directos de que haya cancelado las ascensiones al Gunung Ijen y al Gunung Bromo, famosos volcanes javaneses, y de que termine cancelando otras muchas visitas que tenía preparadas. Pero no me arrepiento en absoluto; creo que cuando ya se llevan meses en la carretera, desgraciadamente llega un momento en el que todas las montañas se parecen, y también los templos, y las cuevas, y todas las islas paradisíacas; pero la gente que se cruza en tu camino siempre es nueva, con todos se comparte y de todos se puede aprender algo, y creo estar descubriendo o confirmando a estas alturas que ése es el motor principal que mueve el viaje.

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Pero sí, iré a Java, no tengo elección ni tampoco tiempo que perder, una nueva e interesantísima etapa del viaje se aproxima mucho antes de lo que pensáis, y para ello he de pasar por Jakarta; todo se sabrá a su debido momento… pero por si acaso os pido que no me os despistéis, que os veo un poco dispersos últimamente y se avecinan cambios drásticos.

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