Archive for the ‘Australia’ Category

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La brújula

27 abril 2011

Asia,

– día 560-

Acabada la vendimia, y a las puertas del invierno, toca migrar y cambiar de aires.

De South West Australia
De South West Australia

Mi visa australiana expira en los próximos días, y mentiría si dijera que he hecho grandes esfuerzos para extenderla; es cierto que contaba con varios proyectos que tendré que posponer: cruzar en autoestop el desierto del Nullarboor, visitar Melbourne y Sydney, conocer mejor la vida de los aborígenes en los únicos espacios que les han permitido vivir, adentrarme en el Pirineo australiano… pero tengo que abandonar el país si no me quiero crear serios problemas.

De South West Australia
De South West Australia

No ha sido éste un país especialmente motivador, en varios aspectos, pero me voy satisfecho con el resultado: vine para trabajar y me voy con algunos ahorros que me permitirán seguir el viaje, he conocido en primera persona muchas de las dificultades que conlleva ser un trabajador ilegal en el extranjero, he cumplido otro reto que tenía en mente, y me voy dejando un buen puñado de buenas amistades que sé que reencontraré en un futuro. Me voy, me voy, me voy… ¿a dónde voy?

De South West Australia
De South West Australia

Siendo honesto, reconoceré que mientras mis manos automáticamente cortaban racimos, mi cabeza andaba lejos, muy lejos del suroeste australiano, y he estado barajando todos los puntos cardinales que me rodeaban:

  • Oeste, occidente, poniente: India… sólo pronunciar su nombre evoca estremecedores recuerdos, sonrisas y aventuras; atravesar el Xinjiang y la cordillera del Karakorum por la mítica Ruta de la Seda; regresar a casa por tierra conociendo y viviendo Oriente Medio…
  • Este, oriente, levante: sigo sintiendo la llamada del continente americano con la misma fuerza del primer día, he soñado con recorrer una tierra hermosa e interactuar con la gente sin las barreras idiomáticas. La excusa de este viaje siempre sigue ahí, tan atractiva, e Itaca, continua esperando en las orillas del Río de la Plata.
  • Desde aquí, al sur, poco queda ya, y es la opción menos seria… ¡qué más me gustaría a mí!
  • Y el norte, septentrión… volver a Asia, regresar a los lugares que ya conozco y conocer otros nuevos, rodearme de caras conocidas y extrañas que no paran de mirarme, y sonríen… Me recreo con los recuerdos y reconozco que lo extraño desde que un avión me abandonó en Darwin, en el norte australiano, hace casi tres meses. Asia fue la gran revelación de esta historia, y se acabó radical y cruelmente en menos de dos horas de vuelo.
De South West Australia

Luego todas estas ideas se mezclan bien mezcladitas, haciendo mil combinaciones, se intentan cuadrar con el escaso presupuesto, se ajustan a las próximas convocatorias del MIR, y en última instancia, es la casualidad quien en un día aleatorio tomará una decisión aún más aleatoria.

De South West Australia
De South West Australia

Estuve a unos segundos de comprarme un vuelo-oferta para Sudamérica, de volar a Nueva Zelanda para seguir trabajando, he mareado el mapa del mundo de tanto darle vueltas, he creído firmemente en muchos planes que se desvanecieron con la misma facilidad que se crearon. Y al final, en el último momento, una idea con la que llevo años fantaseando, pareció tornarse realidad, y tenía la posibilidad ahí, enfrente de mí, a un “sí, acepto” de distancia. Dije sí.

De South West Australia
De South West Australia
De South West Australia

Pero para empezar a llevarla a cabo todavía falta casi un mes, tengo tiempo para prepararme, pero no en Australia. Con escasos días de antelación, compré un billete para un destino conocido, y en el momento de efectuar la compra una alegría casi olvidada se apoderó de mí, sólo superada por la emoción de los instantes de aterrizar y abandonar el aeropuerto.

De South West Australia
De South West Australia

Western Australia quiso dejarme un buen recuerdo y me regaló unos bonitos últimos días, con agradables veladas en nuestro campamento, unos maravillosos anfitriones que me alojaron en Perth, fuego y música nocturnos en las playas de Fremantle, arte callejero e introducción al ambiente más alternativo de la capital, con interesantísimos encuentros y mucha alegría. Xavier y Ulysse, dos de los principales responsables de que me vaya de Australia feliz y con buen sabor de boca, me dejaron a las puertas del aeropuerto.

De South West Australia
De South West Australia
De South West Australia

Casi termino no volando, a causa de absurdas formalidades burocráticas, pero horas después, volvía a sentir el calor húmedo en mi cuerpo, el aire olía a incienso, rosas y basura, la gente volvía a ser dueña de la calle, y yo también sonreía, como todos a mi alrededor.

De South West Australia
De South West Australia
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Celebraciones

18 abril 2011

Al sur de Margaret River, Western Australia

-día 551-

Hoy es otra fecha para celebrar, cumplo mis 18 mesecitos de viaje, 1 año y medio. Tenía pensado escribir una serie de reflexiones sobre este tiempo a la deriva, un pequeño análisis retrospectivo de esta vida vagabunda, unas pinceladas de Siberia y Mongolia, de China e India, del Sureste Asiático, del contraste australiano… Iba a hacerlo, estos casi dos meses de sedentarismo y rutina viviendo en el viñedo incitan a ello, apenas hay novedades, los días empiezan como terminan: intercambiando risas, música y experiencias alrededor de un fuego; y hay poco que contar. Pero el viaje me tenía reservado un pequeño regalo de cumpleaños y el blog me sugirió que ya estaba cansado de leer flash-backs… Mañana terminaremos de vendimiar, es hora de volver a la carretera, y este pasado fin de semana se coló un pequeño anticipo… Nada espectacular, sólo una agradable sensación de libertad que quiero compartir con vosotros.

Selina, la amiga que habíamos conocido en Perth antes de partir hacia el sur nos sorprendió con una visita a los viñedos. El estrés laboral y social de Singapur le pedían a gritos una buena dosis de naturaleza y un viaje sin expectativas ni preparativos. Así salimos un sábado por la mañana rumbo a no-sabemos-dónde. Pero los bosques del suroeste australiano tienen un algo especial, el mero hecho de que haya árboles ya supone un placer visual en comparación con el resto de este desértico país, y la anécdota de que los karris sean de los más altos del mundo era el toque final que hizo que el volante girara a la derecha para perdernos en aquel bosque irreal donde el cielo estaba pintado de verde; divagó la noche entre reflexiones y risas, y la lluvia acompañó a una extraña cálida noche de otoño.

La mañana siguiente comenzó con una inusual dosis de adrenalina, escalando uno de esos eucaliptos de 61 metros de altura, donde una pequeña caseta en la copa permitía vigilar los terribles incendios que periódicamente atacaban la región, y concluyó con un internamiento a las profundidades de ese bosque de extrañas formas de flora y fauna, como sólo se encuentran en Australia. Pero era sólo un fin de semana, ahora los lunes volvían a tomar el significado de día laboral y había que poner fin a la excursión. Selina y Ulysse se encaminarían hacia Perth, y Xavier y yo, de vuelta a las uvas, por la última semana.

– ¿Sabéis qué? -dijo Xavier- es una tontería que nos llevéis hasta casa pudiendo seguir todo recto. Dejadnos en el cruce de Nannup, y ya continuamos nosotros en autostop, serán sólo 80 km, y así no llegáis tan tarde a casa. A las 3 de la tarde sacábamos nuestros pulgares, algo cansados y con ganas de llegar.

Un promedio de un coche cada 30 minutos no era muy prometedor, añadiendo que éstos, a diferencia de lo que la experiencia nos había mostrado, no eran tan amigables como los de nuestra región, nos fue poco a poco haciendo intuir lo que se venía… Los improvisados juegos se acababan, las risas iniciales daban paso a la seriedad y a la impaciencia; un grupo de canguros pasaron saltando junto a nosotros con el atardecer de fondo, haciendo que olvidáramos de golpe todos nuestros problemas. Y poco después, el frío y la noche cayeron como un duro golpe sobre la salida de Nannup. ¿Y ahora qué? Ignorando esta posibilidad, no teníamos nuestras tiendas, la noche era demasiado fría para dormir al raso, no teníamos nada que comer, ni siquiera un litro de agua, y entre los dos no juntábamos 10 dólares…

Definitivamente los australianos de estos valles del interior del país no eran tan amigables ni abiertos como los que conocíamos junto a la costa, y pasadas las 7 de la tarde todos desaparecieron, los pocos que encontrábamos nos mostraron su desprecio en grandes dosis. Un hotel de lujo era el único edificio abierto, y entramos a preguntar, no por el precio de la habitación, obviamente:

    • Hola… ehhh… ¿tenéis algo de comida cruda para vender?
    • Esperad, voy a preguntar al jefe (…)

      Me quedan estas salchichas y algo de verdura… venga, no importa, os lo dejo por 5 dólares, ah, y tomad este poco de pan, os vendrá bien.

Salíamos triunfantes por la puerta cuando salió la señora corriendo, con una gran sonrisa:

  •  Tomad también estas tarrinas de mantequilla.

No habíamos hablado entre nosotros, pero sabíamos lo que íbamos a hacer con eso. Durante nuestra rueda de reconocimiento alrededor del pueblo habíamos fichado unas barbacoas publicas que se accionaban sólo pulsando un botón, con la mantequilla cocinaríamos la mitad de nuestra colecta. El resto sería reservado para el desayuno de un día que se anticipaba complicado…

La cena supo a gloria, afortunadamente en Australia dedican esfuerzo y financiación a mantener unas estupendas instalaciones públicas que se encuentran en perfecto estado. Pero empezaba a hacer frío… ¿y para dormir? Lo supimos sin lugar a dudas, estaban limpios, protegidos, y lo mejor de todo… ¡abiertos!

Good night, everybody!

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¿Te acuerdas de…?

31 marzo 2011

Al sur de Margaret River, Western Australia

-día 535-

No es casualidad que sea éste y no cualquier otro el país sobre el que me ha costado exactamente un año escribir. Hace mucho, mucho tiempo, os dejé pendiente un artículo, evidentemente nadie de vosotros creísteis en ningún momento que lo fuera a escribir alguna vez. Pues bien, Radio Viña se enorgullece en presentar, con motivo del aniversario del evento:

Nepal, mon amour!

(haz clic aquí para leer el artículo)

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¡Ábrete una puerta!

21 marzo 2011

Las uvas no dan para mucha novedad, así que toca empezar a recuperar el cajón de los recuerdos y publicar algunos textos que os debía

Al sur de Margaret River, Western Australia

-día 525-

Todo empieza con la extensión de la primera falange, manteniendo el resto en hiperflexión, mano derecha, habitualmente. ¡Chas! Se establece la primera comunicación, ahora solo toca esperar…

¿Cómo será esta vez? ¿Esperaré mucho? ¿Será el primero? Mmm… apuesto por el octavo… mira, ahí viene uno, saca tu mejor sonrisa, rrrrrrrrrraunnnnnnnn… ya lo sabía: será el octavo.

Uno tras otro van pasando a mi lado, algunos muy cerca, otros se separan, algunos miran divertidos, otros me ignoran, unos pocos miran con asco, con pena… Éste viene despacio, es el sexto, echa el intermitente izquierdo, se detiene sobre el arcén, baja la ventanilla, y sonríe:

–  Hi mate, where are you going?”

– Karridale,

– Cool, jump in!”

Otra vez funcionó, el amor hacia la persona desconocida de nuevo pudo con el miedo, las ganas de ayudar al prójimo vencieron a la desconfianza. Al llegar a Karridale, Wayne reflexionó, y decidió que no le importaba hacer 50 km de más por ayudar a las dos personas que acababa de conocer; la conversación resultaba interesante y entretenida, y aunque venía de hacer un largo viaje ya sabía lo que le esperaba en su destino: el silencio de una casa vacía y la compañía del televisor. Sin embargo, aunque había vivido más de 30 años en la zona, no sabía lo que había al otro lado de los viñedos.

Ya hemos llegado, estas son nuestras tiendas, ¿nos dejaras al menos invitarte a una cerveza, ¿verdad?, no soy muy sociable -dijo Wayne- ¡pero qué importa, vamos! Y sentados en los sillones con el resto de jornaleros de diferentes países pasaron las horas, entre risas e historias. Ya bien entrada la noche, el amable conductor se despidió, alegre y confuso, ¿qué había pasado? ¿cómo he llegado yo hasta aquí? Sólo me faltaban 10 km para llegar a casa y de repente mi rutina dio paso a un surrealismo extraño y divertido. ¡Adiós, chicos, muchas gracias por todo! Seguramente volveré mañana, pero esta vez dejadme que sea yo quien aporte las cervezas.

Y las luces rojas del coche desaparecieron veloces por la pista de arena que conducía al camino principal.

De abrete puertas

Esta no es más que una de tantas bonitas historias que ocurren tras enseñar el dedo en el arcén de una carretera cualquiera. Nuestro coche había muerto tras una rápida agonía de ruido y humo, a tan sólo 50 km de los viñedos donde supuestamente íbamos a trabajar, justo el día antes de comenzar. Y lo que a priori era una horrible noticia, puesto que sin vehículo estábamos totalmente incomunicados en este desierto de viñas, ese contratiempo favoreció que Ulysses, Xavier y yo, grandes amantes del autostop con miles de kilómetros a lo largo y ancho del planeta y un buen puñado de historias divertidas a nuestras espaldas, desempolváramos nuestros pulgares y recuperásemos esta bella manera de desplazarnos por toda la región.

¿Parasitismo? ¿falta de vergüenza? ¿avaricia? ¿miseria? La opinión pública quizás pueda creerlo así, pero nuestra experiencia lo describe de manera muy diferente: como otra modalidad de viaje sostenible, una sencilla manera de facilitar la comunicación y el conocimiento entre desconocidos, de aprender de los extraños, de creer más en la gente. De darse cuenta de una vez por todas de que el mundo está lleno de buenas personas, aunque cueste, aunque nos bombardeen diariamente con imágenes de horror e historias que generen pánico a lo desconocido. Es una de las lecciones más importantes que el viaje me ha enseñado: que la mayoría de nosotros, en Suiza o en Nepal, en los pueblos de Laos o en el centro de Beijing, tenemos una sana curiosidad de de aprender cosas nuevas, de saber cómo viven las personas que vienen de otros lugares, de compararnos… y de ayudarnos. Es algo innato de la condición humana: todos nos sentimos bien ayudando a otras personas, de la manera que podemos, resulta una agradable y satisfactoria sensación, pero antes hay que luchar contra nuestros miedos y complejos, contra la desconfianza y la inseguridad.

De abrete puertas

Y una de las mejores escuelas especializadas en la materia es el autostop. Un minuto de reflexión me hace sonreir: y recuerdo a los amables camioneros polacos, a los conductores argentinos que querían que les cebase su mate, a los dos amigos malayos que sin decirnos nada se desviaron 200 km de su destino para dejarnos allí donde queríamos ir, o a aquellos otros que en lugar de llevarnos a donde íbamos, dieron media vuelta hacia su casa para hacernos disfrutar de una gran comida familiar; me acuerdo de aquella atípica pareja: él, un ex-vagabundo comunista de la meseta castellana que vivía entre cartones, ella, su mujer, una trabajadora social 20 años más joven, que se enamoró y lo llevo a su casa antes de casarse con el; o de aquel conductor marroquí que en su juventud había viajado siempre en autostop, y ahora, poseedor de un vehículo, recogía a todos los autoestopistas que veía; y ese empresario francés enfundado en un traje conduciendo un coche último modelo que tanto dudó en tomarme o no, y al final resultó tan agradecido; también me acuerdo de un camionero español al que paró la policía cerca de París y tuve que hacer de intérprete consiguiendo que no le multaran, o de un médico que venía de hacer tres días de guardia continua, y que probablemente se hubiese dormido sobre el volante si no le hubiera tomado el relevo en la conducción, o de aquel alemán que terminó tan contento de haber podido practicar su olvidado español durante los últimos 600 km… y de tantos, tantos otros. Y cómo no, me acuerdo del coche-pollo.

De abrete puertas
De abrete puertas

Todos ellos, tan diferentes entre sí, tienen algo en común: quisieron ayudarme, y no sólo eso, tras el trayecto, la gran mayoría quedaron incluso agradecidos y me llovían invitaciones: a comer, a dormir, a viajar de nuevo cuando quisiera, a aceptar un regalo… Nunca podré agradecerles personalmente todo lo que hicieron por mí, pero aún guardo su mensaje y el aprendizaje de tantas horas recorriendo los caminos del mundo.

De abrete puertas

Un buen amigo dice que lo que más le gusta del autostop es que se brinda a la gente una sencilla oportunidad de ayudar a los demás, y es muy cierto, pero sólo es el principio… lo que viene a continuación, lo que ocurre entre las coloridas paredes de chapa cambia cada vez que se salta de un vehículo a otro. Y en cada uno, una historia…

De abrete puertas
De abrete puertas
De abrete puertas
De abrete puertas
De abrete puertas

Una puerta se abre, ¿quieres subir?

De abrete puertas

SEMOS INTERNACIONALES  !!!!
Mi amigo Xavier, con el que viajo desde hace algunas semanas en Western Australia, me pidio el articulo para traducirlo en frances y colgarlo en su propio blog, cosa que evidentemente acepte complacido. Aqui la version francesa:
http://www.tourto.fr/2011/03/pourquoi-lautostop/?lang=fr

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E.M.

7 marzo 2011

Margaret River, Western Australia -día 509

Ésas eran sus iniciales. Como tantos otros inmigrantes, venía de lejos; pero a diferencia de la mayoría, él se consideraba muy afortunado, no venía por obligación sino por gusto, no tenía a una familia que mantener ni más responsabilidad que la de saciar su inagotable sed de conocimiento y aventura, venía solo, y la empresa no era fácil.

De South West Australia

Consiguió sin demasiada dificultad un visado de turista que le permitiría la estancia en Australia por tres meses, con la estricta prohibición de trabajar. Algo confuso y desorientado por el abismo cultural que le separaba de la tierra de donde venía, aterrizó en una pequeña localidad situada al norte del país. Se había comprometido con las autoridades estatales a no trabajar, pero no tenía alternativa si quería proseguir su sueño. Pronto se dio cuenta de que el norte no era una buena opción: la temporada baja turística le daba al desierto un aire más desértico, los ciclones y otros desastres naturales de las últimas semanas habían reducido a la nada toda posibilidad agrícola o pesquera. Empaquetó sus escasas propiedades y emprendió el camino del sur.

De South West Australia

Pasaron varias horas de paciente espera en el desierto hasta que apareció Marphey en una vieja ranchera:

-“C’mon, mate! -le dijo, una mano al volante y la otra en la cerveza, a la manera australiana-, has tenido suerte, ¿sabes? le gustas a Samy, es una perra muy protectora, hay autoestopistas que le caen bien y a otros les ladra desde que les ve de lejos.”

Marphey no iba a ningún sitio, o mejor dicho, le daba igual adonde ir, vagabundeaba con su ranchera a lo largo y ancho de Australia, dormía en las áreas de acampada gratuitas, se bañaba en los ríos, y hacía esporádicos trabajos aquí y allá; conocía la carretera mejor que nadie y tenía cientos de anécdotas a lo largo del trayecto. Deberían haber recorrido juntos varios cientos de kilómetros, pero los efectos del ciclón que estaba azotando el noroeste del país no tardaron en dejarse notar, los caminos se inundaron, y toda comunicación hacia el sur del país quedó cortada. Tras horas de espera, Marphey decidió regresar al norte, no sin antes desearle toda la buena suerte del mundo.

De South West Australia

Nuestro protagonista de esta semana pudo convencer entonces a una pareja de jóvenes para que le llevaran a algún sitio, a cualquiera, lejos de esa inhóspita autopista bajo las aguas. Bo y Martin nunca antes habían recogido a ningún autoestopista, de hecho, nunca habían prácticamente abandonado su Perth natal; si esta vez lo habían hecho era exclusivamente por motivos laborales, y ahora su mayor preocupación era poder estar de vuelta en casa, mil kilómetros al sur, a tiempo para la gran fiesta de esa noche; con todas las comunicaciones cortadas, eso iba a ser un problema. Pasaron el día mirando al río que sobrepasaba en 90 cm el punto más bajo de la carretera, y al caer la noche, aceptando que el milagro que esperaban que separase las aguas no llegaría, dieron un rodeo hasta el pueblo más cercano con un nuevo pasajero en el asiento de atrás.

Las constantes lluvias en el interior del país y la vasta planicie que forma la mayor parte del territorio australiano se aliaron para aislar a nuestros amigos en un bungalow de Coral Bay durante los siguientes dos días con sus dos noches. Martin tenía 20 años, era estudiante y vino al norte para acompañar a su mejor amigo; Bo tenía 22, era carpintero y había pasado la última semana trabajando intensamente en la zona industrial de Port Headland amasando una gran fortuna en sólo diez días. Eran buenos chicos, generosos, adictos a los videojuegos y a la falsa idea de la felicidad comprada a golpe de mastercard, llenos de ganas de vivir pero temerosos de conocer el mundo exterior, víctimas del lucrativo marketing de la inseguridad y de sus propios prejuicios racistas, aun siendo ambos hijos de inmigrantes. Eran probablemente el modelo de nueva generación que a no pocos políticos y empresarios les gustaría que formaran la sociedad del mañana: trabaja, consume, trabaja, consume, el mundo es peligroso, compra seguridad, nosotros te la vendemos, la nueva realidad es la que sale por los cables de la Play Station, lo de afuera es falso, peligroso y aburrido… E.M. vio con sus propios ojos cómo Bo derrochaba más de mil dólares en apenas comer y dormir durante esos dos días, y además él fue invitado a aquella bacanal del consumismo; las conversaciones que durante ese tiempo tuvieron lugar, aunque banales y superficiales en contenido, le resultaron casi reveladoras en su intento de comprender mejor a un importante sector del mundo hiperdesarrollado que marca el ritmo al que baila el planeta globalizado del siglo XXI. En la mañana del tercer día, fueron avisados que las carreteras habían abierto de nuevo, y los tres salieron hacia Perth. Por el camino, Bo detuvo su vehículo por iniciativa propia para recoger a otros dos autoestopistas. Quizá no todo está perdido.

De South West Australia
De South West Australia

Nuestro amigo llegó a Perth bien entrada la noche, allí le esperaban otros dos compañeros con los que se debía poner de nuevo en camino, en busca de un empleo ilegal que le permitiera continuar su viaje y su sueño. De nuevo, los comienzos fueron difíciles: durante largos días recorrieron el suroeste de Australia buscando contactos, leyendo periódicos, llamando a los agricultores, presentándose incluso directamente a las puertas de las granjas, estaban dispuestos para todo: bananas, mangos, manzanas, cerezas, pesca… pero al final de cada día, cuando los tres amigos plantaban la tienda de campaña al caer la noche, en la playa o el desierto, bajo un cielo estrellado que los habitantes de las ciudades nunca podrían disfrutar, el panorama parecía más y más desolador; por suerte, la naturaleza todavía era gratis en un estado en el que todo se compra o se vende; y un baño nocturno en la playa o una interesante conversación con buenos amigos hasta bien entrada la madrugada, hacía que a pesar de las dificultades, esta aventura bien estuviera mereciendo la pena.

Vista de Perth

De South West Australia

¡¡¡¡¡Comida gratis!!!!! en las tiendas de 2ºmano

De South West Australia

Comida gratis asada en las barbacoas públicas de la playa

De South West Australia

De South West Australia
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Una tarde el ánimo del grupo cambió: Ulysse recibió la llamada de una amiga suya que estaba trabajando en unos viñedos al sur de Margaret River, y necesitaban más mano de obra. Antes de colgar el teléfono ya se estaban dirigiendo para allá. E.M. todavía no podía permitirse el lujo de alegrarse como sus compañeros, ellos tenían visado de trabajo debido a aleatorios acuerdos entre sus respectivos países con el Gobierno de Australia, pero él no; no obstante, decidió presentarse a probar fortuna, en última instancia y entre la caradura y la desesperación, decidió también presentarse como ciudadano francés, asumiendo las consecuencias. La suerte estuvo de su parte, todos consiguieron el trabajo.

De South West Australia

La jornada comenzaba a las 5:30 am, cuando el frío aún cala hasta los huesos, todos recibían un número y unas tijeras de podar, se colocaban en una línea de parras y empezaban a llenar cubos con uvas y más uvas; con una media de 6 cubos de 20 kg cada uno por hora se reciben unos 15$/hora, y las horas dependen de la parcela que se trabaje cada día, terminando generalmente en las primeras horas de la tarde, cuando el calor ya hace horas que lo exige. El idioma que predomina entre los jornaleros no es el árabe ni el chino, tampoco el bahasa indonesia, tamul o coreano, ni siquiera el inglés. Es el francés; pues la mayoría de los trabajadores vienen de países como Francia y Bélgica, otros pocos son de Italia, Alemania, Inglaterra y sólo uno: E.M, o yo, de España. Estamos contentos aquí, tenemos dentro de la finca un área gratuita para acampar, un baño común con ducha y poco a poco nos hemos improvisado una sala común con nevera y útiles para cocinar; los propietarios han sabido inteligentemente que es mucho más productivo mantener buenas relaciones con los trabajadores y se esfuerzan por mejorarlas; incluso algunos días, tras el trabajo, se sientan con nosotros en la mesa y comparten algunos vinos de antiguas cosechas y entretenidas conversaciones.

De South West Australia

Me pillaron a traición

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Ulysse posando

De South West Australia

En “la peña” de la comunidad

De South West Australia

De South West Australia
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El trabajo, aunque monótono, hasta resulta agradable por un tiempo, y aunque físicamente sea mucho más cansado que el de aquel médico de familia de Alcossebre, en general salgo infinitamente más descansado; y aunque lo salarios no se puedan comparar, éste me parece más “real” y también más justo. Mi “pequeño problema” legal al final no tuvo más consecuencias y lo arreglamos fácilmente con un sencillo chanchullo, y aquí seguiremos muy probablemente durante el resto del mes de marzo hasta que termine la temporada.

La alegría a la salida

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La decepción

Selina -el coche- nos dejó tirados a unos pocos km de llegar a la ansiada finca

De South West Australia

Después, ya se verá… aún no hay prisas para saberlo y entre racimo y racimo tengo tiempo para pensarlo. Esto es una puesta en práctica de mi abstracto concepto de libertad… y me gusta.

De South West Australia

Me he permitido escribir el relato en tercera persona como una más de las miles de historias con cierto parecido que ocurren cada día en todos los rincones del planeta, omitiendo nombres, nacionalidades y circunstancias personales; con la esperanza de que este pequeño ejercicio de empatía nos haga ver más fácilmente las similaridades entre nosotros en lugar de las diferencias,de intentar comprender mejor las dificultades ajenas en lugar de verlas como una amenaza; y aún siendo consciente del privilegio que sigue suponiendo el llevar un pasaporte europeo, quería compartir con vosotros la alegría de saber que otra de estas historias termina con un final feliz.

De South West Australia
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Escuchando al desierto

22 febrero 2011

Perth, Western Australia

-día 496-

Este texto, creado a base de extractos de mi cuaderno, terminó perdiéndose por el desierto, aquí habría estado si no, puntualmente, el 20 de febrero.

Llegué puntual al lugar acordado, Nick estaba ya esperándome, vestía una camiseta sucia y llena de agujeros, un bañador descolorido y caminaba descalzo. Este es el coche -me dijo- señalando a un enorme Toyota Land Cruiser que había comprado de segunda mano- y caminando por la inmensa playa me fue contando los planes que tenía por Western Australia. Acepto -le dije-. De acuerdo, nos vemos entonces el lunes a primera hora.

De Western Australia

No negaré que hubiese preferido haber preparado un mínimo el viaje colectivamente, haber conocido a los otros miembros del grupo antes de lanzarnos a la carretera, una minúscula preparación… but this´s Australia, mate! Sentía que la importancia del grupo, las conversaciones por el mero placer de conversar, el tener todo el tiempo del mundo para disfrutarlo despreocupadamente, incluso la ignorancia del concepto del tiempo, todo ello ya había quedado atrás, en los países subdesarrollados, empobrecidos, menos favorecidos, en vías de desarrollo… (que cada uno elija su eufemismo favorito).

De Western Australia

Ok guys, ready to hit the road? -preguntó una voz- y el Toyota arrancó, dirección sur, al ritmo de música country. No correspondía esto a la Australia de mi imaginación: todo era verde alrededor, el paisaje bullía de vida en el extremo norte del salvaje y olvidado Territorio del Norte, pero poco a poco, los árboles fueron dando paso a las praderas, y éstas, a la inmensa sabana. Esa misma primera tarde, mientras nos estábamos instalando en el área de acampada, un grupo de canguros se pasaron a ofrecernos una clásica postal, los carteles me prohibían el baño argumentando cocodrilos poblando las aguas, decenas de cacatúas salieron mientras el sol se despedía, y durante la noche, en la plena oscuridad del parque nacional de Katherine (tierra recuperada y gestionada en la actualidad por los aborígenes) los rangers capturaban una pitón de 5 metros. Australia… vine a visitarte por otras razones, pero estás empezando a ganarte mi cariño.

De Western Australia
De Western Australia
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Parece que entre el grupo había prisa… ¿prisa? ¿para qué? Ahhhh, por alcanzar la playa; a dos días de viaje hacia el oeste, bueno, no conozco nada, lo mismo me da que me da lo mismo. Las horas de coche transcurrían despacio entre armónicas, banjos y guitarras eléctricas mientras el desierto empezaba a dejarse intuir. Pasamos junto a la “escuela del aire más grande del mundo”, que no es sino una enorme antena de radio con un profesor emitiendo para todos los estudiantes que reciben la lección desde sus casas-granjas, en cientos de kilómetros a la redonda, comienzo a concebir que Australia es grande, muy grande, y muy vacío de gente. “Hay poca comunicación en el grupo, pero el paisaje es increíble, y mis pensamientos también” -escribí en mi cuaderno de viajes el segundo día-.

De Western Australia
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El sonido de la soledad, las estrellas en el desierto, mi mente trabajando: planes, planes, planes… ¡qué preciosa sensación! (día 3)

De Western Australia
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Día 4: Fue en el momento de llegar a Broome, 2.000 km al suroeste de Darwin, que fuimos alertados por varios carteles: Cyclone evacuation zone, Danger area, Cyclone information center, cyclone, cyclone… Cyclone?? Sí, parece que algo estaba viniendo hacia la costa del noroeste, aún así, probamos fortuna y como mandaba la tradición, volvimos a plantar las tiendas, esta vez colocando todos los vientos, y cerca del coche, por si acaso. Las horas pasaban y no venía ciclón alguno, en su lugar, la magia de la puesta de sol en la famosa Cable Beach nos dejó ensimismados durante una buena hora mirando al horizonte; desde esta playa un cable telegráfico conecta Australia con Indonesia, vuelvo a soñar, mientras un grupo de camellos atraviesa la playa con los últimos tonos rojizos del día.

De Western Australia
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¡Con razón es este un espacio sagrado para los aborígenes!, tal y como muestran los paneles de información, ¡y qué espacios! Algo especial tiene este continente que los espacios abiertos parecen infinitamente más grandes, y uno mismo infinitamente más pequeño, y esos espacios que si no se presta atención parecen no decir nada, en Australia lo son todo, esas inmensas visiones le confieren su identidad personal, le otorgan una belleza indescriptible, a la que cuesta acostumbrarse.

De Western Australia

Lo que ocurrió después del ‘click’ lo podéis imaginar…

De Western Australia

Día 6: “¡Anoche nos dieron duro! Jamás en ningún otro lugar había visto nada así, en cuanto se puso el sol, una nube de mosquitos nos recubrió enteros, poco importaba lo que te echaras, lo que quemaras, a donde te metieras, cuanto juraras o cuanto resistieras… era un ataque sin piedad que se prolongó durante horas, los que osaron entrar en mi tienda lo pagaron caro, y tras las decenas de mosquitos que aplasté (ya cenados) esta mañana parecía que había cometido un crimen, con toda la tela llena de sangre. La mañana no empezó mejor: no sé si llamarlo ciclón o no, pero el viento arrancaba los enganches de las tiendas y las lluvias torrenciales no ayudaban, no quedaba otra que recogerlo todo como se podía y emprender la huída antes de que cerraran la pista… tarde, estaba ya toda inundada, al final el coche nos sacó de allí, amortizando el gasto de la tracción a las cuatro ruedas”.

De Western Australia
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Lavado de dientes. Aquí el lavabo

De Western Australia

¿Habrá cena?

De Western Australia

De Western Australia
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Tras la batalla…

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Día 8: “Cuando el desierto se extiende infinitamente ante la vista, cuando el paisaje torna monótono e invariable, son los cielos tropicales en plena estación de lluvias los que toman el relevo de crear un sinfín de formas y colores, o simplemente de ofrecer una pequeña demostración de la vasta inmensidad y poder de esta tierra. Es tiempo para la reflexión, el desierto me habla y a mí me parece entenderle, creo que en los próximos días voy a tomar una difícil decisión”.

De Western Australia
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De Western Australia
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Día 11, Kadidiri National Park: “LLevamos once días de ruta y no ha habido mucha novedad en cuanto al tema que más me desagrada. Desde el primer momento no tuve ningún problema en acostumbrarme a dormir en el suelo, a comer una vez al día, a beber a veces agua de lluvia, a los insectos, a las enormes distancias en coche, a la escasa higiene, al calor extremo, a la lluvia, al dolor físico… me gusta el estilo del viaje, lo considero un viaje más puro que lo que he hecho durante los meses anteriores, la pura esencia del viaje clásico, un modelo autosostenible, más respetuoso con el ambiente y que no se aprovecha de las ventajas económicas de nuestros países con respecto a los lugares por donde viajamos; sí, me gusta mucho, y seguiría el tiempo que hiciera falta conociendo este lugar especial. Pero si hay una cosa a la que no me he acostumbrado es a que me organicen el viaje, a que ciertos planes sean prácticamente impuestos con buenas palabras al resto del grupo, a haber erradicado las decisiones en común… intenté poner solución, nada cambió; yo no soy el dueño del coche, así que poco más tengo que decir, estoy decidido: mañana a primera hora dejaré al resto, y continuaré el viaje en solitario hasta Perth. Un cúmulo de hechos e ideas me ha llevado a tomar esta decisión, y aunque todo será más duro y se volverá más difícil e imprevisto, creo que será mejor que esta desidia, donde hasta los más impresionantes paisajes me están empezando a dejar indiferente”.

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(horas después):

“Hay que saber encajar una derrota. Ya lo tenía todo planeado para iniciarme en el autostop en medio del desierto: donde ponerme, la comida, el agua… me sentía impaciente y enérgico, hasta que el camionero con el que acabo de hablar me habló de la nueva tormenta que acaba de ser ascendida a ciclón grado 1, con vistas que toque mañana la costa oeste. Se preveen graves inundaciones en la zona y el cierre de carreteras… parece que no era el momento, así que salvo que mañana vuelva a cambiar de opinión, tendré que retrasar mi partida”.

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Día 12: “Así estoy, tan cambiante como el tiempo. Lo hice, al final, y confieso que me gusta la sensación; dura, físicamente, pero pura vida para el espíritu. Me sienta bien regresar al escalón más bajo de la escala social, volver a depender de los demás, para aprender de mis errores y reflexionar sobre algunos comportamientos y pensamientos que tuve a lo largo de estos meses atrás en Asia, cuando era el ‘sir’ o el ‘mister’.

Equipado con una foto del mapa, ¿se puede ser más cutre?

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Acogedor lugar para el autostop

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(horas después…)

“No me sentó mal del todo esta ducha torrencial tras unas horas de extenuante calor, poco más podía hacer que quitarme la camiseta y recibir con alegría este refrescante baño. Y aquí sigo, tirado literalmente en el medio de ninguna parte, en un punto cualquiera de una infinita carretera que se extiende en línea recta hasta ambos horizontes, a 300 km de cualquier lugar habitado, expuesto al ardiente sol y a los cientos de moscas, entre la amenaza de un ciclón aproximándose y la esperanza de encontrar a un ser altruista que quiera compartir unas horas de conversación y un buen puñado de kilómetros hacia el sur…”

 

 

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO…

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Darwin: la entrada a Oceanía

5 febrero 2011

 

Darwin, Northern Territory, Australia

-día 485-

No se conformaba Indonesia con haberme ofrecido algunos de los mejores momentos de todo el viaje,  tiene clase, y se marcó el detalle de darme un final a la altura de las circunstancias: con multitudinaria cena de despedida, regalo sorpresa, llamadas de última hora, y emotiva visita sorpresa en la misma puerta de embarque del aeropuerto.

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2 horas y media después me volvieron a poner los pies sobre la tierra: “Welcome to Darwin International Airport, Welcome to Australia!” Australia… estaba en el último continente que me faltaba por pisar, y con todo lo que tenía por delante, desagradecido yo, seguía con la cabeza puesta en la orilla opuesta del mar del Timor… estrené este nuevo país echándome una siesta de un par de horas tirado en un rincón del aeropuerto, como metafórico anticipo de lo que estaba por venir. Eran las 4 de la mañana y aún faltaban casi 3 horas para que viese por primera vez iluminarse el desierto y las enormes llanuras que se extenderían ante mí.

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Puede presuponerse que yo pertenezco a este mundo, que esto es la estandarizada normalidad y un ejemplo a seguir, pero mi cuaderno de viaje es testigo de que recuerdo mi primer contacto con “occidente” como uno de los lugares más extraños que he pisado en todo este viaje (y sitios raros, ha habido unos cuantos). Tras un sueño reparador en el sofá de mi anfitrión -para el que cocino a cambio de alojamiento- , en un barrio residencial a las afueras de la ciudad, me aventuré en el abrasador sol del mediodía con un simple objetivo: buscar comida, tenía hambre; y de paso, curiosear alrededor. Parecía sencillo, en principio. Tras una hora de marcha por monstruosas calles-autopistas sólo había encontrado los más variopintos (léase también absurdos) macrocentros comerciales superespecializados en: barbacoas, bombillas, jardinería o deportes femeninos… nada que se coma. Preguntaría a alguien, pero no hay nadie, sólo enormes vehículos me sobrepasan; si me intento acercar a una de las casas valladas fieros bicharracos vienen ladrando desde que me ven, diversos carteles informan sobre la seguridad, las ventajas de las patrullas vecinales, y me animan a denunciar cualquier acto raro que observe. ¡Bienvenido a Springfield!

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Ciérralo o piérdelo

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He querido ignorar el tema precios para no deprimirme más… sí, el precio es por pieza 

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Pero el haber crecido con Los Simpsons me enseñó que la mayoría de los habitantes de Springfield son buena gente, y entré al taller de un carpintero a preguntar si en este barrio solían comer. Apagó la sierra desde su rincón oscuro y la luz que entró conmigo mostró sus brazos tatuados y su cara rajada, su expresión fue de gran asombro cuando le dije lo que buscaba… se explicó, no estaba cerca, pero existía. Cuando salía por la puerta me gritó:¡hey! ¿Cuánto tiempo llevas en Australia, compañero? -4 horas, le dije. Su rostro cambió, se levantó despacio, y solemnemente me extendió la mano diciendo: Welcome!

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Que… ya como en casa, si eso

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Ahhh, feliz reencuentro con mis aperitivos. 16 meses sin probar el queso

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Darwin es una ciudad costera a miles de kilómetros de cualquier otra ciudad. De hecho, son 4 calles polvorientas que en temporada alta deben acoger bastante turismo, principalmente de mochileros, pero en esta época de lluvias y ciclones, está prácticamente desierta. Sus playas son tan magníficas como desaprovechadas, pues está totalmente prohibido bañarse en sus aguas debido al gran número de cocodrilos y “medusas caja” que viven en ellas, estas medusas siendo el único animal cuya picadura suele conllevar a la muerte entre dos y tres minutos tras el contacto…

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… por eso está todo lleno de piscinas, algunas con olas, simulando la prohibida realidad 

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Parece hospitalario este sitio, ¿qué hacía yo aquí? En primer lugar, es el vuelo más barato para llegar a Australia desde Asia (Bali – Darwin, 30€), después, era el sitio indicado donde debía comenzar la siguiente aventura que viene por delante: un viaje en 4×4 a través de más de 6.000 kilómetros de desierto hasta Perth, recorriendo las costas del norte y oeste de Australia durante las próximas 4-5 semanas con gasto mínimo, en pleno contacto con la naturaleza (porque ciudades no hay), salimos mañana. ¿Qué cómo surgió esto? Pues improvisado, como todo: hace unas semanas encontré por casualidad en internet un anuncio del propietario del vehículo buscando compañeros para compartir gastos de gasolina, le escribí, hemos ido quedando estos días y organizando superficialmente algunos asuntos del viaje, y el lunes a primera hora cuatro desconocidos empezaremos a circular las embarradas pistas rumbo al sudoeste (aprovecho para disculparme por adelantado por descuidar -aún más- el blog), pero no me os despistéis de las siguientes entradas, las anticipo prometedoras.

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Exposición itinerante de AC/DC. Museo Nacional

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Puedo acostumbrarme pronto a la Australian way of life

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Allí donde fueres, haz lo que vieres

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Por último, el vasto Territorio del Norte en general, y la ciudad de Darwin en particular, son célebres por acoger todavía a una gran población de unas gentes a las que les han robado su pasado y sentenciado su futuro; el pueblo vivo que conserva la cultura más antigua del planeta, una gente que bajo las leyes racistas de terra nullius que se aplicaron durante los siglos XIX y gran parte del S.XX fueron expropiadas de una tierra a la que se sentían tan ligados como a sí mismos, obligados a elegir entre el destierro, la esclavitud o la muerte; el mismo pueblo que vio como los hijos nacidos de parejas mixtas -la mayoría fruto de violaciones por parte de los colonos- hasta 1970 fueron separados de sus familias para ser “reeducados” en misiones cristianas (ver generaciones robadas, en inglés); los Aborígenes australianos e Isleños del Estrecho de Torres, que tantas calamidades sufrieron desde el “descubrimiento” de Australia y asentamiento de los primeros ingleses a finales del S.XVIII fueron poco a poco obligados a retroceder hacia el centro y el norte del país, formando en Darwin una gran comunidad que resulta casi la mitad de la población de la ciudad. Pero como la gran mayoría de las noticias en su historia reciente, esto tampoco es bueno. En la ciudad forman ejércitos enteros de vagabundos, deambulando sin rumbo, mendigando en la calle, muchos de ellos alcohólicos en lamentables condiciones de salud… Por fortuna no todos, algunos salen adelante trabajando y vendiendo sus valiosas artesanías, otros han conseguido integrarse en esta nueva vida extraña y ajena y desempeñan nuevos trabajos en su sociedad, como cajeros de supermercado o conductores de autobús; y aunque la población de Darwin en general está bastante segregada, las horas que paso en los autobuses urbanos, a veces, me dan lecciones de ética y muestras de amor inesperado, que dejan una ventana abierta a la esperanza…

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Imagen recuperada de un museo en Buenos Aires,

perfectamente aplicable en este lado del mundo, y en cualquier otro

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