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Desayuno con… Adrián Castellote

21 octubre 2010

Y esta semana (con tres días de retraso) viene un nuevo extra, con motivo del aniversario, y haciendo un descarado plagio tanto a la contraportada de ELPAIS como a un blog viajero que encontré una vez. A falta de algún reportero curioso que se me anticipara, paso a escribir una autoentrevista con el objetivo de ofrecer datos prácticos, curiosidades y egocentrismo a partes iguales. ¡Ahí va, pues!

Yangún (Birmania)

-día 366-

Cafetería sin nombre de Yangún, Birmania

Shan noodles:                                                          0,40€

Té chino:                                                                  Gratis

Lepei (té especiado con leche condensada):                   0,10€

Repostería casera:                                         5 piezas x 0,5€

Total:                                                               1€ (1.200 kyats)


P: Bueno, Adrián, un año viajando ya, menuda experiencia, ¿no? ¿Cómo surgió toda esta idea del viaje?

R: Sí… creo que la idea había estado siempre por ahí adentro, como algo abstracto. Fue cuestión de empezar a darle forma a base de leer e ir conociendo a otros viajeros… pero sí te puedo dar una fecha concreta: fue en abril del 2006, en Argentina, durante mi primer gran viaje, cuando aprendí que se podía viajar por largo tiempo y corto presupuesto. Después fue cuestión de esperar al momento adecuado e ir dándole forma.

P: ¿Cuál es el momento adecuado?

R: Bueno, las diferentes experiencias personales que he escuchado me han enseñado que todos los momentos pueden serlo, depende de las ganas que se tengan y de la capacidad de sacrificio para poder llevarlo a cabo… los hay que esperan a terminar la carrera, la tesis, el fin de un ciclo… como yo; y otros más macarras, que de un día para otro, sólos o con compañerx e hijxs, están con la mochila en la carretera. Eso se siente.

P: Sí, supongo… Y dime, ¿cuál es el país que más te ha gustado de todo este viaje?

R: ¡Cómo odio esta pregunta! (risas)

Cada vez que me la han hecho y he respondido impulsivamente, sin reflexionar demasiado, he dicho Nepal… y no sólo por los paisajes, paraíso del montañero donde podría quedarse a vivir para el resto de su vida; es también una impactante mezcla de culturas, tibetana e hindú, principalmente, de montaña y selva, de un turismo muy selecto respetuoso con el medio ambiente, y sobre todo por los nepalís, un pueblo amable y tierno como pocos que han sufrido lo que nadie merece… Pero evidentemente cada país tiene lo suyo y es muy difícil elegir.

P: ¿Y el que menos?

R: ¡A eso sí que no te puedo responder! Todavía de ninguno he tenido ganas de salir corriendo, más bien he ido apurando los visados concedidos hasta el último día. Sí ha habido sitios concretos que, por sus factores propios, los míos del momento, y los climáticos, han resultado más duros… me viene a la cabeza Delhi, pero ese eterno y constante contraste es la fascinación india, un país al que espero regresar muchas más veces. De verdad que no te puedo responder.

P: Está bien, está bien. Y hablando de visados, ¿cómo va el tema, te ha sido muy difícil conseguirlos? ¿los traías todos de casa o los fuiste haciendo por el camino?

R: Varía mucho en función de donde vengas, claro. Si eres argentino/a y no tienes intención de ir a los EEUU, te espera un camino fácil, por ejemplo.

Los españoles podemos movernos libremente por toda la UE sólo con el DNI; para Rusia (70 €, 30 días), Mongolia (70 €, 30 días) y China (35 €, 2 entradas de 30 días cada una),yo salí con el visado desde casa, y recomiendo hacerlo, porque fuera a veces hay problemas, sobre todo con el ruso.

El de Nepal se consigue en frontera o aeropuerto a la llegada (en abril de 2010 las tarifas eran: 3 meses, 100$, 1 mes, 40$ y 15 días, 25$, con posibilidad de prorrogarlo por 2 $/día en Kathmandu o Pokhara). Y si no se tiene intención de permanecer varios meses en India o no se necesitan múltiples entradas, el visado indio resulta muy ventajoso de obtener en Kathmandu (30 €, en lugar de los 60€ que cuesta en España).

Los del sureste asiático son más fáciles: Thailandia, a fecha de hoy, ofrece 15 días entrando por tierra, 30 días si se hace por aire, y 60 días si se solicita en una embajada fuera del país, todo completamente gratis. Los de Laos (30$) y Camboya (20$) se obtienen en frontera, y aunque el precio oficial sea el que te comento, el real suele variar dependiendo de la frontera utilizada, de la picardía de la policía de fronteras y de la entereza que se tenga para evitar los abusos (¡ah! recomiendo llevar varias fotos de carnet encima si no se quieren pagar aún más “tasas”). Para Myanmar (Birmania entre nosotros) desde hace escasas semanas hay que pedirlo fuera: París, Bangkok o Kuala Lumpur son las embajadas más sencillas y utilizadas). Y para Hong Kong, Macau, Malasia y Singapur es un sello a la entrada que concede 90 días, gratis también.

De todas formas recomiendo comprobar toda esta información, actualizada día a día por lo general en www.maec.es, Países y Regiones, o en algunos foros de viajes, en español o inglés, que suelen estar totalmente actualizados.

P: Muchas gracias por tanta información, seguro que a alguno de nuestros lectores le será de utilidad, veo no obstante que no has nombrado el Tíbet…

R: (Cara de odio) Será que no me apetecía recordarlo, jaja.

A ver, oficialmente Tíbet es parte de China, aunque nos pese, así que con el visado chino de turista debería bastar (recordad omitir Lhasa o cualquier otra ciudad tibetana a la hora de solicitar el visado chino en la “lista de ciudades a visitar”, si no, no se os concederá; así como evitad decir que sois periodistas, trabajadores de ONGs o en el campo de derechos humanos). Antes ya era difícil entrar por libre, pero a partir de las revueltas del 2008 la cosa se puso dura… ahora es completamente ilegal visitarlo de manera independiente y una locura intentarlo, los extranjeros estamos muy controlados, hay check-points por todas partes y el negocio lo tienen muy bien montado: hay que solicitar un permiso que sólo conceden las agencias al mismo tiempo que el resto del pack obligatorio (guía, coche, conductor y programa de actividades), actualmente es imposible conseguirlo de otra manera… y si se busca cierto rigor histórico en las explicaciones, recomiendo contratar el tour con una agencia tibetana, hay muchas ubicadas en Lhasa y se pueden contactar vía internet.

Los precios también varían notablemente de unas a otras, dependiendo de los servicios ofrecidos, claro. Para que te hagas una idea, el nuestro, el más básico entre los básicos costó alrededor de 200 €/persona, 6 días, incluyendo Lhasa, Gyatse, Shigatse, el Campo Base del Everest, finalizando en la frontera nepalí, para seguir por nuestra cuenta hasta Kathmandu. Después de mucho buscar, tuvimos suerte, pues la mayoría de los tours de este tipo resultan mucho más caros, llegando a pagar hasta 1.000 $…

P: Uf, demasiada información… ¿y con respecto al tema sanitario? Es decir: vacunas, seguros, botiquín, profilaxis…

R: Ya sabes con qué comen en casa del herrero…

Más o menos, con el tema vacunas ya venía más o menos cubierto gracias a viajes anteriores, principalmente África. En realidad, la única obligatoria que te pueden exigir al cruzar una frontera es la de la fiebre amarilla, que vale por diez años. Por otra parte, para las específicas de algunos lugares de Asia, como la encefalitis japonesa o la rabia en caso de pretender tener contacto con animales, cuando llegué a Sanidad Exterior ya era tarde, porque son varias dosis y hay que empezar la terapia con 2 ó 3 meses de antelación, y el viaje asiático fue del todo improvisado…

Con respecto al seguro de viaje también hay de todos los tipos y coberturas, de todas formas, antes de lanzarse a contratar un seguro de viaje recomiendo leer la letra pequeña de otros seguros q se tengan (hogar, coche, accidentes, vida…), el viajero o incluso la familia, porque muchas veces cubren también asistencia en viajes… yo no tenía, y contraté uno muy básico por menos de 50 €/año, incluyendo asistencia en todo el mundo. No es mi intención hacer ningún tipo de publicidad en este blog, pero si alguien está interesado puede preguntarme personalmente.

En cuanto al botiquín, salí de casa arrastrando una farmacia ambulante, llevaba de todo: desde un fonendoscopio hasta nitroglicerina sublingual, pensando sobre todo en poder atender cualquier hipotético problema ajeno que me pudiera encontrar, afortunadamente nunca tuve que sacarlos de la mochila y la gran mayoría de cosas regresaron a casa durante la gran reducción de “mochilón de invierno” a “bolsita de verano”. En general, es posible encontrar los tratamientos a las enfermedades más frecuentes en casi cualquier ciudad (recomendable no obstante no fiarse muchas veces de las indicaciones de un farmacéutico más interesado en vender un producto cualquiera, que en la mejora de tu salud); pero si ya empezamos a pensar en los “porsiacasos” deberíamos cargar una maleta sólo para ellos… creo.

Con respecto a la malaria, consideré que una terapia profiláctica durante tantos meses era demasiado, demasiado larga, demasiado costosa, y sobre todo, demasiados efectos secundarios derivados del fármaco. Llevo un antipalúdico (Malarone, ahora financiado por sanidad), que puede usarse tanto como profilaxis (generalmente en viajes cortos) o como tratamiento, en caso de reconocer los síntomas y, muy recomendable, tras una confirmación diagnóstica en cualquier centro de salud de países tropicales; que también espero regrese a casa intacto

P: Para ir acabando ya y dejarte desayunar tranquilo… dos preguntas que suelen interesar a la gente son también la cuestión del equipaje y de la seguridad… ¿qué recomiendas al respecto?

R: Con respecto al equipaje, no me considero un modelo de referencia. Recuerdo que un amigo me dijo hace muchos años: “aparta primero todo lo que realmente necesites llevar, y luego de eso, haz una selección”, reconozco que nunca le hice demasiado caso… Yo era el típico que salía de casa con el mochilón más gordo, no me importaba el peso, prefería ir cómodo y sentirme “preparado”. Después con el tiempo uno va viendo las cosas que apenas ha necesitado, algunas incluso nunca, y se va deshaciendo de ellas: se pueden enviar paquetes a casa (India y Thailandia ofrecen los mejores precios de Asia, por mar), intercambiar con otros viajeros, regalar a la gente del lugar que los pueda necesitar… y resulta todo un placer viajar con una mochila ligera, pequeña, y también sentirse menos atado a las cosas materiales; con algunas cosas no resulta especialmente fácil y hay que hacer algunos sacrificios, pero a la larga, a mí me ha merecido la pena.

Sobre la seguridad… qué decir, a mí nunca me ha ocurrido nada (toco madera) y creo que depende fundamentalmente del destino, además del sentido común. Aunque todo pueda ocurrir, me ha parecido que Asia es el lugar más seguro de la Tierra: puedes moverte sólo por la calle, de noche, en una ciudad de un buen puñado de millones de habitantes con total tranquilidad; los robos en albergues no son tampoco frecuentes, y las intimidaciones o la violencia casi desconocidas… estas cifras cambian por ejemplo si las comparamos con ciertos lugares de Latinoamérica o África. Pero bueno, creo que la clave consiste en encontrar un equilibrio sano entre el mínimo conocimiento y la psicosis.

P: Y la última. En el caso de los viajes organizados, está claro cómo funciona; la gente que va a un destino concreto por periodos más limitados tiene también tiempo para prepararlo a fondo, pero en caso de un viaje de estas características, ¿cómo lo haces para conocer datos sobre el lugar, qué visitar, dónde alojarte…?

R: Siempre he considerado que el viaje en esta era no tiene ningún mérito si lo comparamos con los que nos sacan algunas generaciones de ventaja, o más aún, con los grandes viajeros del pasado. Ahora hay “buses turísticos” donde menos te lo esperas para acceder a los destinos más visitados, allí donde no hay albergues juveniles han florecido las guest houses, y en algunos sitios, hasta se encuentra el menú en inglés.

Para estar ubicado y saber dónde ir, creo que lo mejor es hablar con la gente, ellos conocen como nadie su lugar, pero es difícil, y en algunos lugares (China, Rusia) casi imposible a causa del idioma. Hablando de esto creo, aunque reconozco que algunas veces he sido vago y no lo he hecho, que aprender un vocabulario básico (presentación, preguntas personales, números, comida. direcciones…) en cada idioma mejora considerablemente la relación con la población local, nuestro viaje y nuestras habilidades.

Ahora bien, entre estos parias, apátridas, eternos vagabundos, ateos peregrinos sin santo ni templo… que nos creemos a veces los mochileros, se ha colado una reliquia, un objeto de veneración, que en sus más ortodoxos creyentes marca los ritmos biológicos del viaje: cuando levantarse, dónde desayunar, por dónde pasear, dónde comer, con quién hablar, qué decirle, qué visitar y a qué hora, qué beber y dónde, donde ver la puesta de sol y, por supuesto, donde dormir. Todo aquello que no aparece en las sagradas escrituras, directamente no existe o es considerado sacrilegio y juzgado por la Inquisición, y en los místicos lugares a los que aluden puede observarse en hora punta la procesión de fieles en plena ceremonia… Este objeto sagrado se llama “Lonely Planet”, y confieso haber pertenecido a su fe durante algún tiempo, es más, no negaré que aún recurra a ella, de vez en cuando, cada vez menos y con cuidadito, para echar una ojeada a sus útiles mapas, o elaborar un pequeño boceto mental del recorrido a realizar en el próximo país.

La guía en sí no es mala, todo lo contrario, es muy completa y sirve de mucha ayuda, sobre todo cuando no se tiene tiempo suficiente para vagabundear por el país o no se hablan idiomas. Te lo dice todo, te soluciona muchos problemas y ayuda a realizar un turismo “independiente”, al margen de viajes organizados. El problema, bajo mi punto de vista, es que al ser objeto imprescindible en toda mochila, esos lugares secretos tan buenos y baratos tras aparecer en la guía se han convertido en los nuevos puntos más concurridos y solicitados, los precios se han incrementado considerablemente, la calidad ha descendido en la misma proporción y la gente sigue acudiendo en masa sin preocuparse por buscar otra cosa o repartir su dinero entre toda la oferta; además muchas veces la guest house o comedor en cuestión figuran en la guía fruto del azar o de una búsqueda breve y poco exhaustiva, cuando se ha hecho.

La he caricaturizado en tono de broma aludiendo a los no pocos que siguen paso por paso todo lo que la guía cuenta y nunca se salen un ápice de lo que el texto marca, y creo que es una pena perderse una gran parte del potencial que el país tiene por ofrecer sólo por la vagancia de buscar o el miedo de arriesgarse a lo desconocido… Generalmente la gente local, la intuición y la improvisación suelen reservarnos grandes vivencias y descubrimientos, y esos sí que son secretos, o al menos, personales. Pero bueno, creo que como cualquier otro objeto, depende del buen o mal uso que se le dé (Lonely Planet lovers, sé que sois buena gente, no me odiéis).

He intentado responder a unas preguntas básicas que a veces nos solemos plantear en los momentos previos a hacer la mochila, cuando todo parece más complicado de lo que realmente es. Espero que esta tarde de escritura y recopilación os sirva un poquito de algo. Como siempre, espero vuestras críticas hirientes y cualquier otra opinión que queráis escribir, es libre (y sé dónde vivís). Así como cualquier otra cuestión sobre la que tengáis curiosidad.

Buen camino


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Pensamientos en letra alta

10 octubre 2010

Y aquí viene el prometido resto de la entrada, desde Thailandia, fuera de censuras… ¿quién iba a esperar que lo iba a terminar, eh?

-dia 358-
Hsipaw, Estado Shan del Norte, Birmania

Entrada que llega con mas de dos semanas de retraso, y ademas a medias: por consejo de muchos y de mi propio conocimiento, la escribo mordiendome las manos y la lengua, cuidando mis palabras… una pena, pero es lo que hay. Desde Tailandia, mas.

Recuerdo a la perfeccion la primera vez que oi hablar de ella; fue en la parte de atras de una pickup, agnos atras, en Guatemala. LLovia a cantaros, Raul, uno de mis profesores en este oficio de viajar, empapado, me decia: “es como viajar en el tiempo, alli las cosas llevan otro ritmo, la gente es maravillosa pese a todo lo que sufren, si, sin duda creo que es el ultimo remanente de la esencia del sureste asiatico, que esta desapareciendo a la misma velocidad con la que los vuelos charter aterrizan en Bangkok”. Desde aquel dia esas palabras resonaban en mi cabeza: “la antigua Asia…” como seria la Indochina colonial? como se viviria en Siam antes de la explotacion de las playas y de las nignas? Exagerado, sin duda, pero gratis es sognar, y sognaba con ir lo antes posible. Despues otro maestro, el Maestro: Jorge Sanchez, tambien recomendaba encarecidamente hacer un alto en el camino entre India y el sureste asiatico… y Jorge suele acertar. Por ultimo, ya en ruta, algunos aventurados viajeros dibujaban una estupida sonrisa y les brillaban los ojicos con solo pronunciar su nombre: “ah, si pudiera volver…” -decian-.

Situada estrategicamente entre el Himalaya y el Golfo de Bengala, entre India y Thailandia, Bangladesh y Laos, China, Tibet… con todas sus fronteras terrestres cerradas al visitante extranjero desde hace 60 agnos, y una tradicion unica fruto de siglos de pacifica convivencia entre las culturas de sus diversos habitantes; el pais me atraia con la misma fuerza con la que atrae el opio de sus montagnas. Reflexione: la [brutal dictadura militar que está desangrando al país durante los últimos 50 años obligaba a hacerlo: éticamente, ¿debo ir? es evidente que, aunque vaya con toda cautela, parte de mi escaso dinero irá directamente a las manos de un Gobierno torturador y violador sistemático de todos los derechos humanos más básicos; de hecho, una importante proporción de la ilegalizada oposición incita a boicotear el turismo hasta que el país sea libre. Por otra parte, el viaje independiente es prácticamente el único recurso posible para desarrollar los humildes y sufridos comercios familiares dedicados al turismo, y la mejor manera de conocer un pueblo, comprometerse, y convertirse en su voz…  no fueron pocos los meses de reflexión, de ires y venires de las opiniones y las ideas, de síes, de noes, de quizases y de ojalás, muchas noches pensando y dándole vueltas a lo mismo, hasta que por fin tomé una decisión:  ¡Birmania… allá voy!

Reconozco que los países tan aislados gobernados por seres dementes ciegos de riquezas, poder y menosprecio por la vida ajena siempre me han producido una macabra fascinación… ¿cómo será la vida allí? ¿cómo se vivirá el día a día?  ¿cómo puede uno adaptarse a la miseria y el miedo? (por mi propia seguridad completare este fragmento desde fuera del pais, lo siento) Y ya antes de aterrizar, observando los arrozales desde el avion, me sentia una especie de impostor, un intruso con la libertad de observar y conocer temporalmente una realidad que no le pertenecia.

El vuelo de 3 horas Kuala Lumpur – Yangon se desarrollo con toda normalidad, con la unica particularidad de ser el unico occidental en el abarrotado avion. Tambien uno tiende a pensar que la llegada a un pais como este sera en plan peliculera, con exhaustivos registros e indiscretas preguntas; en lugar de eso me vi deambulando tranquilamente por un aeropuerto familiar, de andar por casa, practicamente vacio. Incluso la oficina que expedia visados a la llegada se encontraba desierta, y es que con la inminente llegada de las elecciones, [del próximo 7 de noviembre, la Junta Militar decidió, en una de sus famosas caprichosas leyes instauradas de hoy para mañana,]  dejar de emitir visados en el aeropuerto. Tenias que traer tu visado puestecico antes de embarcar, si no, no volabas. Por una caritativa obra de algun dios al que le debo caer simpatico, yo me entere casualmente de esta nueva ley dias antes de volar, el tal dios tambien se debio encargar personalmente de que hubiera Embajada de Myanmar en el pais donde entonces me encontraba -concretamente Malasia-. Otros, como supe mas tarde, no tuvieron esa custodia divina y tal como llegaron al aeropuerto de Bangkok les toco, por este orden:
– discutir acaloradamente con la sufrida azafata de Air Asia que cumplia ordenes.
– volver, con poco humor, a la ciudad para empezar los tramites del visado lo antes posible.
– comprar, de nuevo, el mismo billete de avion que ya habian comprado y perdido.
Existe tambien la variante del viajero que solo se entera a su llegada a Yangon que en Birmania no existe ningun cajero automatico, que una tarjeta de credito tiene la misma utilidad y validez que el carnet del club Megatrix, y que solo se aceptan como validos los dolares nuevos y perfectamente planchaditos, sin arrugas, pliegues, roturas ni escrituras. Aquel que no venga avisado de todo esto tambien se ha ganado un viaje de ida y vuelta a Bangkok si no quiere pasar un mes en la mas absoluta indigencia por muy bollante, como ya ha ocurrido en mas de una ocasion
(incomprensiblemente yo no me encontre en ninguno de esos dos grupos, bien! de hecho, los tramites, tiempo y dinero perdidos en Kuala Lumpur para conseguir esos dolares de coleccionista merecerian por si una entrada aparte).

Y si, amigos, Myanmar es otro mundo, y de eso se da uno cuenta desde el primer mingalaba! (saludo universal, de buen rollo, aunque a nosotros nos pueda sonar algo brusco y grosero) que recibe. En el mismo aeropuerto uno lo percibe facilmente al observar que todos los hombres visten falda (longyi), muchos llevan maquillaje (tanaka) y la gran mayoria tienen la boca de un color rollo chillon a base de mascar nueces de betel.

La famosa cancion de Shakira que taladro nuestras cabezas durante todo el verano sin discriminacion ni distincion de continente, raza o religion, me dio la bienvenida al pais, evidentemente en version karaoke, y cantada en birmano… vamos alla, pues, que esto empieza bien!