Archive for the ‘Uncategorized’ Category

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LUCIÉRNAGAS EN EL CIELO

11 septiembre 2014

Polonnaruwa, Sri Lanka

El vuelo UL 582 de Sri Lankan salió de Roma antes del anochecer y aterrizó en Colombo minutos antes de que despuntara el alba. La conveniencia de viajar de noche tiene la contrapartida de que nos perdemos todo el espectáculo que sucede a 10.000 metros bajo nuestros pies. Pero la noche se hizo para soñar, y poco a poco voy sintiendo cómo las luces que vamos dejando abajo me llaman, desafiantes… Yo me conformo con jugar a reconocerlas y sacarlas bruscamente de ese descaro que les confiere el anonimato:
"Todo ese conglomerado de luces que dan al mar seguidos por una fina línea tiene la cara del delta del Nilo, o aquella negrura extensa salpicada de destellos aislados podrían ser aldeas desperdigadas por el misterioso desierto arábigo, ¡y mira ahora! esta forma tan característica de isla-ciudad tiene que ser Malé, puerta de entrada a las Malvinas…" No es tanto por el frikismo casi patológico de jugar a reconocer luces y sombras ni de creerse orientado a lo largo y ancho del planeta, no -es decir: sí- pero sobre todo cada elucubración se trae consigo un sueño de viaje, pasado o futuro; cada vez que me asomo por la ventanilla, me imagino a mí mismo dejándome caer en ese punto exacto y cómo serían entonces mis infinitas vidas allí y ahora; cada luz no es una luz, sino la farola de una solitaria calle de Beirut, la lámpara de la sala de estar de una familia siria, una mezquita saudí iluminada entre los rezos o el fiestón de un resort de las Seychelles… ¡qué importa! El caso es que cuando vuelo a través del mundo por la noche, al igual que Sabina, imagino todas las vidas que nunca seré… aunque quizás "nunca" es demasiado… ya que si hace cuatro años no hubiera sobrevolado Sri Lanka en el vuelo Thiruvananthapuram – Kuala Lumpur, ahora mismo probablemente no estaría viendo acercarse a gran velocidad todas las luces de Colombo.

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De puro distraido

5 mayo 2013

Lido hoje em um parque do Porto (Portugal)…

“Nunca se consideró un exiliado político. Había abandonado su tierra por un extraño impulso que se fraguó en tres etapas. La primera, cuando lo abordaron sucesivamente cuatro mendigos en la Avenida. La segunda, cuando un ministro usó la palabra Paz en la televisión e inmediatamente comenzó a temblarle el párpado derecho. La tercera, cuando entró a la iglesia de su barrio y vio que un Cristo (no el más rezado y colmado de cirios sino otro alicaído, de una nave lateral) lloraba como un bendito. 

Quizá pensó que si se quedaba en su país se iba a desesperar a corto plazo y él bien sabía que no estaba hecho para la desesperación sino para el vagabundeo, la independencia, el modestísimo disfrute. Le gustaba la gente pero no se encadenaba. Se entretenía con el paisaje pero al final se empalagaba de tanto verde y añoraba el hollín de las ciudades. Saboreaba las tensiones metropolitanas pero llegaba un día en que se sentía cercado por los imponentes bloques de cemento.

Así como había vagado por las calles y los caminos de su tierra, empezó a vagar por los países, las fronteras y los mares. Era terriblemente distraído. A menudo no sabía en qué ciudad se encontraba, pero no por eso se decidía a preguntar. Simplemente seguía caminando y, en todo caso, si se equivocaba, no le importaba salir del error. Si precisaba algo, ya fuera para comer o para dormir, disponía de cuatro idiomas para buscarlo y siempre había alguien que lo comprendía. En el peor de los casos, le quedaba el esperanto de los gestos.

Viajaba en ferrocarril o en autobús, pero normalmente lograba que lo recogieran en algún auto o camión. Inspiraba confianza. La gente le creía las cosas más absurdas, y no se equivocaba, porque todo en él era un poco absurdo. Por lo común andaba solo, y era lógico, ya que ningún hombre ni, menos aún, ninguna mujer, habría sido capaz de soportar tanta incuria y tanto desorden.

Cuando pasaba por una frontera, mostraba el pasaporte con un gesto displicente o mecánico, pero inmediatamente se olvidaba de qué frontera se trataba. Permanecía poco tiempo en el centro de las ciudades. Prefería los barrios marginales, donde se llevaba bien con los niños y los perros.

A veces surgía algún detalle que le servía de orientación. Pero no siempre. Una mañana se halló junto a un canal y creyó que estaba en Venecia, pero era Brujas. Confundir el Sena con el Rhin, y viceversa, le ocurrió por lo menos en tres ocasiones. No llevaba brújula sino que se orientaba por el sol, pero cuando le tocaban días tormentosos, de cielo oscuro, no tenía la menor idea de dónde quedaba el norte. Y eso tampoco lo afectaba, ya que no tenía preferencia por ninguno de los puntos cardinales.

Cierto mediodía se enteró de que caminaba por Helsinki porque vio una cabina telefónica que decía Puhelin. Era uno de sus escasos datos sobre Finlandia. Otro día sintió un alarmante tirón de hambre en el estómago y extrajo de su morral un poco de queso; cuando masticaba con fruición advirtió que se había recostado a una columna que le trajo el recuerdo de las de mármol pentélico que había visto en alguna foto del Partenón, y claro, a partir de esa asociación se dio cuenta de que efectivamente estaba en la Acrópolis. Sí, era terriblemente distraído. En otra ocasión nevaba y para protegerse del frío se metió en las galerías comerciales del moderno subsuelo de Les Halles. Cuando, un semestre después, emergió de otras galerías subterráneas en pleno centro de Estocolmo, se alegró sinceramente de que ya no nevara.

De vez en cuando iba a los aeropuertos, pero casi nunca viajaba en avión, entre otras cosas porque después de presentarse en el mostrador correspondiente y despachar su liviano equipaje, se iba a la terraza a ver cómo despegaban y aterrizaban las grandes aeronaves y no prestaba la menor atención a los altavoces, que repetían su nombre con insistencia.

En cierta ocasión, sin embargo, y vaya a saber por qué extraño mecanismo, permaneció junto a la puerta de embarque y subió confiadamente al avión con los demás pasajeros. Cuando llegó a destino y mostró su pasaporte, tan displicentemente como de costumbre, un funcionario de emigración lo miró con atención y le dijo: «Venga conmigo.» Él lo siguió mansamente por un corredor desierto. Cuando llegaron a una puerta con un letrero Prohibido el paso, el funcionario la abrió y lo conminó a entrar. Así lo hizo, desprevenido. Pensó acercarse a una mesa que había en el centro de la habitación, pero de improviso no vio nada. Alguien, desde atrás, le había colocado una capucha. Sólo entonces comprendió que, de puro distraído, se encontraba de nuevo en su patria.”

Mario Benedetti

Geografias

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La vida en la montaña

4 febrero 2013

Post que escribirá ese mismo Adrián del futuro (quien espero venga bien motivado y trabajador) sobre los 4 meses que pasé viviendo en un pueblo del Pirineo aragonés, preparando el examen MIR. Intenso reencuentro con unas montañas muy especiales en mi vida, y con la medicina y la vida de estudiante.
Próximamente en sus pantallas…

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El regreso

4 febrero 2013

Después de este parón en todos los sentidos, regreso al blog dejándole deberes al Adrián del futuro…

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Breaking news!, ¡Última hora!

6 agosto 2011

‘Life is what happens when we are busy trying to make another plans’ -John Lennon wrote once- and he couldn’t be mor right.
Finally arrived to Unalaska after 33 sailing days across the Pacific Ocean and Bering Sea, I can’t get out of the boat as I was expecting, the Immigration laws and the US Homeland Security Department don’t allow me to do it. At the same time they don’t allow me to arrive to the alaskan mainland and discovering the wild state by hitchhiking, camping and improvising my way. No, I’m not welcome to the United States, I just can’t go in, like other millions of people… why should I be different? I have to keep going to Vancouver, in the same sailboat, and postpone my dreams of nature and freedom until I’ll get the legal rights to dream.
Leaving tonight, see you again in two weeks… from Canada!

‘La vida es lo que pasa mientras estamos ocupados intentando hacer otros planes’ -John Lennon escribi’o una vez- y no podía estar más en lo cierto.
Por fin alcanzada la remota isla de Unalaska (Ounalashka), tras 33 días de travesía transpacífica, no puedo abandonar el barco como planeaba, las leyes de inmigración y el Departamento de Seguridad Nacional de los EEUU no me lo permiten. Y al mismo tiempo tampoco me permiten llegar a Alaska peninsular ni descubrir el estado más salvaje en autostop y tienda de campaña, improvisando mi camino como era mi intención. No, no soy bienvenido en los Estados Unidos, directamente no me dejan entrar, como a otros tantos millones de personas… ¿qué me creía, que iba a ser diferente?
Tengo que seguir mi ruta hasta Vancouver, en el mismo velero, y posponer mis sueños de naturaleza y libertad para cuando tenga el derecho legal de soñar.
Zarparemos esta noche, pero nos estamos viendo de vuelta en dos semanas… desde Canadá.

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Episodio 0: Dans le port de Saipan

5 agosto 2011

Unalaska, Alaska, US

No pudo ser, las conexiones no nos permitieron más comunicación que la única que salió por salvarme la cara, pero lo prometido es deuda, en las próximas entradas viene detallada la crónica de esta larga e intensa etapa de navegante, de cabo a rabo, en cómodos episodios, empezando por una que os debía desde hace ya tiempo…

De 21 Islas Marianas del Norte

Dans le port d’Amsterdam
Y a des marins qui meurent
Pleins de bière et de drames
Aux premières lueurs
Mais dans le port d’Amsterdam
Y a des marins qui naissent
Dans la chaleur épaisse
Des langueurs océanes

Dans le port d’Amsterdam
Y a des marins qui mangent
Sur des nappes trop blanches
Des poissons ruisselants
Ils vous montrent des dents
A croquer la fortune
A décroisser la Lune
A bouffer des haubans
Et ça sent la morue
Jusque dans le coeur des frites
Que leurs grosses mains invitent
A revenir en plus
Puis se lèvent en riant
Dans un bruit de tempête
Referment leur braguette
Et sortent en rotant

Jacques Brel

Y drásticamente, con nervios, con prisas, y sobre todo con la sensación de que me había sabido a poco, dejé atrás Filipinas. Sentía que tras esta última frontera estaba cerrando de un portazo la puerta que conducía a un vasto continente, a un lugar por el que había vivido cómodamente con la tranquilidad y la felicidad de quien se mueve por territorio conocido. Y otra puerta se me abría de golpe, daba a un callejón estrecho y oscuro, totalmente desconocido, pero me adentré con la confianza del que cree saber lo que está haciendo; al final del pasaje, lejano todavía, abstracto y difuso, se dejaba intuir el continente americano. Con esos pensamientos en la cabeza aterricé en la pequeña isla de Saipan, en las Islas Marianas del Norte.
Desde que el Viaje tuvo el capricho de enviarme hacia ese remoto e inesperado lugar, siendo todavía jornalero en un lejano viñedo australiano, había intentado hacerme una idea de cómo serían esas islas en la actualidad, de si quedaría algún vestigio real de lo que la exótica Micronesia resulta para el ojo occidental, o si por el contrario sería otro falso decorado tropical al que las agencias de viajes mandan hordas de turistas a la caza de la postal de playa y cocotero. Recopilé informaciones:

De 21 Islas Marianas del Norte

Es todavía un enigma cómo el pueblo chamorro pobló el archipiélago, pero se piensa que fueron navegantes indonesios quienes llegaron a estas islas tan pronto como en el año 1.500 aC, desarrollando una de las civilizaciones más avanzadas del Pacífico. Eran sociedades matrilineales divididas en tres castas, vivían de la agricultura y la pesca, desarrollaron la alfarería, adoraban a sus dioses, y hasta la llegada de los primeros cristianos, ir desnudo era lo más normal y cómodo del mundo.

De 21 Islas Marianas del Norte

Pero llegaron, por casualidad, capitaneados por Fernando de Magallanes, que venía navegando del tirón desde Tierra de Fuego, el machote; era 1521, la tripulación estaba exhausta tras varios meses de travesía transpacífica, y el pueblo chamorro los recibió amablemente colmándolos de comida, agua y atenciones, Magallanes llamó al archipiélago Islas de las Velas Latinas por la sofisticación de sus velas, y una relación amistosa había nacido entre dos mundos tan distintos. Poco duró. A la hora de la partida, los españoles agradecieron la hospitalidad con cuatro abalorios que traían; los chamorros, fieles a su tradición de reciprocidad, entraron con confianza y sigilo a los galeones y robaron algunas barcas, a Magallanes no le hizo gracia la broma y antes de zarpar asesinó a los culpables, prendió fuego al pueblo, y renombró el archipiélago como Islas de los Ladrones.
La Corona de Castilla estaba en pleno éxtasis expansivo a lo largo de América y el Pacífico, y en 1565 Legazpi anexionó las Islas de los Ladrones al Imperio, los primeros jesuítas le siguieron raudos y recién llegados empezaron a gritar que ‘mire usté, santa madre de dios, qué escándalo, venga, se acabó la juerga ya, hombre, aquí todos y todas a taparse hasta los tobillos’. No satisfechos con robarles sus tradiciones y sus dioses, los españoles “reubicaron” a todos los rebeldes chamorros en la isla de Guam, abandonando las islas más pequeñas, y repoblando el resto con filipinos y carolinos. Otro pueblo más, otra cultura condenada a seguir el largo camino del olvido y la desaparición. Las islas, renombradas Marianas años después en honor a la reina Maria Ana de Austria, se convirtieron en escala obligatoria para el lucrativo comercio creado entre las indias occidentales y orientales, grandes galeones que hacían anualmente la ruta entre Acapulco y Manila, y así continuó durante varios siglos.

De 21 Islas Marianas del Norte

Los imperios emergen y caen, y cuando en 1898 los Estados Unidos declararon la guerra a España, poco quedaba ya de este último, tan poco que los españoles estuvieron a punto de no presentarse, como diría Gila tiempo después. Cuba, Puerto Rico, Filipinas y los archipiélagos del Pacífico que quedaban pasaron a engrosar la lista de los nuevos imperialistas. En la remota Guam, cuando los ejércitos norteamericanos empezaron el ataque, el Gobernador español -que nadie le había avisado que estaban en guerra- salió a recibirlos como si fueran viejos amigos, excusándose por no tener suficiente pólvora para devolver tan entusiasta saludo… Pero tan tontos no fueron todo el rato, y aunque el entrañable Gobernador de Guam escapaba un día después, las Islas Marianas del Norte fueron vendidas secretamente a los alemanes antes de que terminara la guerra, y Alemania, más interesada en llenarse los bolsillos que en salvar almas pecadoras, comenzó a explotar los recursos agrícolas del archipiélago exportando al por mayor caña de azúcar, derivados del coco y otros productos tropicales. Guam, por su parte, terminó transformada en la mayor base militar norteamericana de ultramar.

De 21 Islas Marianas del Norte

Como si de una partida al Risk se tratara, en la que a los chamorros sólo se les había invitado a mirar, Japón se anexionó tranquilamente las islas mientras los alemanes andaban en otros menesteres durante la Gran Guerra, y bombardeó salvajemente Guam horas después de Pearl Harbor, a mediados de la II Guerra Mundial, condenando de nuevo a los locales a trabajos forzados y campos de concentración. Como en tantos otros lugares de mi viaje, la guerra también fue extremadamente cruel en estas islas, enclave estratégico especial; y cuando el ejército norteamericano acabó imponiéndose en 1944, japoneses y chamorros se suicidaron en masa desde los acantilados, temerosos del nuevo enemigo que llegaba a imponer su orden. Un año después, dos aviones despegaban secretamente desde la vecina isla de Tinian, descargando su odio sobre Hiroshima y Nagasaki.
Las islas estaban finalmente liberadas, y completamente arrasadas. Los libertadores no tardaron en construir enormes bases militares desde las que atacarían en los años venideros Corea primero, y después Vietnam; toda Micronesia les pertenecía en esta nueva era de prosperidad, y les pareció un enclave idóneo para continuar sus ensayos nucleares durante la Guerra Fría. También esta llegó a su fin, y cambiaron también los tiempos, la clase media empezaba a ir de vacaciones, y la clase alta aprovechó para pegarse un pelotazo urbanizando el archipiélago. En la bélica isla de Guam, convertida en principal destino vacacional, proliferaron los hoteles,
urbanizaciones, resorts, campos de golf, restaurantes… acudió turismo en masa e inmigrantes filipinos, chinos y coreanos, incluso algunos locales pillaron tajada por primera vez y consiguieron hacerse unos ahorros, el boom económico parecía no tener fin.

De 21 Islas Marianas del Norte
De 21 Islas Marianas del Norte

Pero lo tuvo, recientemente, en el 2009 exactamente, año en que al Departamento de Seguridad norteamericana le entró el canguelo de que entre tanto turista se les colara uno de los omnipresentes
terroristas, y las Marianas, que hasta entonces gozaban de cierta independencia con su estatus de territorio, cedieron a Washington la administración de sus fronteras, lo que inmediatamente implicó problemas para los turistas asiáticos, principales consumidores, que simplemente cambiaron de destinos.

De 21 Islas Marianas del Norte
De 21 Islas Marianas del Norte

Las islas abrazaron rápidamente una fase de decadencia: muchos establecimientos cerraron, los inmigrantes volvieron a sus casas, el paro se disparó y la delincuencia aumentó a límites desconocidos… Y en esas llegué yo, curioso de ver lo que las islas tenían que ofrecerme y de saber qué podía ofrecer yo a las islas.

En el pequeño aeropuerto me estaban esperando ya Ken y Elliot -capitán y 2nd mate, respectivamente- quienes tras un recibimiento amistoso, y previo paso por el hotel, me llevaron directamente al lugar de trabajo, donde conocí al propietario. El Twin Image había zarpado a mediados del 2009 desde Nueva Zelanda y recorrido varias islas del Pacífico Sur en su rumbo tranquilo hacia Canadá; a su paso por las islas Marianas, el mástil se vino abajo de repente, y la familia se vio obligada a dar media vuelta y buscar refugio en la isla de Saipan. Un año entero de reparaciones y esperas transcurrió hasta que las nuevas piezas estuvieron listas y el barco podía volver a navegar; la familia, de vuelta en casa desde hacía tiempo, había contratado a Ken para entregar el yate en Vancouver, Ken había buscado a su tripulación mediante un anuncio en internet. Yo, desde Australia, en busca de experiencias marítimas y de una ruta a América, había contactado a Ken meses atrás… el resto, ya lo sabéis.

Donde esperaba encontrar un barco en el que había que trabajar los últimos detalles, me encontré un casco vacío elevado sobre barriles en el viejo puerto, aún así, recuerdo haber quedado fascinado con la belleza del velero.

De 21 Islas Marianas del Norte

El trabajo era laborioso y diverso: sacar esta pieza, reparar esa otra, organizar aquí, limpiar allá, cortar estas tablas, pintar ese lado, mover esto allá, traer eso aquí… mientras tanto, el ingeniero que había construido el nuevo mástil y venido expresamente desde Nueva Zelanda para colocarlo, terminaba de trabajar en él, junto al barco, antes de que una grúa lo ensartara como una banderilla, levantara después todo el bote como si fuera de corcho, y lo depositara sobre el agua.

De 21 Islas Marianas del Norte

Tras las duras jornadas, a veces había tiempo para explorar la noche saipanesa, que mucho se parecía a las escasas expectativas que me había creado, y mucho me recordaba a la descripción de Jacques Brel de los puertos de Amsterdam de décadas atrás. Con un turismo estándar en desaparición, pero siendo todavía un importante puerto marítimo, y rodeada por bases militares, la prostitución, más o menos explícita, era una de las opciones más atractivas para los visitantes; como alternativa: un bar de música en vivo, una cafetería-afterhour y una discoteca hortera cerraban las opciones de la ciudad de Garapan. Afortunadamente, fuera de la capital, existía el Manic Inn, un bar intempestivo a la vieja usanza, con barra tradicional y taciturnos clientes, donde solíamos pasar las horas con los que después serían nuestros amigos en la isla.

De 21 Islas Marianas del Norte

A lo largo de mi vida he desempeñado varios y diferentes trabajos: profesor de repaso, profesor de batería, profesor de español en Francia, profesor de francés en España, monitor de campamentos, músico, zapatero, obstetra, repartidor de periódicos, médico de familia, masajista, jornalero… pero el oficio de esclavo todavía no lo había ejercido hasta entonces, ése me faltaba: jornadas de 12 y 14 horas durante varias semanas al duro sol de Saipan, casi sin descanso, bajo los gritos y malas maneras del dueño, recibiendo apenas alojamiento y comida a cambio, al menos, dimos gracias a los nuevos tiempos de que el derecho de pernada estuviera abolido. No fueron pocas las veces que estuve a punto de abandonar, de dejarlo todo y seguir mi camino, ni estaba acostumbrado a ese trato ni tenía por qué estarlo; pero me decía a mí mismo y nos decíamos entre nosotros que todo era transitorio, que cuando el dueño se marchara y nos quedásemos sólo la tripulación todo sería diferente… y bien es cierto que mucho había luchado y mucho tiempo y esfuerzo invertido por conseguir llegar hasta aquí, y sería en cierto modo frustrante dejarlo así.
Continuaría. Y llegó Jean Paul -el cuarto tripulante, un señor inglés de 70 años- aportando su inusitada energía y su ilusión contagiosa, días después el propietario se fue, y la situación mejoró.

De 21 Islas Marianas del Norte

Seguía habiendo mucho trabajo, ciertamente, pero también empezábamos a llevar tiempo en la isla y nos estábamos acostumbrando a ella con absoluta simplicidad isleña, tomándole demasiado cariño para dejarla tan fácilmente, ¡y qué menos!

De 21 Islas Marianas del Norte
De 21 Islas Marianas del Norte

Sólo la gente que habíamos conocido lo merecía: Víctor -un chamorro orgulloso y bonachón, fundador de la Asociación para la Celebración del Cumpleaños de Bob Marley en Guam, y posteriormente en Saipan- nos recibía con frutas y comida local prácticamente cada mañana, además de llevarnos de visita por la isla cuando disponíamos tiempo libre; los policías de la marina imponían su autoridad sólo para obligarnos a unirnos a sus barbacoas nocturnas, además de darme toda una instrucción de varias horas sobre el mundo del coco (funciones, apertura -modo estándar y avanzado-,
particularidades… la clase entera daría para otra entrada del blog), Richard, un hippie trotamundos de la vieja escuela que siempre aparecía con nuevas sorpresas; Tino, que entraba a visitarnos cada vez que pasaba por allí; Noel y Pipit, que nos aguantaron siempre con sus sonrisas tantas noches de desvele tras la barra del Manic, sonrisas dif’iciles de olvidar, Ami, Mahesh… tantas y tantas caras que se nos unían fielmente cada vez que hacíamos cualquier actividad, caras que nos hicieron difícil abandonar definitivamente la isla, a quienes les debemos un recuerdo memorable.

De 21 Islas Marianas del Norte

El alumno

De 21 Islas Marianas del Norte

El maestro

De 21 Islas Marianas del Norte

Así, a pesar de las duras condiciones, hubo también grandes momentos. Y cuando el trabajo estaba hecho navegábamos con nuestros amigos hasta la cercana isla de Mañagaha para disfrutar de la puesta de sol, darnos un atracón de cenar, hacer snorkel o nadar desnudos hasta la desierta playa protegidos por la noche… Y los días iban pasando, y la fecha de partida posponiéndose: siempre había nuevas cosas que arreglar, nuevos problemas que teníamos que solucionar antes de salir, y nuevas excursiones.

De 21 Islas Marianas del Norte
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De 21 Islas Marianas del Norte
De 21 Islas Marianas del Norte
De 21 Islas Marianas del Norte

Hasta que un mes exacto después de mi llegada llegó ese 28 de junio, traidor y emocionante, que cortó radicalmente con todo y nos echó a la mar, infinita y solitaria, donde estaríamos durante los siguientes 33 días.

De 21 Islas Marianas del Norte
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Mi bola de cristal

5 julio 2011

27. 18′ latitud Norte; 148. 35′ longitud Este (frente a las islas japonesas de Shishi Shima) -dia 8 de ruta-

I wish you’ll keep the courage, the strenght, the people and the dreams, in this long way towards Ithaca… Selamat jalan!

Y tu, Carmen, disculpame de nuevo por la ausencia, os tuve a todos muy presentes el dia (mi noche) de la boda. Sed muy felices, esperare una celebracion personalizada en un futuro.

Para todos, no os dejeis llevar por las apariencias, esto es otro engagno del ‘samsara’: no tengo internet ni otra comunicaci posible que un email semanal enviado por radio -cuando las condiciones lo permitan- que he decidido enviar directamente al blog aun sin saber si llegara a ser publicado o no. Mientras este en el barco, no voy a poder leer (ni responder) ninguno de los mensajes que me escribais; dicho esto, agradecere el esfuerzo y espero disfrutarlos todos a la vez una vez pise el continente americano. Vamos alla con la cronica:

MI BOLA DE CRISTAL

Y el sol aparecio grande y rojo por detras del recto horizonte sobre la playa de Susupe, como todos los dias. Pero ese martes no era como el resto, era un martes de prisas, de nervios, de confusion… un martes donde ya no tenian cabida mas excusas ni mas retrasos. Era un martes de agridulces despedidas. Y como tantas otras veces desatamos las lineas y los ‘fenders’, navegamos despacio por la marina y desplegamos las velas; pero por vez primera nuestros amigos no iban dentro, sino que nos despedian emotivamente desde el puerto. Y con la voz de Edith Piaf de fondo, la pequena isla de Saipan se fue haciendo mas y mas pequena, convirtiendose en luces horas despues, y en sombras mas tarde… y en nada.

El amanecer del dia siguiente trajo consigo una importante revelacion: el horizonte habia dejado de ser recto para siempre: era redondo; una circunferencia perfecta de siete millas de radio flotando sobre siete mil metros de agua, bajo otra perfecta cupula. Y en el punto medio de esa circunferencia, permanente, inmovil: yo. Es la sensacion de estar atrapado dentro de una de esas decorativas bolas de cristal , con un escenario estatico y un mar en calma, solo modificado cuando el viento o las olas, juguetones como un nigno, quieren divertirse con el barquito por un rato hasta que se aburran del juguete.

Claustrofobia? Aburrimiento? Todo lo contrario! Los dias pasan tan rapido que me cuesta organizarme para abarcar todos mis proyectos, cocino, limpio, friego, coso, reparo, duermo, como, converso, leo, escucho, escribo, pienso, aprendo, practico, fantaseo… cada dia empieza con un amanecer diferente a nuestra derecha -y asi seguira mientras sigamos rumbo norte- y termina con una comparable puesta de sol a nuestra izquierda, que da paso a un cielo lleno de estrellas, tan propio para conversaciones, reflexiones y suegnos.

Y en estos ocho dias ni siquiera hemos recorrido las primeras setecientas millas de las mas de cinco mil que separan Vancouver de Saipan. Vamos despacio, pues apenas hay viento en esta parte del oceano, navegamos rumbo norte hasta alcanzar el paralelo 30 Norte, donde esperamos encontrar vientos y corrientes favorables que nos lleven hacia el noreste; pero sinceramente tampoco tengo prisa por llegar a ninguna parte, en solo una semana hemos visto aguas y cielos de todos los colores, hemos sido escoltados por delfines durante largas distancias, he nadado sobre los 8.000 metros de profundidad de la fosa de las Marianas, hemos operado de urgencia a un enorme pajaro que se quedo enganchado a los anzuelos de pesca, he aprendido sobre nudos, meteorologia, navegacion y velas, hemos pasado junto a volcanes activos en medio del mar, hemos parado a disfrutar de la belleza solitaria de un atoll y tenido que bucear junto a tiburones para arreglar problemas con el ancla. Ocho dias y tanto que contar… y quizas sea precisamente ese el unico punto negativo de todo esto: la incomunicacion prolongada y absoluta, la imposibilidad de compartirlo con ninguna otra persona exceptuando los tres companeros de viaje; y al mismo tiempo, la experiencia me recuerda el peso y la importancia que doy a las relaciones humanas.