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Mi bola de cristal

5 julio 2011

27. 18′ latitud Norte; 148. 35′ longitud Este (frente a las islas japonesas de Shishi Shima) -dia 8 de ruta-

I wish you’ll keep the courage, the strenght, the people and the dreams, in this long way towards Ithaca… Selamat jalan!

Y tu, Carmen, disculpame de nuevo por la ausencia, os tuve a todos muy presentes el dia (mi noche) de la boda. Sed muy felices, esperare una celebracion personalizada en un futuro.

Para todos, no os dejeis llevar por las apariencias, esto es otro engagno del ‘samsara’: no tengo internet ni otra comunicaci posible que un email semanal enviado por radio -cuando las condiciones lo permitan- que he decidido enviar directamente al blog aun sin saber si llegara a ser publicado o no. Mientras este en el barco, no voy a poder leer (ni responder) ninguno de los mensajes que me escribais; dicho esto, agradecere el esfuerzo y espero disfrutarlos todos a la vez una vez pise el continente americano. Vamos alla con la cronica:

MI BOLA DE CRISTAL

Y el sol aparecio grande y rojo por detras del recto horizonte sobre la playa de Susupe, como todos los dias. Pero ese martes no era como el resto, era un martes de prisas, de nervios, de confusion… un martes donde ya no tenian cabida mas excusas ni mas retrasos. Era un martes de agridulces despedidas. Y como tantas otras veces desatamos las lineas y los ‘fenders’, navegamos despacio por la marina y desplegamos las velas; pero por vez primera nuestros amigos no iban dentro, sino que nos despedian emotivamente desde el puerto. Y con la voz de Edith Piaf de fondo, la pequena isla de Saipan se fue haciendo mas y mas pequena, convirtiendose en luces horas despues, y en sombras mas tarde… y en nada.

El amanecer del dia siguiente trajo consigo una importante revelacion: el horizonte habia dejado de ser recto para siempre: era redondo; una circunferencia perfecta de siete millas de radio flotando sobre siete mil metros de agua, bajo otra perfecta cupula. Y en el punto medio de esa circunferencia, permanente, inmovil: yo. Es la sensacion de estar atrapado dentro de una de esas decorativas bolas de cristal , con un escenario estatico y un mar en calma, solo modificado cuando el viento o las olas, juguetones como un nigno, quieren divertirse con el barquito por un rato hasta que se aburran del juguete.

Claustrofobia? Aburrimiento? Todo lo contrario! Los dias pasan tan rapido que me cuesta organizarme para abarcar todos mis proyectos, cocino, limpio, friego, coso, reparo, duermo, como, converso, leo, escucho, escribo, pienso, aprendo, practico, fantaseo… cada dia empieza con un amanecer diferente a nuestra derecha -y asi seguira mientras sigamos rumbo norte- y termina con una comparable puesta de sol a nuestra izquierda, que da paso a un cielo lleno de estrellas, tan propio para conversaciones, reflexiones y suegnos.

Y en estos ocho dias ni siquiera hemos recorrido las primeras setecientas millas de las mas de cinco mil que separan Vancouver de Saipan. Vamos despacio, pues apenas hay viento en esta parte del oceano, navegamos rumbo norte hasta alcanzar el paralelo 30 Norte, donde esperamos encontrar vientos y corrientes favorables que nos lleven hacia el noreste; pero sinceramente tampoco tengo prisa por llegar a ninguna parte, en solo una semana hemos visto aguas y cielos de todos los colores, hemos sido escoltados por delfines durante largas distancias, he nadado sobre los 8.000 metros de profundidad de la fosa de las Marianas, hemos operado de urgencia a un enorme pajaro que se quedo enganchado a los anzuelos de pesca, he aprendido sobre nudos, meteorologia, navegacion y velas, hemos pasado junto a volcanes activos en medio del mar, hemos parado a disfrutar de la belleza solitaria de un atoll y tenido que bucear junto a tiburones para arreglar problemas con el ancla. Ocho dias y tanto que contar… y quizas sea precisamente ese el unico punto negativo de todo esto: la incomunicacion prolongada y absoluta, la imposibilidad de compartirlo con ninguna otra persona exceptuando los tres companeros de viaje; y al mismo tiempo, la experiencia me recuerda el peso y la importancia que doy a las relaciones humanas.

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