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Piratas del Mar de Cortés

22 julio 2012

Desde algún lugar del Planeta Tierra…

-día 1002-   ¡¡¡¡1002!!!!

Supe que me iría de La Semilla al siguiente día de haber sentido una felicidad plena e insuperable; y lo supe sin palabras, sin pensamientos, como un fuerte sentimiento que me invadió completamente y me hizo sentir satisfecho, realizado con mi trabajo y feliz con lo que allí había creado; pero al mismo tiempo, como una paradoja indescriptible me sentí triste y nostálgico, pues también supe interpretar eso como el final de una época bonita, de una época de cambio, que traería consecuencias tan grandes que yo mismo ignoraba su magnitud.

De La Semilla
De La Semilla

No perdí tiempo, todo estaba demasiado claro y al día siguiente comencé a visitar las marinas de la región; acababa de pasar un año desde mi anterior experiencia marinera a través del Océano Pacífico, y como otra nueva sorpresa sentí la necesidad de regresar al mar. Sentía también cierta urgencia por alcanzar cuanto antes la otra orilla del Mar de Cortés y resolver ciertos proyectos inconclusos, pero no quería volar, ni tampoco tomar el ferry, quería aprovechar la oportunidad que me volvía a brindar este obstáculo de 300 millas de agua salada. Entrando ya en plena temporada de ciclones y tormentas tropicales no era fácil encontrar un velero que fuera al sur, la mayoría de ellos migraban en dirección contraria, rumbo a la alta California o Canadá… pasé días recorriendo y dándome a conocer en todas las marinas de San José, Cabo San Lucas y La Paz, y el proyecto parecía cada vez más complicado…

De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla
De La Semilla

Pero mi prisa era relativa, y mi “plan”, si es que alguna vez tuve alguno, era terminar en La Semilla todo lo empezado y tomarme después una o dos semanas de balance y reflexión, de tomar el desierto como base para integrar todo lo aprendido poco a poco. Ni modo. El mero día que terminaba mi trabajo allí recibí una llamada de Reguis, un capitán de barco francés, a bordo de un Junco Chino de más de 100 años de antigüedad, navegando en dirección a Panamá, fui a conocerlo, me dijo que saldría al día siguiente, mi cabeza hizo un gesto de afirmación, bienvenido a bordo.

Posteriormente un cúmulo de casualidades (¿de verdad existen o vamos haciendo esfuerzos por crearlas y hacerlas posibles?) hizo que a última hora se apuntaran a la travesía mi buena amiga Sibyl y su hijo Emiliano, completando así la improvisada tripulación. La despedida no resultó menos improvisada, el tiempo transcurrió rápido ese día, reunimos en una cenita rápida y emotiva a todos aquellos que habían formado nuestra familia, rehice mi mochila, levanté la tienda de campaña que durante meses fue mi hogar, coseché verduras para tener algo fresco que comer en alta mar y partimos hacia San Lucas ya bien pasada la medianoche, cuando montamos en el Flying Dragon, la luna creciente iluminaba el fotogénico cabo que separa al Pacífico del Mar de Cortés, nuestra despedida de la Baja California. Cuando el sol volvió a aparecer, repetí una maniobra conocida y casi olvidada: levantamos ancla, alzamos las velas y orientamos la proa en dirección sureste.

De Postsemilla
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De La Semilla
De Postsemilla
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A partir de ahí los recuerdos se sucedieron con los matices de la novedad: noches de vigilia, amaneceres y atardeceres, delfines y ballenas, tranquilidad y caos, nervios y relax; todo era nuevo, todo era conocido… y si tuviera que diferenciar con un adjetivo este viaje con respecto a aquel lejano Twin Image, éste sería “informal”, en todas sus acepciones; sí, definitivamente este viaje resultó mucho más informal que el anterior, lo que produjo muchas risas, diversión y buenos momentos, algo de nervios y algún que otro susto. Y así, con tanta variedad sensitiva, en tan sólo tres días alcanzamos la bahía de Puerto Vallarta, Estado de Jalisco.

Fueron en total seis meses viviendo en el desierto, acostumbrándome a él, disfrutando de él, sufriendo con él, queriéndolo y odiándolo; así se entenderá que lo primero que me fascinó de aquella costa tropical fue un cielo lleno de nubes de todos los grises, y unas montañas mostrando orgullosas todos sus verdes… regresaba a un mundo de colores cuando mis ojos ya se habían acostumbrado a los tonos ocres y brillantes del desierto.

De Postsemilla
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De Postsemilla
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La llegada dio comienzo a una etapa de cambios: el Flying Dragon nunca siguió su curso hacia el Caribe, requería de urgentes reparaciones y llegaban noticias de fuertes tormentas que venían desde el Sur, así que Reguis, Sibyl y Emiliaron decidieron instalarse en la hospitalaria bahía, disfrutando de la singular y adorable familia que acababan de formar. Yo me fui poco a poco desvinculando de la vida en el barco y me dediqué a explorar esa exuberante y novedosa costa tropical, cargada de calor, mosquitos, frutas, lluvias y aventura. Y a un ritmo propio de los trópicos, y con ayuda de la gente tan bonita que iba encontrando por el camino – siempre responsables últimos de la difícil y eterna decisión entre quedarme un día más o seguir caminando- creé una breve y dulce rutina de cocos, yoga, piñas, playa, mangos, masaje, papayas y atardeceres; concediéndome al fin ese periodo de reflexión arrebatado en Cabos por la prisa.

De Postsemilla
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Hasta que de nuevo un día, picado siempre por ese bicho que me obliga a moverme de un lado para otro, agarré mis cosas y me metí montaña adentro, disfrutando nuevamente de la sensación de libertad que sólo el autoestop puede proporcionarme; aunque el día estaba raro: nadie se paraba, la gente hacía señas incomprensibles, el ambiente estaba enrarecido… esperé y esperé al borde de la carretera hasta que horas después Tomás y Luz se detuvieron, una simpática pareja recientemente deportados de Estados Unidos, amantes de los viajes y las aventuras, detractores de la lógica, me invitaron a subir a su carro, me dieron un tour por esa recóndita región (fábrica artesanal de tequila incluida) y me explicaron riendo que sencillamente nadie se paraba ni se pararía en esa hermosa carreterita de montaña porque era una de las rutas más utilizadas por el narco para bajar su carga hacia la costa y no eran infrecuentes los asaltos, las balaceras y las redadas. Ya todo tenía sentido.

Cayó la noche de por medio, la lluvia arreciaba fuerte, y aún faltaba mucha montaña hasta alcanzar los llanos de Guadalajara, era momento de aplicar en la vida los conocimientos adquiridos en la granja experimental de La Semilla, la tienda de campaña fue mi abrigo, la cena los frutos que el bosque y la tierra me ofrecieron, y el agua toda la que me mandaba el cielo, no necesitaba nada más.

De Postsemilla
De Postsemilla
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Al día siguiente llegaba a la gran ciudad, sintiendo el contraste fuerte con esta vida rural y nómada a la que me había acostumbrado alegremente, pero me dejé contagiar por el caos y entusiasmo que emanaba todo ese nido de gente y volví a romper todos los planes: pretendía visitar con calma una de las capitales culturales más influyentes del país, recorrer los montes y ciudades coloniales de los estados del centro, ascender a los desiertos del norte, bajar a los valles del golfo… en lugar de todo aquello, la misma noche que llegué a Guadalajara me subí a un coche que me transportaba a una realidad bien diferente.

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4 comentarios

  1. Chapeau…

    No tengo palabras hermano. Todo lo que cuentas,transmites, lo que entre líneas se intuye, y cómo el conjunto de todo ello me revuelve por dentro…

    Más que identificado, por cierto, con la libertad que da el hacer autostop durante muchos kilómetros.

    Que Hermes, deidad romana de los viajeros, que te siga alumbrado, hoy, y las millas que te queden por vivir…


    • Gracias, compañero, porque aunque le haya puesto un punto y aparte a esta experiencia, expero que me queden todavía muchas millas por delante…
      Me alegro que te identifiques, de hecho en cuestión de libertad creo que tendría mucho que aprender de ti. Fuerte abrazo, y nos vemos pronto, esta vez sí.


  2. Adrian1 q buen viaje… q lindo q lo redactas y q bien lo pasamos… buena vibra dponde kiera q estes!!!


    • Gracias, Estela! si, fueron buenos tiempos que siempre se recuerdan con una gran sonrisa. Cuidate mucho y espero encontrarte de nuevo en este mundo… o en otro.



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