Archive for the ‘Nepal’ Category

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Nepal, mon amour!

5 junio 2010

Al sur de Margaret River, Western Australia

-día 535-

Un año después, y Nepal, todos los nepales que conocí, continuan muy presentes en mi memoria:

La ciudad de Kathmandu, caótico laberinto de calles, templos, flores, vacas, gente, ruido, humo, miseria, alegrías y sonrisas… Los pueblos de la montaña, pacíficos, fríos y duros lugares que dramáticamente mueren con cada atardecer, pero que recuperan toda su vitalidad con las primeras luces del alba. La planicie del Terai, a no más de 200 kilómetros al sur, pero a interminables horas de carretera en destartalados autobuses que traquetean al ritmo de los últimos hits de Bollywood, donde el Himalaya deja paso a la selva, y el calor asfixiante contrasta con las gélidas temperaturas de las montañas que, orgullosas y altivas, aún se avistan a lomos de elefante.

De 07 Nepal

El país que en plena era colonial se autoproclamó el “último reducto hindú” sobre la Tierra es el mismo que dio nacimiento al Buddha en el siglo VI aC; y esa miscelánea mística que mezcla Maitreyas, Garudas, saddhus y chörtens para confundir al viajero, es palpable a lo largo y ancho de la pequeña nación.

De 07 Nepal

Cuando el sol se pone sobre Nepal, los gompas de las montañas terminan de recitar sus últimos mantras, los turistas del templo de Pashupatinath observan maravillados la pooja vespertina; Kumari, la diosa viviente medita encerrada en su palacio; y más al sur, en el Terai, las ancianas tharu realizan sus ancestrales ceremonias. Obviando a los turistas, todo sigue como siempre sucedió.

De 07 Nepal

Pero siempre, siempre, no fue así. Era ésta una tierra de pequeños reinos, de distintas etnias, hijos de las altas cumbres, de los valles o de la selva, hasta que un guerrero unificó el país a base de cortar nariz y orejas a todo aquel que se opusiera. Nepal había formado sus fronteras, fronteras que a partir de ese momento ningún otro ejército conquistó, sí, ni siquiera la todopoderosa Corona Británica, ¿no puedes con tu enemigo? ¡Únete a él! -se dijeron Su Majestad y sus secuaces-, y a partir de ese momento los guerreros gurkhas fueron conocidos en el mundo entero, desde la India a las Malvinas, por su coraje y agresividad. Nunca fue colonizado, cierto, pero Nepal tenía la lucha dentro; la causa maoísta había puesto en jaque a los ejércitos reales, y una salvaje guerra civil estalló, escribiendo el final del siglo XX en esta parte del mundo con la sangre del pueblo nepalí. Y al final de la historia, ganaron, democráticamente, expulsando a las puertas del siglo XXI a una monarquía feudalista y autoritaria, o mejor dicho, a lo que quedaba de ella, ya que los dos únicos supervivientes todavía son considerados acusados o cómplices del asesinato masivo de toda una familia real, a manos de un príncipe armado y bajo efecto de las drogas.

De 07 Nepal

El panorama actual es complejo, con una sociedad polarizada y las huelgas como norma general, el país vive en constante estado de alerta y está lejos de alcanzar algo similar a la estabilidad política; la economía, aún peor: un 80% de su población malviven con menos de 2 $ por día, el país ocupa el puesto 152 del Índice de Desarrollo Humano de la ONU situándose a la cola de los países asiáticos; y un gran porcentaje de su población, obligada a emigrar por falta de recursos. Y en lo social… con un índice de más de 100 “Namaste”/ día, una hospitalidad y capacidad de conversación muy por encima de los valores normales, y una de las sonrisas más bonitas y tiernas de Asia, Nepal todavía encabeza mi ranking de países de los que me he enamorado y que tengo que volver a visitar, una y mil veces.

De 07 Nepal

 

Será una entrada larga, pero me gustaría añadir algunas notas tomadas en mi cuaderno durante aquellos días, y que han viajado todo el camino hasta estos viñedos australianos; las fotos también cuentan, gráfica y cronológicamente, mis dos meses en Nepal:

La diosa-niña Kumari

De 07 Nepal

 

Kathmandu, 22 de marzo de 2010

“Ayer, que tan lejano me parece hoy, fue el día más intenso y completo del viaje, casi de mi vida. Fue una noche tan fría como especial, a los pies de la montaña más alta de la Tierra, bajo uno de los cielos más limpios y estrellados que haya visto jamás, y no dormí bien, consecuencia probable de acampar en un monasterio a 5.100 metros de altitud, pero también de la situación. Daba igual, ¡tenía que levantarme en seguida, iba a poner mis pies en la misma base del Qomolangma (Everest)! Yum -la guía obligatoria que el Gobierno Chino nos puso- intentaba convencerme para que fuera sentado en el vehículo hasta el Campo Base, pero aquí ya no estaba dispuesto a bajarme del burro, ya no más, nos había dirigido suficiente durante la última semana pero aquí no habría negociación, a mitad del trayecto me bajé y continué a pie, y conmigo también Tango, Rieko y Alexandra, a quienes los áridos y helados paisajes también les habían enamorado. Estaba preparado para un momento que pretendía recordar durante el resto de mi vida: ¡caminar por el Himalaya y llegar a pie al Everest! Era algo con lo que había fantaseado desde crío, sin pretender nunca en serio llevarlo a la realidad… (he aquí un hecho más para creer que los sueños, a veces, se sueñan para cumplirse). Hacía muchísimo frío y el viento cortaba mi cara, me separé del resto, ese momento quería disfrutarlo sólo, y sólo subí por el camino a los pies de los glaciares que me rodeaban, esforzándome por respirar con normalidad, cantando mentalmente, deleitándome con aquél extraordinario paisaje que tenía la gran suerte de disfrutar. Y al traspasar un collado, allí apareció, gigante, solitario, imponente y claro como nunca lo habría imaginado, con la cumbre iluminada y sin una nube en el cielo… seguí ascendiendo, despacito, disfrutando, hasta el Campo Base. El viento soplaba fuerte a los pies del Qomolangma, e impedía permanecer durante todo el tiempo que habría querido, guarecido como podía, aún pude tomar unas fotos y fantasear durante unos minutos… ¿pisaría algún día aquella cima soleada?

Qomolangma en tibetano, Sagarmatha en nepalí, Everest en occidente

De 07 Nepal

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De vuelta al monasterio, y tras un reconfortante desayuno junto a la estufa, tomamos la ruta de Nepal. Todavía quedaban por delante muchos kilómetros, atravesando hostiles valles de hielo y piedras, con blancas gigantes cerrando el horizonte. Subiendo y bajando puertos, sin quitar ojo del horizonte, recorrimos la sarcásticamente llamada “Carretera de la Amistad”, y en el último de ellos, de nuevo por encima de los cincomil, una increíble panorámica de montañas me rodeaba y formaba la más hermosa de todas las fronteras; me volví a ensimismar, de pie, tras las ruedas de oración, banderas y bufandas que estaban fervientemente depositadas en lo alto del puerto, cambiando de opinión, no tuve más remedio que colgar la mía también, como prueba de mi agradecimiento a tan magnífico lugar.

Frontera tibeto-nepalí

De 07 Nepal

El coche se encarriló a gran velocidad en la estrecha gargante por la que nos encañonábamos, casi con vértigo, el verde de los bosques y los prados volvía a nuestra vista tras muchas semanas de marrón y blanco, y al fondo del barranco, sobre el río, se vislumbraba el Friendship Bridge, al otro lado, un militar nepalí nos avisó que acababa de morir el Primer Ministro de manera extraña, nos habló de revueltas en Kathmandu y de la guerrilla, y nos ofrecía su ayuda como escolta en nuestra entrada al país. Afortunadamente no tuvimos que buscar excusas para rechazar ayudas no deseadas, una horda de mujeres con saris de colores y tikkas pintados en su frente, forzaron la barrera y entraron en masa camino del Tíbet, ridiculizando los esfuerzos de nuestro amigo por mantenerla cerrada. Estaba en Nepal.

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Era totalmente surrealista, pero sólo había cruzado un puente y parecía que salía de un aeropuerto, todo era distinto “al otro lado”, no más gruesos trajes tibetanos, no más chörten ni bufandas, no más koras ni más mantras; el alfabeto era distinto, y las caras diferentes, el asfalto se acababa de evaporar, y el orden impuesto por los chinos daba paseo al caos, agradable y relajado caos. Seguimos descendiendo la carretera que nos llevaría hasta la capital, entre verdes montañas, serían 4.000 metros de desnivel en total; una agradable brisa tropical me obligó a sacarme las mallas de debajo de los pantalones, saris de todos los colores, plataneras, música india, calles llenas de gente, una agitada vida nocturna… me zambulleron directamente en el Índico, océano en el que nadaré durante los próximos meses.

Tango, Rieko, Alexandra y yo. Bienvenidos a Kathmandu

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Nagarkot, Valle de Kathmandu, 27 de marzo de 2010

Como viene siendo habitual, mucho que contar y poco tiempo para hacerlo (y a veces, ganas), en esta intensa semana nepalí. Resumiendo y priorizando, debo escribir algo que me parece tan absurdo como real: que por mi experiencia de estos últimos días, los nepalís me parecen las personas más amables y entrañables que he encontrado nunca; me fascina y me parece todo un ejemplo a seguir el hecho de que pese a todos sus evidentes problemas, nunca pierdan la sonrisa ni el sentido del humor, y en más de una ocasión, he sentido escalofríos causados por el agradable momento que estaba viviendo… ¿casualidad de que tantos buenos encuentros se hayan producido en Kathmandu con mucha mayor frecuencia que Beijing o Moscú?

De 07 Nepal
De 07 Nepal
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Puede ser, pero es que todavía me causa más incomprensión el hecho de que “mis estudios” estén basados en la tremendamente turística y sufriente Kathmandu; porque sí, para viajeros y turistas, esta ciudad es un parque de atracciones, un paraíso (y por supuesto me incluyo a mí también, viniendo del estricto aislamiento chino), aquí uno encuentra cualquier cosa que se proponga, casi todos los locales conocen inglés, además de chapurrear algo de francés, español, alemán…

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Con Ro, Tango y Juancho

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Y en el pequeño barrio de Thamel todo esto se multiplica, allí abundan tanto los extranjeros como los autóctonos, los comercios están hechos al corte y medida del turista hippye venido de cualquier rincón del mundo, que aprovecha sus vacaciones en Nepal para comprar su ropa alternativa, sus libros nuevos o de segunda mano, sus artesanías, y todo aquello que está prohibido en el vecino Tíbet.

De 07 Nepal
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Pero por la noche Thamel se cambia la cara, los turistas se van a dormir cuando acaba la música en vivo y cierran los bares; y por la calle sólo quedan unas cuantas motos, conductores de rickshaw pluriempleados como camellos ambulantes y decenas de niños aparecidos de la nada y condenados a la nada, esnifando disolvente por los portales, disfrutando sólos o en grupo de su única risa del día […].

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Desde el techo de un autobús…

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14 de abril de 2010  -día 14 del Circuito de los Annapurnas-

 

Tilicho Base Camp (4.150m) – Tilicho Lake (4.950 m) – Kansgsar (3.800 m). 8 horas

Día muy completo, tras la noche más fría y más dura de estos últimos 14 días de recorrido. Sorprendentemente el dolor del pecho se pasó y mi rodilla izquierda me concedió una tregua para poder ascender, primero muy poquito a poco, y luego más a gusto y disfrutando los últimos 800 metros de desnivel que nos separaban del lago. El camino ascendía con suavidad hasta un primer collado, y después bruscamente en zigzag, con excelentes vistas del valle y del nacimiento de la Margsyandi, río que llevo siguiendo desde el primer día en Besi Sahar. A partir del segundo collado entramos en el valle de nieves perpetuas, ¡por fin caminaba sobre el tipo de Himalayas que llevaba tanto tiempo esperando! En este gélido y soleado día (el tiempo se está portando mejor con nosotros hoy que con el resto de montañeros que intentaron el Tilicho en los días anteriores) las altas cumbres de todos los sietemiles de alrededor se elevan poderosas sobre nosotros.

A las 11 de la mañana, cuatro horas después de abandonar el Campo Base, Dani y yo coronábamos el Tilicho Tal, el lago más alto del mundo, mientras otros compañeros tuvieron que darse media vuelta sin haberlo podido conseguir. Contemplamos durante todo el tiempo que pudimos aquella llanura helada enclavada entre montañas, pero el sol apretaba demasiado y comenzaba a hacerse tarde, había que descender. Ya por la tarde, en la caseta junto al Campo Base, volvimos a coincidir junto a un té y un dhal bat con ese peculiar montañero noruego con tantos años de experiencia en este país y pudimos discutir sobre varios interesantes temas: otras rutas interesantes, turismo sostenible en Nepal, como afecta el turismo de montaña al frágil ecosistema de los Annapurnas… tanto se alargó la conversación que llegamos al albergue de cerca de Kansgar bien entrada la noche, sólo les quedaba una húmeda y polvorienta habitación, totalmente inhabitable para dormir; por suerte, Jean Charles, el quebequés con el que habíamos coincidido en el ascenso de la mañana nos invitó a compartir su cuarto, ¡menos mal! Después se nos unieron Enrique el mexicano, Colin, de los USA y Eric, un italiano. La cena fue más que interesante, cinco trotamundos que viajábamos sin rumbo fijo ni límite de fechas, me dieron algunas instrucciones sobre el barco-stop, interesantes direcciones para India, y compartimos onitas experiencias viajeras. Terminó la jornada a horas intempestivas, cerrándola con una hipotética quedada dentro de un tiempo, en Montréal.

Hoy he visto uno de los más bonitos paisajes de montaña de todo el circuito, ¡cuánto me gustaría poder recordarlo más adelante y evocarlo cuando yo quisiera con una nitidez similar a cómo lo recuerdo ahora!

(Texto extraído al azar de mi cuaderno de viaje, circuito de los Annapurnas)

De 07 Nepal
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Tilicho Lake

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Sauraha, Chitwan National Park, 25 de abril de 2010

(escribiendo desde mi habitación alumbrado únicamente con mi frontal, parece que los cortes programados de electricidad son algo habitual por todo el país). Estos tres últimos días en Pokhara no me han aportado mucho más que un merecido descanso tras un mes vagando entre montañas y un buen aporte calórico distinto al arroz con lentejas. Por lo demás, turistas, fiesta, y poco que rascar. Pero este país no deja de sorprenderme, y tras haber pasado estas últimas semanas congelado entre montañas; hoy, al bajar del autobús, el aire ardía, la tierra era plana y la vegetación exuberante, y la gente se abarrotaba a mi lado gritando y contribuyendo muy activamente a un agradable caos. Estaba en el Parque de Chitwan, en la región independentista del Terai.

De 07 Nepal

Aunque el calor era insoportable, decidí salir a explorar la zona, las cabañas de adobe y paja, el paisaje e incluso la ropa de la gente me trasladaban irremediablemente lejos, muy lejos de Asia: a Senegal. Oigo un grito, y al darme la vuelta veo a un hombre montado un elefante que me hace señas para que me aparte de su camino, me froto los ojos, ¿estoy soñando? Pero el paseo me demuestra que

aunque esto parezca otro país, la gente sigue siendo igual de encantadora; abuelas tharu con sus piercings en la nariz y piernas tatuadas me lanzan sus “namaste” con la misma sonrisa y alegría que los tibetanos abrigados con pieles de yak de la montaña (…) Hay un grupo de gente bajo un árbol, levanto la vista y veo una serpiente de casi dos metros de longitud enroscada sobre una rama: -”rat snake, my friend – me dice un espontáneo- don’t worry, no poisonous, it’s the favourite cobra’s food” (no te preocupes, no es venenosa, es la comida favorita de las cobras). Gracias, muy tranquilizante. En ese mismo momento, la agitada multitud, me informa de que una de las vecinas que había salido al bosque a recoger leña había sido devorada por un tigre, las huellas del felino seguían impresas en el camino al pueblo.

De 07 Nepal

Es la puesta de sol sobre el río, y los pescadores pasan con sus canoas, el tiempo se detiene… pero de repente, otro hombre a lomos de elefante pasa por mi lado y penetra en las aguas, me ofrece ayudarle a lavarlo… ¿yo? ¿en serio? Me faltó tiempo para entrar corriendo al río y empezar a frotar al paquidermo. El sol se va poniendo grande y rojo, aparecen dos camellos al otro lado del río, pero ya no me sorprendo de nada, todo es muy surrealista.

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Al día siguiente…

(…) esa mañana salí antes que el sol, decidido a internarme en la selva que rodea al pueblo de Sauraha, por mi camino se cruzó un pavo real muy madrugador, pero en realidad estábamos siguiendo la pista de los rinocerontes… los encontramos. Aún dormían, Aarón -el forestal del parque- y yo nos subimos a un árbol y allí estaban: dos adultos y una cría, parecía que dormían, pero en cuanto nos sintieron, salieron en estampida.

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Internándonos en la selva bajo un sol abrasador, se iban sucediendo los animales: gacelas, ciervos, facoceros, insectos de todo tipo, un cocodrilo, monos grises, búfalos salvajes… tuvimos suerte esa mañana.

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Pero no por la tarde, había que correr, la tormenta estaba detrás de nosotros y no era buena idea quedarse aislado en la selva. Los elefantes corrían también a nuestro alrededor.

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Magengoth, Helambu, 7 de mayo de 2010

Es mi tercer día de trekking en Helambu, camino de los lagos de Gosaikund, y quizás, del perdido valle del Lantang. Nunca pude salir de Nepal, estoy preso en esta hermosa cárcel.

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Kathmandu está tomado por los maoístas y su llamamiento a la huelga indefinida, todo está cerrado, y la comida escasea, nunca concebí peligro en continuar allí, pero nadie sabe cómo va a evolucionar la situación. Todos los cuerpos diplomáticos están abandonando el país. Yo lo intenté también, en su momento, pero los vuelos son demasiado caros y sigo con la idea romántica de realizar mi viaje sólo por tierra y mar.

De 07 Nepal

Quiso la suerte que volviese a encontrar, de nuevo en la Embajada de India, a Ro, Juancho y Javi, mi buena amiga de Senegal que encontré totalmente por casualidad en las calles de Kathmandu, y con ellos establecimos los planes de huida de un país en crisis: descartado el vuelo, y con todos los transportes terrestres inutilizados, caminar era la única solución aparente, ¡así lo haríamos! Extenderíamos el visado y caminaríamos atravesando el ardiente Terai hasta Bheirawa, en la frontera cercana al estado indio de Uttar Pradesh, abandonaríamos Kathmandu al día siguiente a primera hora… en última instancia decidimos cambiar de opinión, la razón nos sugirió que era mejor caminar durante semanas entre preciosos valles de montaña y poblados sherpa de los valles de Helambu y Lantang, que hacerlo con 20 kg a la espalda y 45ºC a través de las llanuras del sur. Nuestra baza era que en unas semanas, la huelga habría finalizado y podría salir de Nepal por la frontera de Kakarbhitta, camino de Darjeeling, como era mi intención.

De 07 Nepal

Puesto que todo estaba cerrado y no había transporte, salimos andando desde Thamel, paramos en Buddha y nos maravillamos ante la gran Stupa, lugar de peregrinación entre los exiliados tibetanos en Nepal; y continuamos carretera adelante camino de Sundarijal, con la energía que nos proporcionó un gran cuenco de samosas (…)

De 07 Nepal

Cada día ascendíamos entre mil y dos mil metros de altitud y descendíamos otro tanto, atravesando los valles que bajaban perpendicularmente del Himalaya, entre bosques, niebla, risas y nutritivas conversaciones fueron pasando los días, dirección norte. Al tercer día, Juancho, que tenía prisa por cruzar cuanto antes la frontera India, nos anunció su partida, intentaría cruzar por su cuenta, como fuera posible… ¡suerte, Juancho! Espero sinceramente que disfrute la experiencia, y encontrarle en un futuro en algún lugar de India, porque, aunque breve, ha sido uno de los mejores encuentros de todo el viaje. Seguimos trepando por un bosque de rodoendros, que la niebla y la oscuridad daban un ambiente de irrealidad o sueño, el frío vuelve a arreciar, y las condiciones hacen que muy a menudo perdamos el camino y nuestra orientación; pero cuando levantan las nubes, este regalo de montañas con el que ya no contaba, merece la pena todos los esfuerzos soportados. (…)

De 07 Nepal
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Días después, a casi 4.000 metros de altitud, un pastor nos anunció que había oído por la radio que la huelga había terminado, los maoístas habían fracasado en su intento de derrocar al Primer Ministro, la ONU ejercía presión para que desconvocaran la huelga, y los que menos tienen, sus más fieles seguidores, estaban sufriendo como nadie las consecuencias del parón… Bueno, tras discutirlo, lo decidimos, acabaríamos la ruta, ahora la montaña nos llamaba con todo su poder.

De 07 Nepal
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Siliguri (West Bengal, India), 17 de mayo de 2010

(…) Un pequeño puente entre los arrozales marca la frontera entre Nepal e India, y desde que crucé ese riachuelo no he tenido demasiada suerte: un pájaro se me cagó abundantemente en la cabeza en el mismo puente, me estafaron un puñado de rupias con el cambio en el bus a Siliguri, me he quedado atrapado en esta ciudad de paso a causa de una nueva huelga por la independencia de Gorkhaland, y este primer thali de esta mañana me está ocasionando no pocos problemas digestivos…. ¡pero qué importa, estoy en India! ¿quíén iba a decirlo? Yo, que pensaba posponer este destino para mucho más adelante… ¿Cómo será este primer viaje al subcontinente? ¿Me enamorará India como me enamoró Nepal? Estoy preparado para quererla, pero sólo el tiempo lo dirá…

 

Frontera indio-nepalí

De 07 Nepal

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2010 Strike World Tour

17 mayo 2010

Siliguri (India) -dia 211-

(Este texto tendria que haberse publicado ayer… cosas de las huelgas)

Para todos aquellos fieles seguidores que me habeis escrito con curiosidad o preocupacion por la situacion, el Adrian del futuro se manifiesta trayendo respuestas:

Encerrado! Encerrado en esta ciudad que tanto me gusta mientras los dias iban pasando con agobiante monotonia. Dia tras otro, los manifestantes desfilaban con pacificos y festivos ejemplos de que se puede intentar cambiar las cosas sin tener que arrojar nada, pero desgraciadamente y como era previsible, a medida que pasaban los dias de persianas con candado y nada que llevar a casa, estos ejemplos iban escaseando y la situacion se iba poniendo mas y mas tensa. Por mi parte, pude renovar el visado -previo nuevo y doloroso pago al Ministerio de Inmigracion- prorrogando mi estancia quince dias mas y con la firme esperanza de que las cosas cambiarian en los proximos tiempos. Ademas, como suelo ocurrir a menudo, “eso” que nos arregla un poco las cosas en los momentos mas complicados de los viajes cruzo en mi camino a Ro -una viajera vieja amiga de los tiempos de Senegal- y a su simpatico grupo: Juancho y Javi; y juntos organizabamos la fuga del pais. Por tierra ya sabiamos que era tarea imposible, ningun vehiculo -publico o privado- se atrevia a abandonar Katmandu, la cosa era seria y parecia que las represalias de los piquetes habian calado hondo. Con preocupante frecuencia, la respuesta que obteniamos al lanzar aleatoriamente la famosa pregunta “cuanto tiempo crees que…?” parecia que toda la ciudad se habia puesto de acuerdo para respondermos la misma temida cifra: “un mes”.
Vale, iba contra mis principios pero tambien lo va el estar un mes atrapado en Katmandu, donde al cuarto dia hasta el omnipresente arroz empezaba a escasear: lo intentariamos por aire; habiamos oido que los vuelos todavia funcionaban, y tambien que se estaba empezando a evacuar a otros turistas, asi que probariamos fortuna en ese improvisado casino llamado “Tribhuvan International Airport”… mal dia para el azar: o no quedaban asientos libres o eran insultantemente caros, preferia volver a Katmandu y entretenerme a diario buscando mi racion de arroz, en el fondo sonaba divertido.
Pero a la vuelta, sufriendo un ataque colectivo de coraje, perseverancia y romanticismo pensamos la posibilidad: y si…? nooo, que dices!, ya pero, y si…? si… podria funcionar, sisisi, saldriamos del pais usando el mas antiguo transporte conocido por el hombre: los pies.
Nuestra pregunta generaba risas entre los sonrientes nepalis: “no possible, my friend”; ante nuestra insistencia, empezabamos a obtener respuestas: la frontera mas cercana se encontraba unos 250 km al sur de Katmandu, a unos siete dias de marcha a “nepali speed”, dejando atras las montagnas y atravesando las ardientes sabanas del Terai.
Pero pese a la emocion de la partida, ya preparados y horas antes de emprender el camino, descubri que no era valiente ni romantico, mucho menos perseverante; personalmente me daba una pereza extrema recorrer el Terai con el mochilon a la espalda y bajo los mas de 45 grados de un insoportable sol. Lo mismo pensaron Javi y Ro, solo Juancho seguia impregnado del espiritu que nos habia cautivado a todos el dia anterior
-Venga, que rectificar a tiempo es un signo de inteligencia (la autojustificacion hace milagros en momentos asi, creedme), vamonos de vuelta a la montagna hasta que la cosa se calme (si la cosa no se calmaba en las proximas semanas, como llevaba toda la pinta, ibamos a tener mas de un problema. pero habia que ser optimista y no era momento de pensar en eso).
Asi que con un tercio del peso estimado en un principio sobre nuestra espalda, y contentos por abandonar al fin esa carcel de persianas bajadas, esa irreconocible Katmandu sin caos circulatorio donde por primera vez la calle era de la gente y no de los impacientes vehiculos que la apartaban a bocinazos, salimos a pie en direccion al norte. El cielo era sospechosamente claro y azul, tampoco habia en esos dias fabricas ni humos que hicieran al personal caminar con el pagnuelo pegado a la nariz, habia algo de magico en todo aquello y hasta nos empezaba a gustar, pero seguimos caminando y al cabo de diez largas horas ya estabamos de nuevo en la montagna.
El valle del Helambu era muy distinto de los Annapurnas; sin su fama internacional, esos montes se conservaban mas “puros” y tambien habia mucha menos infraestructura para el montagnero. El tiempo ya no acompagnaba: en mayo se mete la niebla que lo cubre todo dando una perspectiva distinta de la montagna y llueve a diario, la marihuana crecia salvaje a los lados del camino y los rododendros iban soltando sus ultimas flores; conforme ibamos ascendiendo notaba de nuevo esa extragna y agradable sensacion tan olvidada en las ultimas semanas: era frio!
Al cuarto dia de ruta, muy lejos de cualquier sitio, un montagnes nepali nos lo comunico: “la huelga ha terminado, el Primer Ministro no dimite, la presion de la comunidad internacional y la tension local han forzado a los maoistas a desconvocar la huelga. Ciertamente, obligando al cierre, se estaba perjudicando a los trabajadores a quienes afirmaban defender…” Seguimos hablando un rato con el, a mas de 3.500 metros de altura, se le notaba en el tono y en la cara un cierto grado de desilusion, y es que es en el medio rural donde las proclamas maoistas han llegado mas a la poblacion.
Con estas noticias que lo cambiaban todo, al dia siguiente nos decidimos a cruzar el Lauribina La, un paso a 4.600 metros de altura entrando en el Gosaikund, un valle salpicado de ibones sagrados y magnificos paisajes, desde donde fuimos progresivamente descendiendo a las tierras habitadas.
Mis nuevos compagneros de viaje se marcharon con prisa hacia la India, yo decidi quedarme unos dias mas, estaba generoso conmigo mismo y habia decidido regalarme un rafting de un par de dias en el Bhote Kosi, un barranco que baja con furia desde el Tibet, en el punto exacto por donde entraba en Nepal casi dos meses atras. Un divertido regalo de despedida, otra experiencia mas para la coleccion.

Y ya ayer me decidi: era la hora de seguir. A mediodia tomaba un bus de d16 horas hasta la frontera india oriental, cerca de Darjeeling.
En un amasijo de madera y hierros, sin amortiguacion, probablemente disegnado por un paticorto cargado de odio hacia la gente de mas de metro y medio de altura, abandonaba finalmente Nepal por una pista llena de baches a una velocidad como si nos estuviera persiguiendo medio pais. Al amanecer, lleno de bollos, chichones y heridas en las rodillas, cruzaba a pie el riachuelo que formaba la frontera.

En la oficina india de inmigracion, me pregunta el burocrata simpatico:

– Welcome to India! Where are you going?
– Darjeeling, respondo.
– No possible, there is a strike (imposible, hay huelga).
– Jeje (que cachondo el tio, claro, como sabe que vengo de Nepal tiene ganas de vacile, pues me se de uno al que no va a pillar, y me segui riendo).

Ahora con poca cara de bromas, el buen hombre me suelta:

– No tiene gracia, los independentistas han llamado a la huelga general. El area de Darjeeling lleva largos agnos reclamando el estado independiente de Gorkhaland, no sabemos cuando se reanimara la actividad.

Desde mi nuevo aislamiento de Siliguri, en Bengala Occidental escribo estas lineas, sognando con frescas montagnas.

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Primero de mayo

1 mayo 2010

Katmandu (Nepal) -dia 196-

Hoy solo se habla de politica en las calles de Katmandu. Alli donde me pasee, siente o curiosee termino hablando con nepalis, asustados algunos, resignados y cansados otros, emocionados unos cuantos, amables y sonrientes todos; sobre las exigencias de los maoistas o las ultimas declaraciones del Primer Ministro.
Si, Nepal vive estas ultimas horas en tension, y la situacion se veia venir desde dias atras; yo, por miedo a quedarme aislado en el sur del pais ayer me vi obligado a coger precipitadamente un bus a la cercana capital, un bus de solo 4 horas… que me tomo 15!: retenciones kilometricas, piquetes, controles policiales, militares… cientos de motocicletas y autobuses se dirigian como yo a Katmandu, ondeaban todos ellos rojas banderas, de anacronicas hoces y oxidados martillos…

– “Si el Primer Ministro no dimite convocamos la huelga general indefinida” -me dice entusiasmado Bahadur-
– “El Gobierno expulso injustamente a nuestro Presidente, ahora su Presidente tiene que dimitir, es un corrupto y ya estamos hartos” -agnade su compagnero- “nos vamos a hacer escuchar, el 40% del pais somos maoistas”.
– “Nepal, poor country. Politicians, only money, money, money” – no hace mas que repetir un tercero-

Tanto en Sauraha como en Katmandu, vecinos y pequegnos comerciantes tienen una vision muy distinta de la situacion: “los maoistas no hacen mas que causar problemas al pais, es por eso que Nepal nunca sera como vuestros paises” – nos dice Jok, el camarero de un pequegno comedor- son otros politicos corruptos que buscan como enriquecerse y engagnan a adolescentes sin trabajo y poblacion rural analfabeta”. Jok esta casado y tiene cuatro hijxs, dice -con gran razon- haber visto en sus 45 agnos todos los sistemas politicos posibles y no le gusta ninguno, solo quiere trabajar tranquilo y poder sacar adelante a su familia. A Jok tambien le apoya una gran parte del pais, aunque el no sea ningun famoso lider politico.

Un pais dividido, un eterno conflicto, la misma lucha de siempre con distintos protagonistas. Entre 1.996 y 2.005 la guerra entre el ejercito y la guerrilla maoista -que nada mas que el nombre comparte con el Gobierno Chino- dejo tras de si mas de 13.000 cadaveres y terribles violaciones de los Derechos Humanos segun el informe de Amnistia Internacional, ademas de arrasar la mayoria de las escasas infraestructuras que existian en el pais. Tras el pacto firmado entre ambas partes, los maoistas tomaron el poder por la via electoral con un gran apoyo popular, arrancando de su trono una debilitidada monarquia que cambio, en un ir y venir de votos, el Palacio Real de Katmandu por un apartamento (real tambien) de dos habitaciones a las afueras de la capital. Tras la alegria inicial, nuevas disputas y decepciones prosiguieron, que depusieron al Gobierno maoista por el actual, con mas disputas y mas decepciones…

El clamor de la calle se puede sentir desde donde -en directo y en exclusiva- escribo estas lineas: cantos, claxones, altavoces, alegria… invaden las calles de Katmandu. La ciudad ha sido tomada por (segun dicen) mas de 300.000 militantes maoistas, venidos desde todos los puntos del pais para cambiarlo; a ojo de buen cubero puedo calcular otros tantos policias y militares. Sabiamente han decidido que la protesta y la fiesta sea no violenta.

El Primer Ministro acaba de hablar a todas las radios que suenan al unisono en cada rincon de la ciudad: oh, sorpresa!: no dimite. Se acaba de convocar la huelga general sin fecha de caducidad; un pais paralizado, por ideales o por miedo. Y una anecdota totalmente irrelevante para el destino de la politica nacional (aunque no para mi) es que, con un pais fantasma, es imposible salir de la capital y mi visa nepali vence en 3 dias, pero ese sera un problema para el Adrian del futuro. Por ahora veo e intento aprender de este mundo que me reserva sorpresas en cada rincon…

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Una de monte

24 abril 2010

Sin que sirva de precedente, me saltare esta vez la cronologia del relato para traeros las mas frescas noticias, recien bajadicas de las mismas cimas del Himalaya!

Pokhara (Nepal)

-dia 189-

El Himal-aya (montagnas nevadas en nepali) ya me habia acompagnado y seducido durante estos dos ultimos meses; primero las verdes colinas, profundos valles y escarpados riscos que rompian la monotonia china, y despues la elevada meseta del Tibet salpicada de enormes montagnas y, sobre todo, de la impenetrable muralla que al sur forma la frontera con Nepal. Era ahora esta cara oculta de la cordillera la que queria conocer: la abrupta vertiente sur del Himalaya, la que recibe cada agno al monzon que le confiere un aspecto tan distinto del lado tibetano, tan lleno de vida; y a los pueblos que la habitan.

Para alla me dirigi con un firme proposito que me habia sido prohibido en el Tibet: patearlas libremente, a pie y sin prisa, con todo el tiempo del mundo para dedicar a la naturaleza y a la gente, sin permisos ni presiones. Y aunque quiza la mas conocida y turistica, tambien la opcion mas variada y completa era el Circuito de los Annapurnas. La Annapurna Himal es una cadena de montagnas perteneciente integramente a Nepal, entre los macizos de Manaslu y Dhaulagiri, y coronado por el Annapurna I, de 8091 m, aunque otro buen pugnado de picos sobrepasan ampliamente los siete mil. Entre las muchas opciones que ofrece este area, elegi el circuito, por su variedad y dedicacion. Para los que les gusten las cifras, recorrerlo son entre 14 y 21 dias, 250 km de longitud y casi 5.000 metros de desnivel maximo entre el punto de partida y el Thorung-La, contiene al lago mas alto del mundo y un paso obligado a casi 5500 metros de altura; un buen numero de pueblos de diversas etnias, castas, culturas y religiones; hinduismo y budismo conviven y se suceden a lo largo del recorrido y una de las diversidades paisajistica y biologica mas ricas del mundo. Con estos datos, un mapa y una ligera mochila de supervivencia, me mande para alla, sin haber asimilado todavia completamente que iba a internarme en el Himalaya.

Tras despedirme de mis ultimas compagneras de viaje (adios chicas, suerte y animo con vuestros proyectos, nos vemos en los caminos) llegue un poco desorientado a Beshi Sahar, punto de partida, a 700 metros sobre el nivel del mar. Ya estaba anocheciendo, pero la emocion de comenzar (y mi frontal) me iluminaban el camino. Era extragno, caminaba por un bosque tropical de mansos rios, palmeras y plataneras, ni rastro de monte! Una camioneta con una rueda pinchada hizo que decenas de personas cargadas tambien con bultos me acompagnaran en mi paseo nocturno, en lo que parecia una especie de huida clandestina.

En el albergue encontre a otros cuantos montagneros que, como yo, pretendian hacer parte o todo el circuito… “You, spanish people, always the last one, hahaha” (vosotros, espagnoles, siempre los ultimos!) fue mi recibida por el propietario del dormitorio. Tendria que acostumbrarme a vivir con el sol, y 25 agnos de vida nocturna a mis espaldas no me avalaban… no iba a ser facil. Evidentemente, tambien fui el ultimo en salir. Aun asi, la primera sorpresa del camino no iba a tardar en aparecer: a la magnana del segundo dia, al tomar un valle hacia el norte, los tenia ahi, lejanos, enormes, alzandose por encima de las nubes vestidos de un blanco brillante: los Annapurnas!! (despues de esta descripcion, la foto se queda corta, lo se, mi pobre camara hace lo q puede).

Durante los siguientes dias fui tomando altura, cambiando las selvas tropicales por bosques humedos, prados y pinares; conforme iba remontando el rio Marsyangdi y subiendo alto, iban apareciendo sobre mi, elegantes, el Annapurna II, Annapurna IV, Kangaru Himal, Pisang… uno tras otro o todos a la vez, las grandes protagonistas del pateo.


(Por si la medicina no me da de comer, voy haciendo mis pinitos como sherpa porteador)

A partir de 3.000 metros la cosa cambiaba, habia girado en direccion noroeste refugiandome tras la cordillera, donde nunca llega el monzon, y la tierra volvia a ser seca y marron. Sobre las casas ondeaban al viento banderas de colores, los chorten y ruedas de oracion no faltaban en ningun pueblo, las caras de la getne me resultaban familiares y los yaks pastaban frente a los nevados picos… habia vuelto al Tibet!

El destino principal era Manang, pueblo tibetano a 3.600 metros de altura, donde todo montagnero que quiera atacar el Thorung-La debe detenerse unos dias para aclimatar y donde yo deberia haberme quedado varias semanas para trabajar con la Himalayan Rescue Association, una ONG sanitaria que trabaja la prevencion y tratamiento del Mal Agudo de Montagna (MAM), asi como cualquier otro problema de la gente del valle. Faltos de espacio, de organizacion y con buenas palabras me vinieron a decir que lo sentian mucho, pero habian cambiado recientemente su politica y no aceptaban voluntarios, asi como me animaban a aplicar para realizar una larga estancia una vez acabada la especialidad… una pena. Pero ahora tenia varias semanas mas para recorrer el valle, un regalico. Me lo subi todo. Manang era un buen punto de partida para salir a buscar los tesoros mas remotos del area de los Annapurnas, y yo ya no tenia ninguna prisa: la cueva donde vivio y medito Milarepa diez siglos atras, el glaciar del Annapurna III, el del Gangapurna, el mirador de los Chulus, el lago helado… Siguiendo el lema “escala alto, duerme bajo” cada dia ascendiamos a una cota alrededor de los 4.500 metros para continuar la aclimatacion y volviamos a dormir a Manang. (Un poquico de teoria: el MAM puede sufrirse a partir de 2.500 metros de altitud, y a 4.000 metros hay aproximadamente la mitad de la presion de oxigeno en el ambiente que sobre el nivel del mar; en ascensiones rapidas (se estipula unos 600 metros por dia), el cerebro grita: quioooooooooo, que me ahogo!!!!!!y si las piernas de un tozudo montagnero se empegnan en tirar p’arriba, este cerebro, mosqueado, responde con dolor de cabeza, nauseas, vomitos, falta de apetito… hasta llegar en los casos mas graves a edema pulmonar, edema cerebral y muerte. Conclusion: el cerebro es un segnorito de ciudad y hay que mimarlo. Ascensiones lentas, beber minimo 4 litros de agua al dia, comidas ligeras y azucaradas y dormir mas bajo de lo que se ha ascendido son las claves para una correcta aclimatacion).

Antes de cruzar el famoso Thorung-La, el Tilicho Tal era uno de los platos fuertes del trekking. Situado a 5.200 metros de altura y rodeado por picos y glaciares, dicen que es el lago mas alto del mundo. Junto a otros montagneros que habia conocido en los ultimos dias me fui para alla. Altos precipicios, escarpados senderos y terraplenes conducian la ruta hasta el Campo Base del Tilicho… y yaks! (creo Esther que te cambiaba tu experiencia con el tiburon malayo por la de correr con mochila delante de un yak psicopata con intencion de empitonarme que, afortunadamente, no sabe subir riscos y no le gusta embarrancarse. Lo se, que por definicion, estos bichos son tranquilos y apacibles, pero a este no debia gustarle que le dijeran lo que tenia que hacer, seria falta de carigno…). Con ventisca, llegamos al Campo Base, a 4.200, esperando que al dia siguiente amaneciera despejado para ascender.

(Ixo Rai! al Himalaya!!)

Lo hizo, y con los Annapurnas como fondo, nos toco emprender una empinada trepada que mando a unos cuantos del grupo de vuelta para atras. A las 11 de la maniana, tras 4 horas de ascension desde el Campo Base, Daniel y yo llegabamos al lago, y sin duda, el esfuerzo habia merecido la pena.

Todavia quedaba diversion, lo siguiente seria el Thorung-La; tres dias de ruta nos separaban del Campo Superior, a 4.800 metros, desde donde la mayoria de la gente se lanza a subir el paso. Este collado, de 5.416 metros separaba los valles del Marsyangdi y del Kali Gandaki, y es el principal paso que cierra el circuito. La noche en el Campo Superior fue fria y dura, me toco tambien jugar a los medicos con varios casos de MAM que tuvieron que descender al Campo Base; por lo demas, a las 5 de la magnana iniciamos el ascenso al puerto toda la fila de peregrinos, en el dia clave que todos estabamos esperando. 3 horas mas tarde lo celebrabamos arriba, y despues lo que nos esperaba era un larga e interminable bajada hasta Muktinat, todo un gustico para las rodillas.

Y al llegar por fin, por la tarde a Muktinat: decepcion. Era tambien un pueblo de montagna, a 3700 metros, pero ademas de disfrutar de un clima mucho mas apacible que Manang, dejando ver de nuevo saris y longhis, tambien habia llegado la “carretera”, una pista de tierra y piedras por la que circulaban cada dia varios jeeps y algun autobus valiente cambiandolo todo. Fue en ese momento cuando supe que todo esto habia casi terminado.

A partir de ahi: bajada. Esquivando jeeps, tragando polvo, buscando caminos alternativos por una de las gargantas mas profundas de la Tierra, entre las cadenas de Annapurna y Dhaulagiri. En Tatopani, pueblo tropical situado al fondo del valle y azotado cada tarde por tormentas de premonzon, recibiamos a gusto sus aguas termales, que emanaban directamente del rio.

Y de ahi, aun nos esperaba un duro ascenso final hasta Poon Hill, para darle el adios al amanecer a esta cadena de montagnas que me ha regalado algunos de los mejores momentos de este viaje.

(Debajo: Dhaulagiri Himal)