Archive for 26 octubre 2011

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Vancouver

26 octubre 2011

Vancouver, BC, Canadá

-día 738-

(Todas las fotos son tomadas en la ciudad de Vancouver y alrededores)

Y como venía diciendo: el Twin Image atracó en Vancouver un 17 de agosto de 2011, y yo con él. ¿Y qué haría yo en Vancouver? ¡Yo qué sabía! Había llegado totalmente por casualidad, como podría haber llegado a Acapulco, Lima o Valparaíso, con el único equipaje de un permiso de trabajo en Canadá válido por un año y unas ganas agresivas de vagabundear por tierra firme.

De 23 Canada

La agenda de nuestros primeros días era clara y concisa: había que darle un repaso al barco de arriba a abajo, sacarle brillo, dejarlo como nuevo… y eso ni pintaba fácil ni relajado. Evidentemente, hubo problemas: problemas con mi visa, problemas entre los miembros de la tripulación, problemas con los plazos… Sólo en nuestra segunda noche en tierra, un altercado que derivó en violencia entre el propietario del velero y uno de los tripulantes, hizo estallar en mil pedazos esta guerra fría que se había alargado durante meses. Un lamentable espectáculo que puso fin a la odisea náutica; semanas después vendrían intereses personales, trucos de prestidigitación, dijedigodigodiegos, promesas, juicios y amenazas.

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Pero Vancouver se mostraba amable y nos recibió con sus primeros días soleados y calores estivales (a mediados de agosto). Personalmente, todavía no tenía dónde acudir ni estaba motivado para pagar un albergue, así que olvidando que un día tuve dignidad, me quedé varios días más viviendo en el barco hasta que encontrase algún lugar donde guarecerme. Una vez pasó la tempestad y el barco quedó vacío y a mi merced, tuve la sensación de recuperar un sentimiento de libertad que no sentía desde que abandonase Filipinas, casi 3 meses atrás, y tenía pensado hacer uso de ella. Para ese día, el grupo de Couchsurfing de Vancouver había organizado un evento en Wreck Beach, una playa natural al oeste de la ciudad rodeada de bosques y montañas -aún nevadas-, y nudista. El ambiente más liberal y bohemio de Vancouver estaba concentrado en varios metros de arena, y el contraste viniendo de la casta y conservadora Asia no podía ser más radical.

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Contraste en todos los sentidos. Allí conocería a mis primeras amistades en Norteamérica, y también me empezaría a familiarizar con el individualismo, el respeto extremo y la discreción tan poco abundantes en el lugar de donde venía. Esa primera mañana empezaría a planificar mi futura vida en la ciudad donde pensaba establecerme… provisionalmente: casa, trabajo, bicicleta, descubrir la ciudad… me llovían opciones y oportunidades, lo difícil era decidirse por una.

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Y es que Vancouver guarda la reputación de ser una de las ciudades con mayor calidad de vida de todo el planeta, tiene de todo: playa, montaña, bosques, ríos, cultura, asociacionismo, multiculturalismo… sin salir del centro. Lo que la publicidad tiene más calladito es que también es uno de los lugares más caros para vivir, y que ese sol tan simpático que nos recibió suele estar escondido tras una cortina de lluvia más de nueve meses al año. Prioridad absoluta: encontrar un trabajo, ya.

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Pete me alojó en su casa durante casi una semana y me dio valiosos consejos para empezar a moverme en la ciudad; Kat me hospedaría más adelante y haríamos algunas escapadas por los alrededores; Kaye -la enfermera y amiga filipina con la que hice el voluntariado en un orfanato indonesio- llegaría después de visita desde Los Ángeles, llevándome a vivir con la comunidad filipina en Vancouver… parecía que la cuestión laboral podría esperar…

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Desde el coche…

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Pero la dura realidad era que esa vida no podría durar mucho, y diariamente dedicaba una parte del día a buscar habitación y trabajo, a principios de septiembre había conseguido ambas cosas…

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Con respecto al trabajo, las prisas y la necesidad hicieron que terminase aceptando un puesto en un restaurante mexicano, el fenómeno Banderas está en alza, y ahora hago burritos, quesadillas y tacos, aprendiendo la experiencia del ritmo de trabajo en Norteamérica y toda una serie de interesantes reflexiones que espero publicar aquí un poco más adelante (siiii, vaaaaale, con foto incluida, ¡ay que ver cómo sois!)

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Y en lo que respecta a la casa… ha sido la comidilla y el tema diario de conversación de todos mis amigos durante semanas. Incapaz de encontrar un lugar en una casa comunitaria como llevaba intención, alquilé una habitación barata a las afueras de la ciudad con un tipo al que catalogué como “interesante” durante la entrevista. Este compañero de piso, mayor, periodista de profesión, activista comprometido con la ecología y los derechos humanos con el que charlé durante horas en torno a un té orgánico hecho y mezclado por él; resultó ser un cuadro psiquiátrico agudo y florido de los que veía frecuentemente por el hospital. Las anécdotas que en mi casa ocurrieron durante el mes de septiembre no darían para una entrada sino para un libro entero, a caballo entre la ciencia y la comedia. Aguanté estoicamente, un mes entero, un mes horrible, para poder recuperar una fianza que a duras penas cobré al final. Pese a todo, reinauguré mi habitación de Couchsurfing, las ganas de devolver parte de todo lo que se me ha dado durante todos estos años pudieron a los “pequeños contratiempos”, y volví a alojar a viajeros de todo el mundo, que a su vez hicieron la estancia un poquito más agradable, y la casa parecía un poco más un hogar. El 30 de septiembre, salía por la puerta rumbo al que sería mi hogar de verdad.

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Couchsurfing life style

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Pero entonces… ¿qué hago aquí? ¿será que me gusta que me exploten haciendo burritos y compartir casa con un enfermo incapaz de vivir en comunidad? No voy a mentir, no ha sido fácil, pero tampoco nunca dije que el Viaje fueran sólo momentos agradables nostálgicos de recordar. El Viaje es vivir a gran intensidad, lo bueno y lo malo, y con intensidad se aprende.
Vancouver también me iba dosificando muy buenas sorpresas y aventuras, me reservaba amigxs que me han ayudado en todo lo posible y con los que he vivido momentos inolvidables, me aportó sabiduría y perseverancia, me regaló experiencias y reflexiones, me dio vida… en sólo dos meses.
No sé cuánto tiempo más le terminaré dedicando a esta ciudad que me dio la bienvenida a la esperada América, las novedosas experiencias van poco a poco tornándose en rutina y mi mente hace planes, planes, planes, a mayor velocidad de lo que puedo asimilar. Al final, como suele pasar, fruto de la casualidad o el impulso, uno de ellos trascenderá, me obligará a actuar, y me pondré de nuevo en marcha, rumbo a todavía no sé dónde. Pero no me quiero adelantar a los acontecimientos…

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Dim Sum with Couchsurfers

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Balkan Night

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¿A alguien más le resulta familiar? Hallada perdida en North Vancouver

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En el próximo episodio…

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… y que cumplas muchos más!

19 octubre 2011

Vancouver, BC, Canadá

-día 731-

Y ya dos años desde que cruzase aquel Puerto Biello, que se dice pronto…

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Dos años intensos, de intensas aventuras, intensos pensamientos, intensa soledad, intensos encuentros, intensos problemas, intenso aburrimiento…

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Dos años de rico aprendizaje…

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de severa autocrítica…

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de creerme perdido…

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y encontrarme de nuevo.

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Dos años de resistencia y de adaptación plena a cualquier circunstancia…

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de descubrir las pocas cosas materiales que realmente necesitamos para viajar, el escaso presupuesto con el que se puede seguir adelante y de reflexionar sobre todas aquellas “necesidades” que siempre hemos creído básicas, obligatorias e imprescindibles.

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De creer estar conociendo de primera mano lo que realmente necesitamos para ser felices…

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El año pasado sobre estas fechas, exactamente en esta misma fecha, reflexionaba sobre el viaje durante una lluviosa mañana en Rangoon, Birmania. Esas líneas nunca fueron publicadas, hoy reproduciré parte de ellas:

[…]Parece fácil en principio saber cuánto he perdido por el hecho de no haber trabajado durante el pasado año, basta saber multiplicar por 12 (a fecha de hoy ya serían 24) , redondear y restar. Las ganancias, en cambio, son algo más complejas de cuantificar…


¿a cómo está actualmente el pack de diez puestas de sol?
¿cuánto gano jugando con los niños de Muang Ngoi Neua, Laos, intentando enseñarles que aunque distintos, somos todos iguales?
¿cómo puedo obtener un beneficio comprometiéndome con la causa tibetana o birmana?
¿cuánto cobran por hora de conversación los indios que aleatoriamente se sientan contigo a compartir té, samosas y curiosidades?
¿qué interés anual recibiré por los idiomas, conocimientos y experiencias que voy acumulando?
¿Cotizan al alza las acciones de SONRI.SA en los países más castigados? ¿es arriesgado invertir?
Si monto en un tren ruso con 3 paquetes de sopa de noodles instantáneos, entrego dos, y recibo gestos de agradecimiento y ternura durante el resto del viaje, ¿cuánto me queda al final?, ¿y si divido mi mate entre infinitos curiosos por una novedosa y amarga bebida, me queda cero como dice la aritmética?
[…]

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“No tendré nada en mi bolsa,

pero soy millonario con mis viajes”

Miguel Manrique, vagabundo argentino

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Gracias, María, por la sorpresa del jamón, nunca se me habría ocurrido mejor manera de celebrar nada.
Y también a ti, Frances, por el vino que lo acompañó y por ayudarme en mi primera experiencia con la empanada.

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Navega on-line

15 octubre 2011

Vancouver, BC, Canada

-día 730  –

Y con este capítulo cierro la etapa marítima, arribada a puerto con sustancial retraso.

Será una entrada atípica, de pocas letras y abundante material audiovisual. Sin que sirva de precedente, no serán las palabras las que te llevarán de viaje esta vez, sino esta colección de imágenes y videos cuidadosamente seleccionada para que disfrutes  en varios minutos de una travesía tranoceánica de dos meses de duración, sin soportar el asfixiante calor de las Marianas ni el frío estremecedor del Mar de Bering, sin sentir la humedad en los huesos ni la incertidumbre agobiante de una tempestad en alta mar; sin el exigente trabajo que el viaje requiere ni los gritos de tus superiores, sin tener que estar despierto día y noche… con la comodidad y la certeza de que en el momento que elijas serás capaz de apartar la vista de la pantalla, y en el horizonte aparecerá algo más que un azul infinito, tu cuerpo dejará de balancearse, y tus pies nunca se alejarán de la estable seguridad de la tierra.

De 22 El Pacífico

¡Tuuuuuuuuuuuuuuuup! ¡Soltad amarras, desatad las defensas, encended motores, nos vamos!

De 22 El Pacífico
De 22 El Pacífico

De 22 El Pacífico

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Y a partir de aquí… la nada, mi bola de cristal.

Amanecer…

De 22 El Pacífico

… y atardecer.

De 22 El Pacífico

Amanecer…

De 22 El Pacífico

…y atardecer.

De 22 El Pacífico

Pero un día nos esperaba una sorpresa:

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era el atolón de Maug, en el extremo norte del Archipiélago de las Marianas, un volcán sumergido… toda una maravilla de la naturaleza.

De 22 El Pacífico
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De 22 El Pacífico
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Tras él, vendría mes y medio de amaneceres… y atardeceres.

De 22 El Pacífico
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Eso sí, ¿creíais que estábamos sólos?

…y ballenas

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y otros grandes mamíferos

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Un día, de repente y sin previo aviso, llegó el frío

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y de esta clásica imagen

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pasamos a esta otra

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Esta ya os la sabéis con detalle…

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…pero no que hasta en esos peores momentos, nuestros amigos nunca nos abandonaron

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Por nuestra parte, desarrollamos un mecanismo adaptativo al duro trabajo y a la soledad

De 22 El Pacífico
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Pero el viaje se hacía largo y empezábamos a demenciarnos y delirar…

(Mar de Bering, temperatura exterior: unos 5 grados C, temperatura del agua: menos)

Por el camino íbamos haciendo más y más amistades

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Hasta que al fin llegamos a nuestra primera y última escala en todo el trayecto: Unalaska

donde pese a la alegría de avistar tierra firme, el clima nos hizo echar de menos aquellas islas tropicales donde habíamos permanecido tanto tiempo.

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Unalaska, la más oriental del Archipiélago de las Aleutian, está situada junto a Alaska continental. Habitada durante milenios por el pueblo Aleut, fue visitada por marineros rusos y españoles en los siglos XVII y XVIII, ocupada por los japoneses durante la II Guerra Mundial, evacuada por los estadounidenses al mismo tiempo dejando al archipiélago completamente desierto, y repoblada en las siguientes décadas por pescadores de todas nacionalidades, hasta convertirse en lo que es hoy: una enorme planta enlatadora de pescado, fiesta de los contratos basura, del trabajo temporal, y de la especulación con los precios en el mercado. Aún así, esta pequeña isla-volcán corrió mejor suerte que sus vecinas, víctimas de las pruebas nucleares que se llevaron a cabo durante la Guerra Fría…

Aún así, las Aleutian permiten mirar para otro lado y seguir maravillándose con su particular naturaleza polar

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Dutch Harbor, Unalaska, 11 de la noche:
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Salvajismo ¿por parte de quién? y cohabitación

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Carteles locales…

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Integración

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Nos vamos… el día 5 por la noche, perdiéndome la conferencia de este maestro por menos de 24 horas.

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Despedimos a John Paul en el puerto, que voló directamente a San Francisco, continuando sólo nosotros tres. Conocéis también los detalles sobre cuánto intenté abandonar el barco y recorrer Alaska por mi cuenta, por lo que no volveré a hurgar en la herida. Ésa queda para mi cesto de cosas pendientes.

A partir de ahí, fueron dos semanas más de trayecto hasta Vancouver, que pasaron con relativa tranquilidad, en el ambiente más respetuoso y cordial que el Twin Image había conocido.

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¡Tierra! Era la tarde del 16 de agosto, Estado de Washington, USA.

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Faltaban escasas horas para llegar cuando de repente, un tronco chocó contra el barco, dañando completamente uno de los motores, un desastre que acarrearía largas y penosas consecuencias durante las semanas y meses que vendrían… Pero eso queda para otro capítulo.

¡LLegamos a Vancouver tras haber navegado por completo el Pacífico Norte! 17 de agosto de 2011.

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Detalle de la ruta seguida, grabada por la computadora del barco.

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