Archive for 19 febrero 2012

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Pa’donde apunte el guarache

19 febrero 2012

 Santa Rosalía, Baja California Sur

-día 851-

 “Si es por buscar, mejor busca lo que nunca perdiste” -recordaba Martín Caparrós antes de iniciar su viaje-, él partía sin saber adónde iba, cuánto tiempo le tomaría, qué encontraría… vagaría por un gran país buscando elementos comunes que definieran qué es la Argentina. Caparrós, a diferencia de mí, tenía un objetivo en su búsqueda. Yo salí buscando aventura y encontré amigos, fui tras la pista de monumentos, montañas y templos famosos y allí encontré personas que los habitaban. Sigo vagando, sin todavía esclarecer esos objetivos: a veces es el simple placer de deslizarme por un mapa, otras plantearme nuevos y mayores retos, en general creo que busco aprender del mundo y de mí mismo, en otras ocasiones ni yo mismo lo sé. Pero sí sé qué he encontrado: gente. Gente de todos los países, etnias, credos, nivel social, educativo y económico que me han ofrecido su ayuda desinteresadamente, gente que guíada por sus instintos han sabido ignorar las poderososas frases manchadas de miedo creadas por los gobiernos y escupidas por los medios; decenas, cientos de personas que en ese preciso instante que dura una decisión han querido escuchar a su corazón y no a su cabeza, y quisieron abrirme la puerta de sus coches, de sus casas, de sus vidas… sólo por conocernos, sólo por ayudarme, sin saber que a veces ellos también serían ayudados. Y probablemente a fecha de hoy, el aprendizaje más sabio es la certeza de que el mundo, México, y la Baja California en particular, todavía están llenos de ellas.

De Baja California
De Baja California
Darío, en San Ignacio. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo

Eran las tantas de la madrugada cuando por fin entraba en Tijuana, a mediados de enero, el frío arreciaba y la niebla impedía toda visibilidad, nada quedaba allí de esa antigua impresión de calor y alegría que me había formado en mi última visita, esa noche Tijuana estaba desierta. Desierta la calle, desierto el ambiente, desierto de luces y de sonido preparaban la atmósfera que contrastaría con aquella noche de reencuentros: Julia volvía a abrirme las puertas por tiempo indefinido, y allí también me encontraba con Yolotzin, compañera de viaje para esta nueva etapa de descubrimiento.

La Tijuana que me recibió queda lejos de la Tijuana de los estereotipos, como siempre. “Haberlos hailos”, si sabes dónde buscarlos, pero no deja de ser una ciudad de un millón de habitantes que sobreviven y hacen su vida cotidiana como en cualquier otra capital del mundo. Sin embargo, tampoco es cualquier otra ciudad, es una ciudad rajada en dos por un muro de miedo y vergüenza, donde van a chocar frontalmente los sueños e ilusiones de millones de migrantes; es también una ciudad que antaño fue patio de recreo de un turismo que también traía sus sueños -más o menos perversos- que sí eran realizables según los dólares que trajeran en la cartera, después poco a poco la violencia y el miedo a la violencia fueron acabando con ellos, de los que queda poco más que locales cerrados y nostalgia. Farmacias sí hay, un chingo, más que bares en España, con más clientes también. Tijuana es el paraíso de todo hipocondríaco, fármacos insultantemente caros y difíciles de conseguir en el vecino del norte: antibióticos de uso hospitalario, analgésicos de caballo, y la estrella del mercado: Viagra, compiten escandalosamente por venderse más baratos que en la farmacia de al lado. Son las consecuencias de la privatización del sistema sanitario, de la medicina para ricos modelo de exportación americano, para que nos vayamos acostumbrando si no ponemos solución mientras la tiene… ¿viajes del INSERSO a Tánger? Tiempo al tiempo.

De Baja California
De Baja California
De Baja California

Esto y mucho más fueron las anécdotas de la temida ciudad. ¿Peligrosa? No, señor. Peculiar, como pocas.

Fotografía de Julien Landais

La idea -abstracta, flexible, improvisable- era recorrer toda la península de Baja California. Unos 2.000 km de ruta, dos personas, escaso presupuesto, amplios recursos, utilizando únicamente el autostop como transporte.

Con tanto kilómetro que se extendía hacia el sur, decidimos empezar hacia el este, mera intuición. Recorrer la frontera occidental inevitablemente nos llevó a conocer más de cerca el fenómeno de la migración irregular, seguimos el muro durante cientos de kilómetros, los controles militares eran numerosos a lo largo del camino. Conocimos personas que iban por primera vez, personas que ya habían sido expulsadas, personas que lo volverían a intentar, gente que vive intermitentemente a este lado del muro probando su suerte en este arriesgado juego de azar; hombres jóvenes y de mediana edad en su mayoría que han dejado todo atrás y vendido sus propiedades a las mafias por seguir un sueño o una obligación. Los que van para allá se muestran excitados, nos cuentan que el precio para que les crucen está ya entre 5.000 y 7.000 dólares americanos, y tienen derecho a 3 intentos, los pasan con documentación falsa o escondidos en los coches, si consiguen cruzar, intentarán reunirse con amigos o conocidos, y el sueño o pesadilla americanos comenzarán.

De Baja California
De Baja California

Era casi de noche cuando llegamos al pequeño pueblo de La Rumorosa, localidad de alta montaña que se alza a 1.300 metros de altura sobre el desierto, tras un abismo de rocas apiladas. Turística y congestionada en verano, su aspecto en invierno es desolador: frío, polvo y soledad. El único hotel que allí había tenía precios imposibles, pero preguntando, uno sabe: “Íjole, con este frío no vayan a acampar fuera, nooo, yo no sé bien, pero oi que alguien a quien llaman el hermano Pablo acoge de vez en cuando a los inmigrantes que se van para el otro lado, creo que también hay ancianos viviendo allá, es un tipo algo raro, pero tal vez puede darles un lugar, vayan y pregunten”.

La posibilidad de conocer un lugar así nos emocionó más que el mejor de los hoteles, y para allá fuimos.

La casa estaba varios kilómetros fuera del pueblo, en la montaña y cerca del basurero. El hermano Pablo, junto con la ayuda de familiares y amigos, construyó con paciencia y tesón un hogar para que ancianos abandonados sin recursos pudieran tener una vida digna, además ofrece descanso, ducha y alimento a los migrantes que caminan por el desierto buscando un lugar por donde saltar el muro. Lupe -la cocinera- nos contaba cómo veinte años atrás crearon el asilo de la nada, sin recibir ninguna ayuda pública, “nomás con ilusión, compromiso y trabajo. Ahora la casa atiende a cuarenta ancianos que sus familias han abandonado a su suerte, nosotros les cubrimos todas las necesidades básicas y mutuamente nos ofrecemos amor”.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California

Entrañables momentos como este se fueron repitiendo con un marco diferente a lo largo de nuestro viaje hacia el sur: En Ensenada, Paola y Napenda nos ofrecieron su hospitalidad y mostraron su hermoso pueblo y sus ilusiones y trabajo por colaborar haciendo de él un lugar más justo y solidario; vimos el espectáculo natural de La Bufadora, casi único en el mundo, donde el agua del mar sale catapultada a varias decenas de metros de altura; en Cataviña disfrutamos de la soledad y belleza del desierto, de las noches estrelladas y del calor del fuego; por casualidad terminamos en unas playas completamente alejadas de ciudades y carreteras asfaltadas, por casualidad también allí se habían retirado a vivir Lamar y Ray, dos americanos cansados de vivir en una rutina de trabajo y consumismo, allí se estaban poco a poco construyendo un hogar más cercano a su concepto de felicidad de lo que habían conocido hasta entonces, “nuestra sociedad no quiere entender que necesitamos vivir el momento tanto como nos necesitamos los unos a los otros, por eso nos fuimos, aquí todo es diferente” – nos dicen estos dos amigos que han cruzado el muro contracorriente.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
Noche en la Cataviña. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
Coco’s Corner. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
De Baja California
De Baja California
Laguna San Ignacio. Fotografía tomada por Yolotzin Bravo

Nos quedamos con ellos una semana, no teníamos nada, pero lo poco que teníamos era de todos: “comparty” -decían- la fiesta de compartir. Filosofamos, improvisamos música, intentamos pescar, o disfrutábamos de un silencio colectivo… Más hacia el sur, Catalina nos rescató de una tormenta (la segunda en 11 años en ese desierto de polvo y sal) y nos metió en su casa; en San Ignacio acampamos en los jardines de la misión jesuítica de 300 años de antigüedad… Nada de esto habría sido posible sin la ayuda de todos los conductores que nos invitaron a compartir con ellos parte de su ruta, que quisieron unirse a la fiesta del compartir.

De Baja California
De Baja California
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De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California
De Baja California

Pero en la Laguna de San Ignacio logramos más de lo que jamás habríamos creído: nos acercamos tanto que podíamos tocarlas, su respiración nos cubría de agua y emoción, su mirada fija era surrealista, su tacto era el tacto de lo prohibido… Las ballenas grises migran cada año desde Alaska y el mar de Bering hasta estas costas mexicanas para parir a sus crías, que alegremente se acercan a los humanos con la misma curiosidad con la que los humanos nos acercamos a ellas, nadan, resoplan, juegan a nuestro alrededor. Es la atracción de la región en esta época del año, y sus precios son imposibles para nosotros, nos conformaríamos con verlas desde lejos. Llegamos hasta la orilla, acampamos, hicimos amigos, trabajamos para ellos y un día nos invitaron a las barcas para verlas de cerca. Todos contentos con el intercambio, todos contentos de ayudarnos.

De Baja California
De Baja California
De Baja California
Fotografía tomada por Julien Landais
Fotografía tomada por Yolotzin Bravo
De Baja California
De Baja California
De Baja California
Fotografía tomada por Julien Landais
Fotografía tomada por Julien Landais

Guarache es una palabra originaria del purépecha (kwarachi: sandalia) incorporada al español y es el calzado tradicional usado por los campesinos mexicanos.

  • ¿Dónde vas? -preguntan.

  • Pa’ donde apunte el guarache, es a veces la respuesta…

Tampoco yo aún no sé donde voy, pero voy perfilando una idea de lo que estoy buscando y encontrando.

De Baja California
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No se puede comprar el viento

9 febrero 2012

Baja California, México

-día 842-

Años después de lo planeado, o quizá algunos antes, llego a pisar la tierra que en un principio fue el objetivo de este viaje.
Quién sabe hasta donde se prolongará, si llegaré al final, si no, el mero hecho de haber llegado y empezar a descubrirla ya merece la pena, lo que ha de venir, se irá escribiendo sobre la marcha.

Será cuestión de seguir al viento…

Nací con las manos vacías,
moriré con las manos vacías,
he visto la vida en su máxima expresión
con las manos vacías.
Marlo Morgan

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Caravanserái

7 febrero 2012

Post que llega tres semanas tarde después de largo tiempo vagando por el desierto. Por fin, sucio, cansado y polvoriento encontró un cibercafé en la pequeña localidad de Guerrero Negro, Baja California (México).

-día 840-

Es allí exactamente, en ese enclave imaginario, casi surrealista donde se erige; allí donde a duras penas se elevan los saguaros y sobreviven los coyotes, y todo el resto de la flora y la fauna perecería sin opciones: Phoenix, la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos, un monstruo de más de 5 millones de habitantes instalado ahí, en pleno desierto de Arizona, como un náufrago perdido en una isla en mitad del océano.

De Arizona
De Arizona
De Arizona

Siendo sincero, creo que nada me habría llevado ahora hasta esa parte del mundo salvo la visita que debía a mi amigo Dani desde hacía meses, el concepto y las ganas de visitarle siempre habían estado allí, habitando ese espacio difuso que ocupan los planes en mi mente, pero hasta entonces nunca había encontrado la manera de materializarlo. Un día al azar, mientras disfrutaba de la hospitalidad de Julia y sus amistades en Tijuana, decidí que en un par de horas saldría para Phoenix, sin previo aviso, dirección en mano; y al día siguiente ya estaba esperando a mi amigo sentado en la única sombra que daba el porche de su casa.

De Arizona
De Arizona

Los caravanseráis resultaban para la mayoría de los viajeros un inmenso bienestar y un descanso durante sus largas travesías a través del desierto. Nunca fui caravanero, pero así compararía la sensación de encontrar un viejo amigo tras un largo tiempo en el camino; un encuentro donde sobran presentaciones y formalidades, donde los silencios dicen mucho, y donde las risas, las anécdotas, los planes y las cervezas saben aún mejor que de costumbre.

De Arizona
De Arizona

Sin embargo, nunca tuve la sensación que hubiera gran cosa que hacer en esa ciudad, la mayoría de las ciudades en los Estados Unidos tienen la particularidad de que el transporte público es anecdótico y sin vehículo privado no vas a ningún sitio, y aún así, me pareció que el número de lugares interesantes que visitar en Phoenix era limitado, en Phoenix en sí mismo, porque la naturaleza que rodea a esas mismas ciudades es sin duda fascinante, cuando puedes acceder a ella.

De Arizona

Y a eso me dediqué principalmente, es posible disfrutar del desierto a un corto paseo en bicicleta a las afueras de la ciudad, y apreciar las inmejorables puestas de sol; Tempe también tiene una animada vida universitaria que da una cara más juvenil y activa a la ciudad; lxs amigxs de Dani, ocupados de día, siempre encontraban algún interesante plan para hacer por las noches, y coincidió una de ellas con el ‘First Friday’, una exhibición de arte abierta, gratuita y nocturna por las calles del centro; Charo y Juan, los tíos de Fátima, también vivían allí y nos reencontramos un par de veces entre medio de pura comida mexicana; y hasta Allison, una amiga que conocí en la otra orilla del Pacífico, de la que me enteré a última hora de que volvíamos a estar apenas a 2 km de distancia y con quien visité el Heard Museum, una exposición permanente de cultura, arte y patrimonio histórico de los nativos americanos, su conquista y el camino de su destrucción.

De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona

Las casí dos semanas que allí pasé transcurrieron rápido, me sentía a gusto, cómodo, a veces casi demasiado, y precisamente por eso las ganas de volver a coger la mochila y partir hacia lo desconocido me empujaban cada día con más fuerza. Cada mañana al despertar visualizaba las playas desiertas de la Baja California, las sorpresas que me depararían esos más de 1.500 km en autostop desde Tijuana hasta los Cabos, la compañía del camino y las gentes a quienes aún tenía que encontrar. Y tal y como vine, me fui. Un día inesperado, volví a armar la mochila, dejé una nota de despedida y gratitud y cerré la puerta por fuera, de nuevo camino de México, esta vez para largo.

Pero dos días antes de que eso ocurriera, pudimos organizar una bonita excursión de fin de semana al norte de Arizona, algo para no perderse: las montañas de Sedona y el Grand Canyon. Creo que las imágenes hablan por sí solas…

De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona
De Arizona