h1

Zaijian! Tashi delek!

14 marzo 2010

El Tíbet, una meseta infinita elevada a 4.000 metros sobre el nivel del mar, poblada desde hace más de 30.000 años, se expandió a lo largo de las montañas a golpe de cuchillo hasta el S.VIII, época en la que aparecieron los primeros misioneros budistas llegados desde Nepal e India, que poco a poco se integraron y transformaron en el país más místico del mundo la chamánica sociedad Bön que existía en el momento y que aún perdura. País históricamente cerrado a los extranjeros, que mantenía pequeñas relaciones comerciales con sus vecinos, y que su pequeño ejército de monjes nunca pudo evitar reiteradas invasiones de mongoles, manchús, británicos y chinos; donde hasta mediados del S.XX las únicas ruedas que se usaban eran las que envíaban mantras de oración a los cielos. Donde el poder político y religioso recaía sobre el Panchen Lama y Dalai Lama, reencarnaciones infinitas del Buda Amitabha y del Bodhisattva Chenresig respectivamente, hasta que la humanidad alcance el nirvana…

Cada día iba leyendo más e intentando recopilar más y más información sobre un territorio y una historia que me eran totalmente desconocidos. Pero aún tenía 10 días de larga espera y había que aprovecharlos.
El Emei Shan fue el elegido para empezar esta ruta por Sichuan que injustamente me resultaba más una excusa para hacer tiempo que un interés real en la región.

Emei Shan es una de las cuatro montañas sagradas que hay en China, y entre sus faldas pobladas por selvas tropicales se esconden decenas de templos y monasterios (cientos, antes de que la mayoría fueran arrasados durante los años de la Revolución Cultural), monos que amenazan a los montañeros si no se les paga “una cuota” y un magnífico y místico ambiente de paz y tranquilidad. Y todo esto sería aún mejor si no hubiese que pagar la clásica y abusiva entrada de los Parques Naturales chinos, cuya inversión va mayormente dedicada a someter a la naturaleza en beneficio de la infinita vagancia humana: los caminos que comunicaban los pueblos fueron sustituídos por cientos, miles, millones!! de escaleras que destrozan el paisaje y las rodillas a partes iguales; para evitaresto, paralelamente a las escaleras asciende una carretera hasta el aparcamiento superior – curioso agujero espaciotemporal en el que la paz de los solitarios templos en plena montaña y el silencio de la naturaleza dan paso al Paseo Independencia en plenas Fiestas del Pilar-. De ahí aún quedan 600 metros de ascenso hasta la cima, problema que se atajó con un teleférico y un monorraíl; pero si alguien, mas comprometido con el ecosistema prefiere disfrutar de las vistas a pie de escalera, siempre puede alquilar amables costaleros que le lleven a hombros en una cómoda tumbona ¡No se quede sin su montaña solo por tener unos huevos como el caballo de Espartero, tenemos opciones para todos los gustos y bolsillos! debe comentar el cartel en chino de la entrada…
Desde la cima se pueden contemplar las cuatro maravillas del Monte Emei, estaba totalmente nublado y no vi ninguna, salvo el mar de nubes que tímidamente se apareció durante algunos minutos.

Al bajar del monte, ¡todavía faltaban siete días! Qué largo se estaba haciendo esto… Regresamos a Kangding en un largo bus de montaña, allí nos sorprendió una gra nevada que amenazaba con impedirnos continuar el viaje preparado, e incluso regresar a Chengdu el día esperado.

Con dos palmos de nieve en el suelo, el conductor del autobús con el que habíamos concertado una cita el día anterior para salir a las 8 hacia las altas praderas de Tagong, se lo debió pensar dos veces y nunca apareció por ahí, con lo calentito que se estaba en la cama! los otros conductores a los que preguntábamos señalaban el suelo y decían que de Tagong, ni hablar! Tuvimos la suerte de encontrar al más valiente (la valentía se cotizaba cara ese día) y al llenar la furgoneta engañando a unos cuantos pasajeros más, salimos para allí.

Tagong es una aldea en el área del Kham (como se conocía al Tíbet oriental antes de ser seccionado) en las heladas alturas del altiplano. Es una calle habitada principalmente por monjes y yaks, bajo las altas cumbres que la rodean.

Y aunque se agradecía enormemente la hospitalidad y la tranquilidad que se respiraba en ese lugar, los días empezaban a correr y la carretera consumía la mayor parte del tiempo de este improvisado “road trip”. Así que con escala en el pueblo de Danba, volvimos a Chengdu a tiempo, y esta vez sin correr, para poder estar todos bien puntuales esta tarde en la estación (bien soy consciente de que el destino me debe una venganza y de las gordas tras años y años de llegar corriendo y en el último minuto a estaciones y aeropuertos, pero no será hoy cuando le dé ese gusto).

Y con Chengdu digo adiós a un país del que mucho esperaba y me ofreció más, donde he invertido más de la mitad del tiempo de este viaje y todavía habría podido permanecer mucho más. La inocencia, curiosidad, amabilidad y el cariño de la gente ha sido, con mucho, la experiencia más gratificante; la impotencia de no poder llevar a cabo una comunicación más fluida (qué soberbia! dejémoslo en una comunicación), la más desesperante; la firme esperanza de regresar un día hablando mandarín, la más utópica; la inconsciencia de mandarme todo lo que caía a mi plato, la más osada; la costumbre de ver aparecer tímidamente el sol tras una gran capa de mierda, chimeneas soltando de todo, montones de basura decorando la montaña y el monótono sonido de rasgados de garganta y su consecuente ñardo en todo momento y lugar, la más asquerosa; la diversidad de paisajes y su espectacular belleza, la más impresionante; la sensación de compartir un “cuarto de baño” con otros veinte compañeros que conversan animadamente mientras cada cual evacua lo suyo, la más surrealista… y así podría seguir y seguir. De política no hablo, como veis, porque no estoy en condiciones, porque me ha resultado incomprensible, porque creo que para empezar a entender algo hace falta primero comprender una sociedad tan diferente a la nuestra, por muchas razones sólo añadiré una frase de Sabina: “y en vez de las respuestas que buscaba, un ciclón de preguntas me esperaba”…

¡Os espero en Nepal!

Anuncios

One comment

  1. todavía estoy contigo Adrian, leyendo tu blog de vez en cuando y pensando en ti, mas veces que leyendo tu blog :-); veo que estas donde quieres estar y me parece genial lo que haces. yo tb estoy muy bien, trabajando, pero me gusta mucho- la verdad! Ademas muy ajusto en mi vida generalmente, poco a poco se nota que se hace prmavera en Austria y aprovecho las rayas del sol, el parque y la gente de buen humor cuando hay sol y calorcito.. Te mando un beso fuerte y un abrazo al otro lado del mundo!



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: