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Vuelta a casa

8 septiembre 2011

Vancouver, British Columbia, Canada

-día 691-

Anochece en Vancouver, de nuevo sin una nube en el cielo. La gente camina con prisa por los impolutos barrios pudientes entre las avenidas de Granville y Broadway. Van con prisa porque llegan tarde a yoga, o al gimnasio, o a la cita con sus amigos en una de las agradables terrazas que todavía sobreviven en este atípico mes de septiembre. La mayoría van a casa.

De 23 Canada

También yo puedo decirlo, dos años después puedo pronunciar esas sencillas y comunes tres palabras: “voy a casa”, y ésa es mi intención. No vengo de casa, vengo del barco, cargando de nuevo la inseparable mochila llena de las últimas pertenencias que tenía que recoger, y pesa, tanto que ni siquiera cogí la bici, así que voy directo a la parada del autobús.

La parada está llena, llena de gente que vuelven a sus hogares, ¿por qué? ¿qué pasa en casa? -me pregunto- y me doy cuenta de que nada especial sucede en mi casa, que ni siquiera me espera un panorama cómodo, así que no veo por qué tengo que ir… Mi autobús es el 99, pero llega el 16, y me planteo la siguiente pregunta: ¿qué autobús coger cuando uno no sabe dónde ir? Me subo.

De repente todo cambia y se acelera: las luces de la ciudad que hasta ahora estaban fijas, aparecen y desaparecen a gran velocidad sobre el puente de Burrard, las canciones que en un momento u otro de mi vida fueron ‘importantes’ se suceden una tras otra, las mismas caras que me acompañaron en la parada ahora toman otro color, el color de India, de China, de México, de Thailandia, de Camerún, de Bolivia, de los olvidados Territorios del Norte… siento incertidumbre y felicidad, es la libertad de la inseguridad, es el viaje encapsulado: el viaje dentro del viaje, y mi mochila tampoco quiso dejarme solo esta vez.

El bus nº16 continuó su ruta hacia el Downtown, barrio financiero y casco antiguo. La calle de Hastings, conocida en todo Norteamérica por mostrar mejor que nadie lo que nadie quiere ver, hacía méritos a su fama: un ejército formado por los colectivos más vulnerables de las grandes ciudades había tomado las calles en masa. Las aceras del centro de Vancouver se convertían de noche en un gran campamento sólo comparable con la rivera del Hooghly en Kolkata, salvo por un elemento que resultaría sencilla y cruelmente incomprensible en el Golfo de Bengala: en esta parte del mundo, la mayoría de los acampados, eran rubios. Pero no todos, y para el ojo poco familiarizado que observa tras la ventana del autobús, se podía observar una convivencia y camaradería ejemplar, casi modélica, entre aquellas gentes venidas de todos los rincones del mundo, que luchaban a brazo partido por sobrevivir en estas calles un día más.

Y el Downtown también quedó atrás, la interminable East Hastings atravesó después los barrios de Chinatown, las agitadas calles de Main Street, el ambiente bohemio y desenfadado de Commercial… sin cambiar nunca de dirección; hasta donde se pierden las últimas luces, hasta donde pasan los últimos coches, hasta donde ladran los últimos perros, hasta donde ya no queda nadie más en el autobús nº16.

De 23 Canada
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11 comentarios

  1. Al contrario de lo que siempre se nos había enseñado en “casa”, creo que compartimos que el impacto de volver al “primer mundo” es tanto mayor que el de viajar por el “no desarrollado”.

    Sea como sea, seguro que asentarte un poco para preparar la siguiente batida al planeta no te hace mal.

    Es siempre un placer leerte amigo!

    Seguro que el parar un poco dará lugar a todavía más reflexiones (poca duda tengo de que has tenido ya millones), y por ende geniales entradas como a las que nos acostumbras.

    ¡Un abrazo!


    • Ya echaba yo de menos a mi lector más fiel!
      Sin lugar a dudas, y como le confesaba hace poco a una amiga: tras viajar por todo el mundo, el mayor choque cultural de todos: “el gringo” no deja de resultar curioso, pero probablemente vendrá una entrada sobre eso.
      Por otra parte, el “asentamiento” me está casi costando más esfuerzos que las batidas al planeta, pero espero que dentro de poco sea otra conquista. Gracias por tu seguimiento, prometo constancia a partir de ahora…


  2. GRACIAS POR DEJARME SOÑAR ESTOS CASI DOS AÑOS


    • El placer es mío, especialmente al leer comentarios como este. Y el viaje aún no ha terminado…


      • ¿y que tal si nada más empezó?


  3. pero cuándo vas a volver??? cuando llegues por auí ya tendré dos hijos con media carrera terminada…

    Un abrazo y me alegro de que te vayan bien las cosas por el otro lado del charco


    • Jajaja. Bueno, tengo confianza en que le salgan al padre y todavia se tomen su tiempo en acabar la media que les quede 😉
      q tal todo por alla? un abrazo bien fuerte


  4. Hola Adrián,
    Nunca te habia escrito, pero hoy sentia la necesidad de darte las gracias por tu generosidad durante todo este tiempo, por compartir tus sentimientos, tus experiencias… tu vida! gracias por regalarnos todo eso a cambio de nada.
    Te seguiré leyendo mientras quieras seguir escribiendo para nosotros.
    Enhorabuena! Un abrazo


    • Hola Judith,
      siento el retraso en contestar, (han sido semanas algo complicadas) pero no imaginas como aprecio y agradezco este tipo de comentarios. A cambio de nada?? vosotros le dais al blog la razon de existir.
      Un abrazo fuerte y un placer tenerte entre la familia 🙂
      muchas gracias


  5. Adrián, ya hace tiempo que no disfrutábamos de tus vivencias y la verdad que superan todas mis expectativas y eso que alguna vez tu madre dice que tienes un cierto parecido conmigo.
    Yo he vuelto al trabajo y por tanto a la normalidad y voy a saborear el año que he disfrutado de poder viajar cuando no lo hace todo el mundo y conocer otros países. Aunque eso no quiere decir que deje de viajar, ese sigue siendo mi principal ilusión.
    Juanjo dice que cada vez le gusta más como escribes y ahora acaba de editar su nuevo libro. (El si que tiene tiempo). Un fuerte abrazo y sigue escribiendo para nosotros.
    Isabel Plumed


    • Hola Isabel,
      gracias como siempre por tus comentarios. Me alegra saber que lo has aprovechado como merece y que el espiritu continua mas vivo que nunca si cabe. Tengo muchas ganas de leer los nuevos escritos de Juanjo, se pueden conseguir por internet? te nos animaras tu tambien a escribir sobre tus viajes? 🙂
      Un abrazo y prometo ponerme cuanto antes a recuperar los textos que os debo.



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