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¡Ábrete una puerta!

21 marzo 2011

Las uvas no dan para mucha novedad, así que toca empezar a recuperar el cajón de los recuerdos y publicar algunos textos que os debía

Al sur de Margaret River, Western Australia

-día 525-

Todo empieza con la extensión de la primera falange, manteniendo el resto en hiperflexión, mano derecha, habitualmente. ¡Chas! Se establece la primera comunicación, ahora solo toca esperar…

¿Cómo será esta vez? ¿Esperaré mucho? ¿Será el primero? Mmm… apuesto por el octavo… mira, ahí viene uno, saca tu mejor sonrisa, rrrrrrrrrraunnnnnnnn… ya lo sabía: será el octavo.

Uno tras otro van pasando a mi lado, algunos muy cerca, otros se separan, algunos miran divertidos, otros me ignoran, unos pocos miran con asco, con pena… Éste viene despacio, es el sexto, echa el intermitente izquierdo, se detiene sobre el arcén, baja la ventanilla, y sonríe:

–  Hi mate, where are you going?”

– Karridale,

– Cool, jump in!”

Otra vez funcionó, el amor hacia la persona desconocida de nuevo pudo con el miedo, las ganas de ayudar al prójimo vencieron a la desconfianza. Al llegar a Karridale, Wayne reflexionó, y decidió que no le importaba hacer 50 km de más por ayudar a las dos personas que acababa de conocer; la conversación resultaba interesante y entretenida, y aunque venía de hacer un largo viaje ya sabía lo que le esperaba en su destino: el silencio de una casa vacía y la compañía del televisor. Sin embargo, aunque había vivido más de 30 años en la zona, no sabía lo que había al otro lado de los viñedos.

Ya hemos llegado, estas son nuestras tiendas, ¿nos dejaras al menos invitarte a una cerveza, ¿verdad?, no soy muy sociable -dijo Wayne- ¡pero qué importa, vamos! Y sentados en los sillones con el resto de jornaleros de diferentes países pasaron las horas, entre risas e historias. Ya bien entrada la noche, el amable conductor se despidió, alegre y confuso, ¿qué había pasado? ¿cómo he llegado yo hasta aquí? Sólo me faltaban 10 km para llegar a casa y de repente mi rutina dio paso a un surrealismo extraño y divertido. ¡Adiós, chicos, muchas gracias por todo! Seguramente volveré mañana, pero esta vez dejadme que sea yo quien aporte las cervezas.

Y las luces rojas del coche desaparecieron veloces por la pista de arena que conducía al camino principal.

De abrete puertas

Esta no es más que una de tantas bonitas historias que ocurren tras enseñar el dedo en el arcén de una carretera cualquiera. Nuestro coche había muerto tras una rápida agonía de ruido y humo, a tan sólo 50 km de los viñedos donde supuestamente íbamos a trabajar, justo el día antes de comenzar. Y lo que a priori era una horrible noticia, puesto que sin vehículo estábamos totalmente incomunicados en este desierto de viñas, ese contratiempo favoreció que Ulysses, Xavier y yo, grandes amantes del autostop con miles de kilómetros a lo largo y ancho del planeta y un buen puñado de historias divertidas a nuestras espaldas, desempolváramos nuestros pulgares y recuperásemos esta bella manera de desplazarnos por toda la región.

¿Parasitismo? ¿falta de vergüenza? ¿avaricia? ¿miseria? La opinión pública quizás pueda creerlo así, pero nuestra experiencia lo describe de manera muy diferente: como otra modalidad de viaje sostenible, una sencilla manera de facilitar la comunicación y el conocimiento entre desconocidos, de aprender de los extraños, de creer más en la gente. De darse cuenta de una vez por todas de que el mundo está lleno de buenas personas, aunque cueste, aunque nos bombardeen diariamente con imágenes de horror e historias que generen pánico a lo desconocido. Es una de las lecciones más importantes que el viaje me ha enseñado: que la mayoría de nosotros, en Suiza o en Nepal, en los pueblos de Laos o en el centro de Beijing, tenemos una sana curiosidad de de aprender cosas nuevas, de saber cómo viven las personas que vienen de otros lugares, de compararnos… y de ayudarnos. Es algo innato de la condición humana: todos nos sentimos bien ayudando a otras personas, de la manera que podemos, resulta una agradable y satisfactoria sensación, pero antes hay que luchar contra nuestros miedos y complejos, contra la desconfianza y la inseguridad.

De abrete puertas

Y una de las mejores escuelas especializadas en la materia es el autostop. Un minuto de reflexión me hace sonreir: y recuerdo a los amables camioneros polacos, a los conductores argentinos que querían que les cebase su mate, a los dos amigos malayos que sin decirnos nada se desviaron 200 km de su destino para dejarnos allí donde queríamos ir, o a aquellos otros que en lugar de llevarnos a donde íbamos, dieron media vuelta hacia su casa para hacernos disfrutar de una gran comida familiar; me acuerdo de aquella atípica pareja: él, un ex-vagabundo comunista de la meseta castellana que vivía entre cartones, ella, su mujer, una trabajadora social 20 años más joven, que se enamoró y lo llevo a su casa antes de casarse con el; o de aquel conductor marroquí que en su juventud había viajado siempre en autostop, y ahora, poseedor de un vehículo, recogía a todos los autoestopistas que veía; y ese empresario francés enfundado en un traje conduciendo un coche último modelo que tanto dudó en tomarme o no, y al final resultó tan agradecido; también me acuerdo de un camionero español al que paró la policía cerca de París y tuve que hacer de intérprete consiguiendo que no le multaran, o de un médico que venía de hacer tres días de guardia continua, y que probablemente se hubiese dormido sobre el volante si no le hubiera tomado el relevo en la conducción, o de aquel alemán que terminó tan contento de haber podido practicar su olvidado español durante los últimos 600 km… y de tantos, tantos otros. Y cómo no, me acuerdo del coche-pollo.

De abrete puertas
De abrete puertas

Todos ellos, tan diferentes entre sí, tienen algo en común: quisieron ayudarme, y no sólo eso, tras el trayecto, la gran mayoría quedaron incluso agradecidos y me llovían invitaciones: a comer, a dormir, a viajar de nuevo cuando quisiera, a aceptar un regalo… Nunca podré agradecerles personalmente todo lo que hicieron por mí, pero aún guardo su mensaje y el aprendizaje de tantas horas recorriendo los caminos del mundo.

De abrete puertas

Un buen amigo dice que lo que más le gusta del autostop es que se brinda a la gente una sencilla oportunidad de ayudar a los demás, y es muy cierto, pero sólo es el principio… lo que viene a continuación, lo que ocurre entre las coloridas paredes de chapa cambia cada vez que se salta de un vehículo a otro. Y en cada uno, una historia…

De abrete puertas
De abrete puertas
De abrete puertas
De abrete puertas
De abrete puertas

Una puerta se abre, ¿quieres subir?

De abrete puertas

SEMOS INTERNACIONALES  !!!!
Mi amigo Xavier, con el que viajo desde hace algunas semanas en Western Australia, me pidio el articulo para traducirlo en frances y colgarlo en su propio blog, cosa que evidentemente acepte complacido. Aqui la version francesa:
http://www.tourto.fr/2011/03/pourquoi-lautostop/?lang=fr

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9 comentarios

  1. Suena genial lo del autostop, pero siendo mujer me sigue pareciendo un reto arriesgado. Como soy viajera junior, le daremos tiempo al tiempo!


    • Bueno… el tiempo es importante, todos lo hemos necesitado, y mas importante aun es hacer las cosas con ilusion y sintiendose a gusto. Un beso y disfruta del sureste asiatico!


  2. Ay Adrian… ¡que placer seguir leyéndote!


    • 🙂 Y que placer saber que todavia se me lee desde las islas! Un beso para todxs


  3. Sííí… , yo quiero!
    Y prometo, como tu, cargar mi mochila con kilos de curiosidad y confianza en el ser humano, dejando fuera miedos y prejuicios.
    Un besazo.


    • Que bien! veras como no te decepciona, estoy seguro. Un beso, cuidaos


  4. ¡Cojonuda entrada compañero!

    Como autoestopista, poco tengo que comentar, más que suscribir todo lo que acabo de leerte. Cada coche que para acaba siendo una historia, siempre. Y la sensación de libertad… y el conectar con la gente, y lo que viene después…y… argggg! ¡Qué de instante pasándome por la cabeza!

    Y me encantó recordar el momento en el que Fátima en Birmania hablándome del coche-pollo me hizo recordar tu blog, y preguntando entonces uní los hilos entre ella y tú.

    ¡Un abrazo y a seguir así!


  5. Aqui viene una nueva: he iniciado a Kimmo en el mundo del autostop 🙂


  6. Salut Adrien,
    Nous suivons toujours ton magnifique périple!
    Pour nous s’est terminé depuis 10 jours, mais nous savons qu’il y aura d’autres départs…en famille! Le ventre grossit, le bébé va très bien, nous en sommes déjà au cinquième mois!
    Bonne continuation
    Besos
    Nelly et Paul de Kadidiri



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