h1

Selamat Hari Raya!

16 septiembre 2010

Kuala Lumpur (Malasia)

dia 334-

Este texto fue escrito cierto 11 de septiembre en un tren que atravesaba las selvas de la península malaya. Por complicaciones técnicas no será publicado hasta ahora… qué se le va a hacer si el escritor es así de desastre, esto es lo que hay.

Tras un 31 de diciembre engullendo uvas junto a un buen puñado de chinos en una callejuela de Pekín y una interminable celebración del Año Nuevo Chino que trajo consigo no pocas complicaciones durante esos largos febrero y marzo por el suroeste del país; Malasia -a sabiendas de que me gustaban- me esperaba para celebrar juntos la venida de otro nuevo año, el que llega al final del mes de ayuno del Ramadán: el Hari Raya. Y de reencuentros iba la cosa, porque también allí me esperaba Fátima, a quien volvía a ver para la puesta en común de ocho meses de sendos viajes asiáticos en solitario, y a la búsqueda también de nuevas aventuras malayas.

De selamat hari raya!

Mirando el mapa durante los días previos al reencuentro, parecía de una obviedad insultante: una estrecha península conecta Thailandia con la Malasia continental, y al parecer un tren recorre los 1.000 km desde Bangkok hasta la frontera, ¡vamos allá!

– Un billete para Sungai Kolok, por favor.
– Lo siento, no circulan trenes directamente hasta allí.
– Vaya. Bueno, pues hasta donde circulen…

Ese día iban hasta Hat Yai, encajado en el asiento de mi tren nocturno iba leyendo más sobre las exigencias de independencia de las regiones del sur de Thailandia – mayoritariamente musulmanes, frente a un país budista-, sobre el asesinato sistemático de monjes, la quema de wats y monasterios, las respuestas desproporcionadas por parte del Gobierno, los atentados contra objetivos estratégicos y la guerra de baja intensidad de aquel lejano extremo sur. “Vaya, que poco sabía sobre el tema”, me dormí pensando…

Al despertar supuse que seguía en Thailandia, pero la realidad parecía sugerirme cualquier lugar al azar de Oriente Medio: mezquitas, bigotes, alfombras, velos, burkas… paramos para rezar. Espera, espera, espera, ¿de verdad que esto es Thailandia? Con total fascinación llegué a Hat Yai, aún me quedaban más de 200 Km hasta la frontera, y para llegar a ella, absolutamente todo el mundo me desaconsejaba usar el tren. Pero a esa hora ya no salían buses y un taxi era impensable… “está bien, habrá que ir entonces en tren, seguro que exageran… Anda, ¡qué bien! y sale uno local en 15 minutos”.
Con mis barbas y mi bolsa trepé como uno más por la ventana para hacerme un hueco en aquel sobresaturado banco de madera; ya dentro se empezaba a respirar un aire extraño: una enorme bandera tailandesa mostraba con imágenes lo seguro que era ahora viajar en ese tren, decenas de militares armados y perros patrullaban constantemente todos los vagones haciendo registros y detenciones aleatorias, un helicóptero militar volaba a ras de suelo, y tras los velos se intuían las miradas de tristeza de las víctimas de siempre… Serán los miedos infundados, será el no haber dormido la última noche, pero los jóvenes del fondo están actuando muy raro: están muy nerviosos, sudando, sin quitar ojo de encima a los militares, con disimulo; no hablan entre ellos más que para consultar la hora, hablan por teléfono a escondidas… uno se levanta y un militar sale tras él, los amigos se alteran enormemente… ¿me bajo? Racionaliza, Adrián, racionaliza. Una niña se sienta enfrente de mí y me señala:
– “mira mamá, este señor es muy raro”
Sonrío. – “Salam alaikum”.
La familia me devuelve el gesto, la niña no me quita ojo de encima durante todo el trayecto; yo sólo sonrío, a esta y a otras miradas curiosas; nadie habla inglés aquí y soy el único extranjero en el tren…

Era otra vez de noche cuando llegué a Sungai Kolok, ¡qué día más raro…!
– ¿Qué? ¿La frontera sigue abierta a estas horas? Estoy inquieto, sin motivo, pero creo que me voy a dormir a Malasia… Había calculado mal el tiempo, muy mal; a esas horas ya debería estar en las islas Perenthian, Fátima me estaba esperando y yo sólo había conseguido llegar a un diminuto pueblo fronterizo… probaría a seguir adelante.

– Ehhh, perdonen, ¿para ir a Kota Bharu?
– Uhhh, muy tarde, amigo, sólo taxis, y a esta hora no creo que puedas compartirlo…
– ¿Sólo taxis? ¿No bus?
– Puedes probar con los nocturnos que van a Kuala Lumpur, por una propina igual el conductor te mete a escondidas.
– No me metieron, al menos por la propina que les daba…
El autostop tampoco funcionó, nadie iba a Kota Bharu, y al empleado de la gasolinera donde me apalanqué dejé de resultarle gracioso al cabo de una hora de “molestar” a sus clientes.

De selamat hari raya!

“Ale, pues me quedo aquí, ¿alguna pensión barata?” En ese momento descubrí la cruda realidad: Malasia es el lugar más caro (Singapur no cuenta, que es muy pequeñito para esta estadística) para dormir de todo el Sureste Asiático; si además estás sólo, el precio se multiplica… ¿Por qué cruzaría? ¿Y si me vuelvo a Thailandia y cruzo de nuevo mañana? Lo pensaré con un arroz…
No volví, un tipo me llevó a casa de un amigo que “por ser yo, me hacía precio especial” ¡qué afortunado!. Al día siguiente llegué a las Perenthian, como las personas civilizadas: en bus local y en barco. De repente todo se hizo muy sencillo: dormitorios compartidos y buffet libre (que no me venía nada mal), internet y playas desiertas, selvas y snorkel…

De selamat hari raya!

Los días desfilaban como los platos de comida, sin darme cuenta; dedicado con esfuerzo a observar entusiasmado lo que no se ve debajo del agua: arrecifes de coral, cientos de peces tropicales diferentes, nadar junto a tortugas gigantes y tiburones a sólo unas decenas de metros de la playa… un nuevo mundo de formas y colores se abría ante mí, ¡y aún quedan en el sureste asiático muchas islas que visitar!

De selamat hari raya!

Cada día, al ponerse el sol sobre el horizonte, las mesas rebosaban de comida y el cielo se llenaba de fuegos artificiales: “¡SELAMAT HARI RAYA!” El Ramadán llegaba a su fin, ¡y llegó! justo en el día que decidimos abandonar las islas…

De selamat hari raya!

– My friend, no bus to Kota Bharu, Hari Raya, Hari Raya, only taxi!
– ¡y dale con los taxis! ¿qué pasa con Kota Bharu? ¡que no!

De selamat hari raya!

Ahora estaba con Fátima y podíamos usar nuestro transporte favorito: ¡el dedo! Cinco minutos más tarde íbamos en un coche dejando atrás a todos los taxistas aprovechados que querían hacerse el agosto. Pero aún fue mejor: nuestro amigo no fue directamente a Kota Bharu, sino a casa de su familia para presentarnos y darnos (aún más) comida. Sólo entendíamos “español” y “hari raya”, pero comimos y bebimos como si justo después nos fueran a ejecutar. La familia salió a despedirnos, nos hizo fotos, nos invitó a venir al año siguiente y volvimos al coche.

De selamat hari raya!

Al llegar al fin a Wakaf Bharu era un pueblo fantasma, un coche derrumbó un poste de la luz y todos los puestitos de detrás dejando al pueblo a oscuras… allí compramos el billete para este tren a través de la selva desde donde estoy escribiendo… ¡Anda, mira, mi parada! y yo con estos pelos.

Intentando enmendar la demora, este post viene con regalo, aquí va un extracto de mi cuaderno de la noche que pasamos en un punto de observación en el medio de la selva:


En algún lugar de Taman Negara…
12 de septiembre -día 330-

Noche en la jungla

“Todavía se oye gotear en el tejadillo, los pájaros nunca dejaron de píar ni los insectos de canturrear; de vez en cuando un murciélago o un ave cruzan la caseta o un fuerte y misterioso ruido hace saltar todas nuestras alarmas… Y es que estamos indefensos en su territorio, cubiertos por cuatro paredes y medias ventanas que nos otorgan una falsa sensación de seguridad. Esto es Taman Negara: la jungla más antigua del planeta.

De selamat hari raya!
De selamat hari raya!
De selamat hari raya!

Encontramos el refugio, nuestra meta y la única posible en ese salvaje lugar, ya entrada la noche, bajo una repentina tormenta. Lo primero era quitarnos las sanguijuelas de las piernas, que se estaban pegando su buffet, el fuego no les hacía ningún bien y saltaban soltando un chorro de sangre. Lo segundo era buscar agua, afortunadamente seguía lloviendo fuerte: una botella rajada solucionaría el problema (que se note que fuimos scouts!), una fría cena a base de latas que cargábamos desde Jerantut anticiparía una de las noches más emocionantes del viaje…

De selamat hari raya!

Por la mañana...

De selamat hari raya!

Desde la ventana de casa

De selamat hari raya!

De selamat hari raya!
De selamat hari raya!
De selamat hari raya!
De selamat hari raya!

Del trayecto hasta aquí subiendo y bajando pendientes embarradas, siguiendo el curso del río, destaco cuando al subir una colina llegamos a una aldea fuera del tiempo y de nuestro mundo: en un claro de la selva había unas cabañas de paja y alrededor varios niños, hombres y mujeres que no nos quitaban ojo de encima, sin esbozar una sonrisa. Parecían los pobladores originarios de aquellas tierras (después me confirmaron que lo eran), antiguos como la selva: piel totalmente negra y cabellos a lo afro, ¿cuánto tiempo llevaban esas familias viviendo allí? ¿a qué se dedicaban? esos dignos hombres y mujeres habían decidido permanecer allí con el único modo de vida que concebían al margen del “desarrollo” del área. Nos habríamos quedado allí el tiempo que hiciera falta, aprendiendo, pero hay veces que creo que es mejor no interferir y dejar las cosas tal y como están […]”

Y como promoción especial, un adelanto al siguiente país del que leeréis:

sí, amigos, al final me decidí: Birmania será el próximo e inminente destino. Tramitando en la actualidad el visado en Kuala Lumpur, y previo paso por Singapur, la salida está programada para el próximio 23 de septiembre, 28 días en uno de los lugares más delicados y entrañables de la Tierra… ¡sigan atentos a sus pantallas!

De selamat hari raya!

Me despido con un interesante recordatorio que enseñan los trenes malayos, por si alguien todavía anda un poco perdido…

ASÍ SÍ

ASÍ NO

De selamat hari raya!

Anuncios

4 comentarios

  1. amoooor qué entrañable leer esos nombres conocidos,y ver fotos que un día tuve frente a mis ojos. Tan sólo hace unos pocos meses que volvimos y ya mis recuerdos son casi un sueño. Os veo y extraño esa vida. Me encanta que sigais adelante con todas vuestras aventuras, a pesar de que el cansancio a veces pese… Seguimos en contacto! Os quiero mucho chicos. BESICOS.ESTHER


  2. Que lindo el reencuentro! Veo que te volviste un buen tipo permanentemente… Me gusta che. FALPFBAT ha logrado su cometido.
    besos para ambos. Pasenla hermoso!


  3. ¡Esa hinchada! Cómo me gustáis, equipo fiel.
    Es muy tierno el pisar lugares por los que amigos han pasado previamente, desde que pisé India no pude quitarme esa sensación, como además solemos ir a los mismos lugares, o similares, es curioso imaginaos allí en otro tiempo.
    FALPFBAT no lo ha estado haciendo mal, pero fracasó las horas previas a la visita a la embajada birmana. Ya embarcaste?quiero crónicas


  4. Conmigo no te la has jugado verdad? Directamente has escrito tu la entrada, jajajaj, si segnor, chico listo, porque como la ponga a la cola de las mias…
    Por cierto, ya he conseguido otro cargador, no te lo pierdas que esta es buena: regateando!! Jjajaja, no me he podido quitar la costumbre, creo que los australianos terminaran por echarme…en fin, bonita entrada 🙂 Niki esta muy contenta tb por el reencuentro. Un besazo y animo con esa Birmania que tanto carigno le tengo (no olvides el relec, pero el sino es el sino amigo)



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: