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Postal de Calcuta

5 junio 2010

Amristar, frontera indio-pakistani (Punjab, India)

-dia 231-

Y llega con más de una semana de retraso… cómo está de mal el correo últimamente…

Calcuta (ahora Kolkata) es un estallido para todos los sentidos: secuestra la vista desde las afueras de la ciudad y la libera sólo cuando el tren se aleja de la estación de Howrah; los pitos del intenso tráfico se entremezclan con las risas de los niños que juegan en la calle y la música a todo volumen de los templos; el olfato es atacado constantemente y sin piedad, ya sea por los montones de basura o el aceite refrito de los puestos de comida callejera, por las aguas putrefactas o el frescor de los numerosos parques y jardines, cada esquina es un fuerte olor, todos distintos, luchando entre ellos por imponerse en el siguiente paso que uno da, todos formando parte de este todo… las protagonistas indiscutibles del gusto son evidentemente las especias, picantes a rabiar, pero también el coco, la papaya y todas las frutas tropicales que se venden en la calle, así como los deliciosos dulces tropicales de la cocina bengalí, siempre acompañados de un lassi o un té (de Darjeeling a poder ser). Y el tacto, pobre, en esta mala época nada puede sentir, nada más que el sudor constante del abrasador verano de Calcuta.

Pero esta ciudad tan sentida, de 15 millones de habitantes, no siempre ha sido así. Sus orígenes –según me contaron- se remontan a los tiempos en que Shiva, llevando a hombros el cadáver de su esposa Sati calcinada, iba destruyéndolo todo a su paso; Vishnu fue llamado para detener el caos, despedazó el cadáver de Sati en 51 pedacitos (debio suponer que asi se calmaria… psicologia india) y el dedo del pie fue a caer donde después se fundó la ciudad de Kalikata (lugar de la diosa Kali la terrible). Este pequeño pueblo de pescadores de Bengala estaba lejos de saber que unos pocos años (y unos cuantos palos también) después, se convertiría en la capital del área conquistada por la Compañía Británica de las Indias Orientales -que posteriormente se expandio al resto de India-, en la segunda mayor ciudad del Imperio tras Londres y en el principal puerto comercial en el Indico. Y además de más de tres siglos de un curso de racismo aplicado y la sumisión de un pueblo, la colonización británica dejó como legado una ciudad plagada de edificios coloniales, grandes parques y zonas verdes y una magnífica red ferroviaria (cuya burocracia extrema para poder acceder a ella y acabar con el billete deseado en la mano suele hacer acabarse la paciencia del más pachorrón, como el que esto escribe). Tras la alegría de la independencia del subcontinente en 1947 llegaron las atrocidades y los genocidios étnico-religiosos sucedidos durante la particion, “reubicando” a una gran parte de población hindu en una nueva y reducida India y a musulmanes en Pakistán, provocando 10 millones de desplazados y refugiados, medio millón de muertos, un conflicto de Cachemira todavía sin resolver y una violencia y odio todavia vigentes, siempre con la firme oposición e impotente observación de un importante movimiento gandiano. Y aún había más, como era previsible, 25 años más tarde Pakistán Oriental declaró su independencia y adoptó el nombre de Bangladesh, con más guerras, más muertes y más odio. Todos estos hechos que modificaron considerablemente la historia reciente de un pueblo, afectaron terriblemente, entre otros lugares, a la ciudad de Calcuta, que de un día para otro perdió toda su área rural, y se vio obligada a acoger a una oleada de varios millones de refugiados del vecino Bangladesh, otros tantos del empobrecido Estado de Bihar, y teniendo en cuenta la cantidad de desastres naturales que azotan Bengala Occidental (tifones, tsunamis, sequias, monzones devastadores…), cada agno los paisanos que habian quedado arruinados, emprendian con lo puesto, el camino hacia su capital, la ciudad de las oportunidades. Saliendo adelante pese a todas estas dificultades, y siendo punto de referencia cultural en India, dicen que Calcuta es la ciudad con mayor capacidad de adaptacion del mundo… y yo me lo creo.

Caaaaaaaambio de ordenador (continuo dos semanas mas tarde de haber escrito lo anterior, y ahora sin ortografia… a alguien le sobra un portatil???)

Mi descubrimiento de Calcuta empezaba por el Templo de Kali -centro del hinduismo en la ciudad-. Como todos los dias, una familia queria pedir perdon por sus pecados y reconciliarse con la terrible diosa, y yo alli, en medio de la multitud, viendo como bagnaban una cabra negra, la decoraban con flores, con perfumes, y una muchedumbre fuera de si llevaba a un animal temblando hasta los pies de la diosa, al estruendoso redoblar de los tambores; uno segundos deswpues una katana cortaba de un golpe seco el cuello de la bestia, la percusion se callo y la gente se avalanzaba enloquecida para tocar la sangre que brotaba del ahora sagrado animal y pintarse su tika, y pintarselo a sus hijos… Welcome to India! La visita al templo proseguia, descalzo, sobre un suelo llenisimo de mierda, me presentaba ante Kali y el resto del panteon hindu, y en seguida llevaba puesta una guirnalda de flores y unos brazaletes que tenia que ofertar a los dioses y al arbol de la fertilidad (y mira que gaste esfuerzos en decirle al brahman que yo con ese arbol, al menos por ahora, no queria tener nada que ver, que pa’ que presentarse… y ni por esas!). El show termino purificando mis pies en un estanque lleno de agua del Ganges (su color verde denotaba que ese agua debia estar alli almacenada desde que el Ganges es Ganges, y comprendi claramente su sobrenombre de “fuente de vida”; vida humana, unicelular y pluricelular luchaban a brazo partido por su racion de agua). Afuera, la locura: cientos de mujeres y nignas se lanzaban continuamente al suelo mientras los hombres les remojaban con agua sagrada, y de pie otra vez… asi continuamente hasta el Templo de Lakshmi -esposa de Vishnu, diosa de la prosperidad-.

En una esquina de la calle, junto al templo, en un discreto edificio destacaba un crucifijo en el tejado, en la fachada ponia “Nirmal Hriday”, y era el local donde empezo su labor de dar muerte digna a los moribundos Teresa de Calcuta. Por mi parte, habria seguido a la masa enloquecida hasta el Templo de Lakshmi y hasta donde hiciera falta, era imposible no apartar los ojos de aquello; pero de repente se hizo de noche a las 12 del mediodia y un viento fuerte desalojo la calle: era Laila quien llegaba! El tifon del que hablaban los periodicos y cuya influencia nos regalaba cielos cubiertos y temperaturas agradables habia alcanzado, por fin, las tierras del Golfo de Bengala. Imposible hacer nada, en diez minutos Calcuta estaba inundada…

En Calcuta, mas que en ningun otro sitio, la calle es de la gente y en ella viven como de su propia casa se tratara (muchos en sentido literal): la gente camina descalza, semidesnuda, alli se trabaja, se corta el pelo y afeita, se cose y se escribe a maquina, se cocina todo tipo de comida, para consumo familiar y/o para vender… las fuentes son bagnos publicos y en cada cagno de agua hay gente lavandose; familias enteras acampan en las aceras con sus escasas pertenencias y cientos de personas yacen por los suelos importandole a la masa muy poco si duermen, estan enfermos o muertos.

Y como me fascinaban las calles de Calcuta, iba a todos los sitios caminando; eso fue la causa de que me perdiese innumerables veces, y en consecuencia, que visitase aproximadamente la mitad de los sitios que tenia pensado visitar, pero tambien de haber visitado muchos otros lugares que no salen en ningun mapa, lugares poco importantes para arquitectos o historiadores, donde la gente saluda sonriendo y los nignos corren dando la mano, donde pocas veces camina un guiri… Y entre todas esas experiencias, me resulta impactante recordar la vez en que los desquiciados y desorganizados caminos me llevaron a un puente bajo la autopista, un descampado aislado en el que ardian hogueras y familias cocinaban y malvivian bajo el techo de hormigon; en Buenos Aires, Milan o Zaragoza creo que nunca me habria atrevido a pasar solo por un sitio asi, pero Calcuta es diferente y lo sabia, y la gente me saludaba cordialmente cuando pasaba; es la idiosincrasia del pueblo indio fuertemente influenciada por su religion: la sociedad de castas, la vida que a cada uno le toca vivir, la ascension en la rueda de las reencarnaciones si se mejora el karma… algo incomprensible para nuestros ojos occidentales.

Y a estos mismos ojos lo que mas suele dolerles al llegar a este pais, y sobre todo a las grandes ciudades, es el violento contraste que pacificamente convive en sus calles: coches de ultima gama, taxis, bicicletas, rickshaws, carros, caballos y tana rickshaws (ultima ciudad del mundo donde subsiste esta forma de esclavitud) estan parados en el mismo semaforo, ultramodernos centros comerciales dan sombra a los que duermen bajo su porche, conocidos bancos y multinacionales anuncian en apetecibles carteles sus exclusivas publicidades accesibles solo para la elite, enfermos y tullidos viven a la espera fuera de toda lista de espera de los punteros hospitales a los que nunca podran entrar… esto es Calcuta y mucho mas, y creo que ni en una semana ni en una vida se la puede comprender, uno solo puede subirse a su frenetico tren de vida, impregnarse de su capacidad de adaptacion y supervivencia y dejarse llevar y sognar…

(si, eso es un tana rickshaw, ahi se sientan personas)
Jardin botanico
Aunque parezca mentira, entre estas dos fotos, apenas hay 200 metros de distancia
Mercado de las flores

Por mi parte, entre esto y lo otro tambien hubo bellisimos atardeceres a los pies del Victoria’s Memorial, exposiciones de arte contemporaneo, charradas con este y con el otro, que no entendian por que estaba viajando solo y tanto tiempo, conciertos al aire libre en sus magnificos parques y, por supuesto, la asistencia al ultimo estreno de Bollywood! donde me parecio que el espectaculo estaba mas presente en los anfiteatros del cine donde la gente aplaudia, gritaba, cantaba… al ritmo de la pelicula, que en la pelicula en si.

El tiempo se me acababa… habria podido quedarme mucho mas, pero mi tiempo en India es limitado y unos amigos me esperaban en Varanasi. Asi que, de nuevo en medio de otra tormenta tropical fui para la estacion… via 14, vagon numero 4, asiento 53. Adios Calcuta!

Pensabais que todo acababa aqui?? Yo tambien! En la estacion me comunicaron que debido al tifon, mi tren saldria con unas 18 horas de retraso… vale, no queria volver hasta el centro y la estacion de Howrah, la mas grande de Asia, me cautivaba con su ir y venir de masas, queria quedarme en el barrio. Pregunte a un amigo que me “habia adoptado” en el bus viniendo para la estacion y que no dejaba de invitarme a dulces y zumos de fruta donde podria dormir barato en el barrio, este a su vez le pregunto a un grupo de vagabundos, y acto seguido caminabamos los tres (vagabundo, adoptador y adoptado) hacia yo no sabia donde… El lugar en cuestion resulto ser un albergue para sikhs (ya sabeis, los del turbante, barba y espada) que por lo visto tienen una red de alojamiento por todo el pais. Me miraron raro al principio pero me aceptaron, yo tambien me decidi por el si, podria ser interesante; y cinco minutos despues mi mochilon compartia alfombra con otros 80 sikhs viajeros. Un cartel gigante anunciaba que estaban prohibidas actividades como jugar a las cartas (con Enrique tan lejos no sabria como, y ninguno tenia pinta de dominar el guignote), afeitarse de cualquier manera (ningun problema!) y durante la inscripcion tuve que vergonzosamente responder un si! rotundo a la pregunta de si era vegetariano (quiero aprovechar para pedir perdon a todos mis amigos de pancetadas, a los bocadillos de lomo con pimientos y a mis compagneros de alfombra). Sobra decir que fui el espectaculo aquella noche, todas las miradas estaban puestas en el que no llevaba turbante (aunque la barba podria colar) y en cuanto me sente a charlar con uno, en seguida se monto el corrillo del after-hour en un rincon de la alfombra. Un altavoz recitaba los textos del libro sagrado de los sikhs, la musica de la boda de enfrente se oyo durante toda la noche y las vacas eran entonces las duegnas indiscutibles de la calle.

Mi habitacion, foto discretita, que no se note...

Si, Calcuta quiso despedirse a lo grande, gracias!!

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One comment

  1. Que grande, yo tambien quiero ir alli!! Ayer me pudo la ansia y tras semanas de verduritas me jale un muslito de pollo 😦 ays, que debil es la carne, nunca mejor dicho, jajajaja, lo del retiro para meditacion sigue en pie 🙂 Saludos desde Chiang Mai!



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